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Salud

Chemsex sin juicio: soledad, reducción de riesgos y dónde pedir ayuda, leído con «Un invitado VIP cortando cebolla» y otras letras del Planeta Gayfolk

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Portada de «Un Invitado VIP Cortando Cebolla», canción de Mike Sain't Louis

Hay una excusa que casi todo el mundo ha usado alguna vez. Alguien te ve con los ojos rojos y dices que es la cebolla. Que acabas de hacer una ensalada. Que no pasa nada. «Un invitado VIP cortando cebolla», del primer álbum de la trilogía GAYFOLK, convierte esa mentira pequeña en el estribillo de una canción sobre la soledad, la recaída y una de las realidades de las que menos se habla con calma dentro del colectivo: el chemsex.

Este texto no viene a escandalizarse ni a sermonear. Viene a ordenar lo que se sabe, a desmontar un par de tópicos y a dejar a mano los recursos que existen. Lo hace junto al catálogo de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño que hace su música con herramientas de inteligencia artificial, y cuyos personajes, conviene recordarlo, son inventados: el narrador de la canción no es una confesión, es un retrato. Las citas se copian del archivo de letras tal como están publicadas.

La vuelta a los infiernos

La canción empieza en un lugar muy oscuro:

Esta maldita y oscura soledad

Y explica de dónde viene esa oscuridad con una imagen que tiene algo de cuento:

Hoy es mi vuelta a los infiernoooooooos Después de cuatro años como invitado Vip en el cielo

Cuatro años en el cielo. Una relación que fue, durante un tiempo, el lugar donde todo estaba bien. Y luego la expulsión, la ausencia, la indiferencia del otro. El narrador vuelve a sitios y costumbres que había dejado atrás. No es la historia de alguien que busca fiesta: es la de alguien que busca no sentir.

Una palabra en mitad del estribillo

Y entonces aparece, alargada como un grito, la palabra:

Y otra vez voy de Chemseeeex Para haber si por fin me olvido de mi ex

Pocas canciones en castellano nombran el chemsex así, sin rodeos y sin moraleja. La rima es casi infantil, ex con chemsex, y precisamente por eso duele. El narrador no presume ni se arrepiente en público. Explica el motivo con una sinceridad que muchos informes técnicos confirman: se consume para olvidar. Para tapar un hueco.

El diario ya leyó esta canción en una nota sobre la recaída y las lágrimas. Aquí la usamos como puerta de entrada a un asunto de salud pública que merece datos, no titulares.

Qué es y qué no es el chemsex

En 2020, la Secretaría del Plan Nacional sobre el Sida del Ministerio de Sanidad publicó un documento técnico titulado «Abordaje del fenómeno del chemsex». Recoge una definición que se usa mucho en España: el uso intencionado de drogas para tener relaciones sexuales durante un periodo largo de tiempo, que puede ir de varias horas a varios días.

El mismo documento hace una precisión importante: no todo consumo de drogas en un contexto sexual es chemsex. El término describe un fenómeno concreto ligado a la cultura sexual de los hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres, con sus espacios, sus aplicaciones de contactos y sus códigos. Según el texto, suele ocurrir en casas particulares, pero también en saunas, clubes de sexo, hoteles y zonas de cruising, y es más frecuente en grandes ciudades como Madrid y Barcelona y en destinos turísticos populares entre el público gay.

El elemento clave, dice el documento, es el tiempo. Cuanto más dura una sesión, más se acumulan los riesgos.

Lo que dicen los números

La fuente más citada en España es la encuesta europea EMIS-2017, un cuestionario online para hombres que tienen sexo con hombres que en España coordinó el Centre d'Estudis Epidemiològics sobre les ITS i Sida de Catalunya, con la colaboración de la ONG Stop Sida, el Plan Nacional sobre el Sida y el Centro Nacional de Epidemiología. Participaron más de diez mil hombres residentes en el país.

Fotogramas del videoclip oficial de «Un invitado VIP cortando cebolla», de Mike Sain't Louis
  • El 14,1 % dijo haber usado drogas estimulantes para que el sexo fuera más intenso o durara más en los últimos doce meses.
  • El 7,6 % lo había hecho en las últimas cuatro semanas.
  • Entre quienes habían tenido sexo en grupo con consumo, el encuentro más reciente había sido sobre todo en una casa privada (68,4 %) o en un local comercial de sexo (24,5 %).
  • El consumo con fines sexuales era más frecuente en hombres con VIH, en nacidos fuera de España y en quienes vivían en ciudades de más de medio millón de habitantes.

El informe nacional añade que España aparece como uno de los países europeos con mayor prevalencia de chemsex. Y el documento del Ministerio apunta que, según las evidencias disponibles, alrededor de tres de cada diez pacientes atendidos en consultas de VIH en España han practicado chemsex.

Una fiesta que viaja con el móvil

El documento de Sanidad dedica un apartado a algo que ayuda a entender por qué España aparece tan arriba en las estadísticas europeas. El país es uno de los grandes destinos del turismo gay del mundo, con fiestas y festivales que reúnen a decenas de miles de personas y empresas que organizan giras por medio planeta. El texto menciona, por ejemplo, que algunas aplicaciones de contactos permiten anunciar los viajes que el usuario tiene previstos, consultar un calendario de eventos internacionales y ver los perfiles de quienes ya han confirmado que irán.

La consecuencia, según el documento, es que el chemsex en España incluye tanto a quienes viven aquí como a quienes visitan el país, y que el colectivo gay del país está muy expuesto a tendencias internacionales de consumo y de conducta sexual.

Hay otra lectura, más íntima. El móvil ha convertido la casa en club. Una sesión se puede organizar desde el sofá, con unos cuantos mensajes, a cualquier hora y sin salir del barrio. Eso tiene una parte de libertad y otra de trampa: la puerta que se abre con un mensaje también se abre cuando uno está más solo, más triste o más cansado. Las apps no inventaron la soledad, pero le han dado un botón.

Leer el dato sin estigma

Esas cifras hay que leerlas con cuidado, en dos direcciones.

La primera: EMIS es una encuesta online reclutada sobre todo en aplicaciones y webs de contactos gais. Quien la responde no representa a todos los hombres gais y bisexuales de España, sino a los que usan esos espacios. Es una buena foto de una parte, no un censo.

La segunda, más importante: que el 14,1 % haya usado drogas con fines sexuales en un año significa que la inmensa mayoría no lo ha hecho. El chemsex existe, preocupa y hace daño a muchas personas, pero no define al colectivo. Durante décadas se ha asociado a los hombres gais con el vicio, la enfermedad y el exceso, y ese prejuicio es en sí mismo una de las causas del problema. Hablar de chemsex sin estigma exige sostener las dos ideas a la vez: es serio, y no es «lo que hacen los gais».

Por qué tanta gente busca no sentir

El documento del Ministerio recoge algo que la canción dice con lágrimas. Según los estudios que revisa, muchos participantes identifican el chemsex como una vía de escape de situaciones personales difíciles o dolorosas. Algunos lo describen como una forma de manejar conflictos internos por su homosexualidad, el estigma asociado al VIH, la angustia, o el sentimiento de soledad no deseada, que el texto califica de «muy habitual en este colectivo».

Es decir: detrás de muchas sesiones no hay solo deseo. Hay una herida. Hay hombres que crecieron escondiendo quiénes eran y que aprendieron a vivir la sexualidad a oscuras y con prisa. Hay quienes nunca tuvieron una relación pública y encontraron en la química una intimidad sin miedo, aunque sea prestada. Hay quien, como el narrador de la canción, acaba de perder a alguien y no soporta el silencio de la casa.

Por eso el abordaje que propone Sanidad no empieza por las sustancias, sino por la persona. Cualquier respuesta que solo hable de drogas y no de soledad, de estigma o de salud mental se queda a medias.

Esto tiene una consecuencia práctica para cualquiera que quiera ayudar. Preguntar «¿qué tomas?» informa poco. Preguntar «¿cómo estás cuando no estás en una sesión?» abre una conversación de verdad. La sustancia es el síntoma visible; lo que hay debajo suele ser más antiguo y más tierno: el miedo a no gustar, la costumbre de esconderse, la falta de un sitio donde sentirse en casa sin tener que estar colocado.

«Yo el único idiota»

La canción tiene un pasaje que explica la presión del entorno mejor que muchos estudios:

Mike Sain't Louis en un callejón nocturno con espejos de feria y un planeta magenta, con el verso «Mariposas en un cuaderno encerrado en mi cuarto» de «Un invitado VIP cortando cebolla»

Y para no parecer Yo el único idiota

El narrador no quiere quedarse fuera. No quiere ser el que no participa, el que se queda en casa. El propio documento técnico menciona que en ocasiones se habla de cierta presión de grupo, cuando se percibe que la mayoría de quienes están alrededor consume o cuenta experiencias positivas con drogas.

Y hay una imagen de enorme ternura, justo en mitad de la crudeza:

Mariposas en un cuaderno encerrado en mi cuarto

Pintar mariposas en un cuaderno, solo, en invierno. Lo contrario de la sesión. La canción enseña los dos mundos del narrador: el de la sauna y el del cuarto con el cuaderno. Uno grita para no oír al otro. Esa tensión entre la intimidad tranquila que se desea y el ruido que se busca para no sentirla está en el centro de muchas historias de chemsex.

Los riesgos que nombra Sanidad

El documento del Ministerio enumera los daños que pueden tener las prácticas intensivas y continuadas de chemsex. Conviene conocerlos sin dramatizar y sin quitarles peso:

  • Salud sexual: mayor riesgo de adquirir y transmitir el VIH y otras infecciones de transmisión sexual. En hombres con VIH, el texto señala una elevada incidencia de reinfección por hepatitis C.
  • Consumo problemático y adicción.
  • Salud mental: ansiedad, depresión, episodios psicóticos y conducta suicida, observados con más frecuencia en quienes se inyectan, una práctica conocida como slamming que el documento señala como de mayor riesgo.
  • Sobredosis, a las que en este contexto se llama «doblar».
  • Interacciones entre algunos fármacos antirretrovirales para el VIH y algunas drogas.
  • Vida cotidiana: deterioro físico, pérdida de rendimiento en el trabajo o los estudios, y deterioro de las redes de amistad y apoyo.

Este último punto es el más silencioso y quizá el más grave. El chemsex que empieza para huir de la soledad puede terminar produciendo más soledad.

Reducir daños sin dar lecciones

Este texto no va a explicar cómo consumir. Pero sí puede recoger el enfoque que defienden los servicios sanitarios y comunitarios: la atención debe ser integral, personalizada, sin juicio moral, e incluir tanto la abstinencia como la reducción de riesgos. El punto de partida son las necesidades que la propia persona percibe.

En la práctica, hay ideas básicas que salvan vidas y que no exigen dejar de hacer nada:

  • No consumir solo y que alguien de confianza sepa dónde estás.
  • Cuidar la salud sexual: hacerse pruebas de VIH e ITS con regularidad y preguntar en el centro de salud o en una ONG por la PrEP, que el sistema público ofrece a personas con mayor exposición al VIH.
  • Si tienes VIH, contárselo a tu médico para revisar posibles interacciones con tu tratamiento. Tu consulta de VIH no está para juzgarte.
  • Si alguien pierde el conocimiento, llamar al 112 sin esperar, no dejarle solo, colocarle de lado si respira y decir a los sanitarios qué ha tomado.
  • Tomarse en serio el bajón de los días siguientes. La tristeza que llega después puede ser muy intensa y no es un fracaso personal.

El consentimiento también se cuida

«Garrafón de China», del segundo álbum, no habla de chemsex, sino de una resaca de alcohol barato. Pero tiene un verso que obliga a detenerse:

Collage con un detalle de la carátula de «Un invitado VIP cortando cebolla» y las carátulas de «Garrafón de China», «Buscando el Polvo Perfecto»

No recuerdo como llegó este tío a mi cama

La canción lo cuenta en clave de comedia, con el extraño en la cocina y el camión que le ha pasado por encima al narrador. El diario la leyó como resaca convertida en género. Pero ese verso, sacado de la canción, plantea una pregunta seria: si alguien no recuerda cómo llegó una persona a su cama, ¿pudo consentir?

En cualquier contexto con alcohol o drogas, el consentimiento necesita capacidad para darlo, y se puede retirar en cualquier momento. Nadie que esté inconsciente o muy afectado puede consentir. Si crees que alguien se aprovechó de ti en esas condiciones, no es culpa tuya por haber bebido o consumido. Puedes acudir a urgencias de un hospital, llamar al 112 y pedir apoyo a una ONG LGTBI. Servicios como el de la ONG Stop también atienden la violencia sexual entre hombres.

Lo que no ayuda

Si algo repiten los profesionales que trabajan con chemsex es que la vergüenza empeora las cosas. Hay respuestas que, con la mejor intención o con la peor, alejan a la gente de la ayuda:

  • El sermón. Convertir la conversación en un juicio sobre la vida sexual de alguien garantiza que no vuelva a contarte nada.
  • El chiste. Las bromas sobre «los gais y sus fiestas» en redes, en la tele o en el grupo de amigos alimentan el estereotipo y hacen más difícil reconocer que uno tiene un problema.
  • El escándalo mediático. Las noticias que tratan el chemsex como morbo, con fotos de jeringuillas y titulares de alarma, informan poco y estigmatizan mucho.
  • El ultimátum. «O lo dejas o me voy» puede ser necesario en algún momento para cuidarse, pero rara vez funciona como primera conversación.
  • Sacar a alguien del armario. Contar a su familia o a su trabajo lo que hace, con la excusa de ayudarle, rompe la confianza y puede ponerle en peligro.

Qué servicios atienden en España

En los últimos años han surgido servicios específicos, muchos de ellos comunitarios, es decir, llevados por profesionales que pertenecen al propio colectivo:

  • ChemSex Support, de la ONG Stop, que funciona desde 2015. Ofrece atención psicológica y social anónima, confidencial y gratuita, presencial o por videoconferencia. En su web lo resumen así: no es necesario dejar de consumir ni es necesariamente el objetivo; el objetivo lo marca la persona. Tiene sede en Barcelona (934 52 24 35) y en Sevilla (955 12 05 43), y para el resto del país da cita por WhatsApp o Telegram en el 636 338 678.
  • CESIDA, la coordinadora estatal de VIH y sida, reúne en su web un directorio de servicios chemsex de sus entidades, entre ellas Apoyo Positivo, en Madrid. Su línea de información es el 900 102 833.
  • Las unidades de ITS y las consultas de VIH de la sanidad pública, donde el Ministerio recomienda integrar la atención al chemsex porque es adonde estos hombres ya acuden de forma habitual.
  • La red pública de atención a las adicciones de cada comunidad autónoma, a la que también se puede llegar desde el médico de cabecera.

Hablar sin vergüenza con quien te atiende

Muchos hombres no cuentan en la consulta que practican chemsex por miedo a la mirada del médico. El documento técnico insiste en que la formación de los equipos debe incluir competencias culturales LGTBI, precisamente para que esa mirada no sea un obstáculo.

Si vas a hablar con un profesional, puede ayudarte llevar pensado qué quieres: reducir, parar, entender por qué lo haces, cuidar tu salud sexual o simplemente contarlo por primera vez. No tienes que llegar con un plan cerrado. Tampoco tienes que llegar en el peor momento: pedir ayuda cuando todavía «no es para tanto» es una de las decisiones más inteligentes que se pueden tomar.

Si quieres a alguien que lo está pasando mal

Para amigos, parejas y familias, el chemsex suele aparecer como una sospecha: cambios de humor, días desaparecido, lunes muy oscuros. Algunas ideas que repiten los servicios especializados:

Ficha de la canción «Un invitado VIP cortando cebolla» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis
  • Hablar desde la preocupación, no desde la acusación. «Te noto mal y me importas» abre más puertas que «sé lo que haces».
  • No convertirlo en un asunto de moral sexual. El problema no es su sexualidad, es el daño que le está causando.
  • Ofrecer compañía concreta: acompañarle a una primera cita, quedar el día después de una sesión, estar disponible.
  • Cuidarte tú también. Querer a alguien que consume puede agotar. Los servicios comunitarios atienden también a personas del entorno.

Una canción no es un manual

Cabe preguntarse si una canción debería nombrar estas cosas. Hay quien cree que hablar del chemsex en una letra lo normaliza o lo hace atractivo. Esta canción demuestra lo contrario. No hay en ella una sola imagen glamurosa: hay soledad, ansiedad, lágrimas, una vuelta a los infiernos y un hombre que se esconde detrás de una ensalada.

Lo que hace la canción es algo que los folletos de salud pública no pueden hacer: dar cuerpo de personaje a una experiencia que casi nunca se cuenta en primera persona. Quien la escucha y se reconoce no recibe una orden, recibe compañía. Y a veces reconocerse en un personaje es el primer paso para dejar de esconderse.

El catálogo de Mike Sain't Louis está lleno de ese tipo de personajes inventados que dicen lo que mucha gente calla. No son autobiografía. Son espejos.

«Es que he estado cortando cebolla»

El final de la canción vuelve a la excusa del principio y la repite hasta que se rompe:

Que no se preocupen es que me acabo de hacer una ensalada y he estado cortando cebolla

Es un final tristísimo y muy humano. El narrador se ve llorando por las calles de Madrid y, en lugar de pedir ayuda, se inventa una ensalada. Lo que la canción retrata, más que un consumo, es un silencio. La cebolla es la manera de no decir «estoy mal».

Si hay una lección social en estos versos es esa: el estigma empuja a esconder, y lo que se esconde no se puede cuidar. Cada vez que el chemsex se cuenta como escándalo, como chiste o como castigo, alguien que lo necesita tarda un poco más en pedir ayuda. Cada vez que se habla de él con datos, respeto y recursos, la excusa de la cebolla se vuelve un poco menos necesaria.

Cuando la bajada es muy oscura

Hay días después de una sesión en los que todo parece insoportable. Esos pensamientos pueden ser muy intensos y, aunque no lo parezca, pasan. No tienes que atravesarlos solo. Marca el 024, la línea estatal frente a la conducta suicida: no cuesta nada, no pregunta tu nombre y no cierra nunca. Ante un peligro inmediato, el 112. Para hablar con alguien que simplemente escuche, el Teléfono de la Esperanza tiene el 717 003 717, y para orientación desde el propio colectivo, la FELGTBI+ tiene el 913 604 605. Quien lea esto desde otro país puede acudir a su número de emergencias o a la línea de prevención de su zona.

Ficha

«Un invitado VIP cortando cebolla» pertenece a «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», primer álbum de la trilogía GAYFOLK de Mike Sain't Louis, y se puede escuchar en Spotify. Se cita también «Garrafón de China», del segundo álbum. Los datos proceden del documento «Abordaje del fenómeno del chemsex» de la Secretaría del Plan Nacional sobre el Sida (Ministerio de Sanidad, 2020), del informe nacional de la encuesta EMIS-2017 para España y de la web del servicio ChemSex Support de la ONG Stop. En el diario hay más textos sobre salud sexual sin tabúes, salud mental LGTBI y cannabis y salud mental. Para prensa y contacto, la página de prensa.

Preguntas frecuentes

¿Qué es exactamente el chemsex?

El documento técnico del Ministerio de Sanidad de 2020 lo describe como el uso intencionado de drogas para tener relaciones sexuales durante un periodo largo de tiempo, que puede durar desde varias horas hasta varios días, en el contexto de la cultura sexual de hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres. No todo consumo de drogas en un contexto sexual es chemsex.

¿Cuántos hombres GBHSH lo practican en España?

En la encuesta europea EMIS-2017, con más de diez mil participantes residentes en España, el 14,1 % dijo haber usado drogas estimulantes para el sexo en los últimos doce meses y el 7,6 % en las últimas cuatro semanas. Es una encuesta online reclutada sobre todo en apps de contactos, no una muestra de toda la población.

¿Tengo que dejar de consumir para que me atiendan?

No. Servicios como ChemSex Support, de la ONG Stop, explican que no es necesario dejar de consumir ni es necesariamente el objetivo: el objetivo lo marca la persona. El Ministerio de Sanidad recomienda una atención sin juicio moral que incluya tanto la abstinencia como la reducción de riesgos.

¿Qué hago si alguien pierde el conocimiento en una sesión?

Llamar al 112 de inmediato, no dejarle solo, colocarle de lado si respira y contar al servicio de emergencias qué ha tomado. Es mejor decir la verdad: los sanitarios están para atender, no para juzgar.

¿De qué trata «Un invitado VIP cortando cebolla»?

Es una canción del primer álbum de la trilogía GAYFOLK, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», sobre una recaída tras una ruptura: un narrador que vuelve a los excesos para olvidar a su ex y que esconde las lágrimas con una excusa doméstica, la de haber estado cortando cebolla. El personaje es ficticio.

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