Planeta Gayfolk

Cultura LGTBI

Mi amor de barriada: Chile LGTBI, de las Yeguas del Apocalipsis y el incendio de la Divine a la Ley Zamudio (2012) y el matrimonio igualitario (2021), leído con las letras del Planeta Gayfolk

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Portada de «Aquí Escupo», canción de Mike Sain't Louis

«Aquí escupo», del segundo álbum del Planeta Gayfolk, es una canción corta que funciona como una letanía. No tiene historia ni personajes con nombre. Tiene una voz poética que va enumerando lo que suelta, frase a frase, como quien vacía los bolsillos encima de una mesa:

mi hambre, mi espanto, mi amor de barriada, mi pecho quebrado.

Amor de barriada. Pocas expresiones resumen mejor una manera de ser homosexual que en Chile tiene nombre propio: la de las locas de los barrios populares de Santiago, las que no tenían dinero para esconderse en un piso del centro ni familia que las protegiera, y que pagaron más caro que nadie la dictadura, el sida y la violencia. Pedro Lemebel las convirtió en protagonistas de sus crónicas y, junto a Francisco Casas, en materia de arte.

Lo que sigue es un paseo por la historia LGTBI chilena desde aquellos años de dictadura hasta el matrimonio igualitario de 2021. No hay constancia de que «Aquí escupo» se inspire en Lemebel ni en ninguna figura chilena, y sería inventar decirlo. Pero la canción y la historia se leen muy bien una al lado de la otra, porque comparten un tono: el de quien ya no pide permiso para existir.

Un país en toque de queda

El 11 de septiembre de 1973, un golpe militar derrocó al Gobierno de Salvador Allende y dio paso a una dictadura encabezada por Augusto Pinochet que duró hasta 1990. Fueron diecisiete años de represión política, desapariciones, exilio y censura. La vida pública se llenó de uniformes y de silencios, y la noche quedó marcada por el toque de queda.

En ese contexto, la homosexualidad no era solo un asunto privado mal visto. El Código Penal chileno castigaba la sodomía en su artículo 365, y la policía tenía además figuras genéricas para detener a quien alterara la moral pública. Para las locas de los barrios, maquilladas y con tacones, salir a la calle era exponerse a una redada o a algo peor. Para los homosexuales de clase media y alta, la estrategia habitual fue la discreción.

Lo que hizo Lemebel, y lo que hicieron otros activistas de los ochenta, fue negarse a aceptar que la única salida fuera esconderse. En 1986, en un acto de partidos de izquierda celebrado en la antigua Estación Mapocho de Santiago, leyó un texto que se haría famoso, su manifiesto «Hablo por mi diferencia». La pregunta de fondo era incómoda para sus propios compañeros: en el país democrático que estaban imaginando, ¿habría sitio para alguien como él? Este diario ya habló de ese manifiesto en el texto sobre literatura queer en español; aquí interesa lo que vino después.

Tacones rotos en la universidad

En 1987, Pedro Lemebel y el escritor Francisco Casas formaron un dúo de arte al que llamaron Yeguas del Apocalipsis. El nombre ya era una provocación: yegua es, en el habla popular de Chile, una manera de insultar a una mujer o a un homosexual afeminado, y el apocalipsis remitía al fin de los tiempos, que en aquellos años, con el sida, sonaba muy literal.

Su acción más recordada llegó en 1988. Durante una toma estudiantil de la Universidad de Chile, entraron en el campus desnudos y montados en una yegua blanca, en una parodia de la imagen del conquistador a caballo. La acción se llamó «Refundación de la Universidad de Chile» y reclamaba, a su manera, que la universidad se abriera a quienes nunca habían tenido sitio en ella. Era 1988, el año del plebiscito en el que se decidió si Pinochet seguía en el poder, y dos homosexuales desnudos sobre un caballo eran una forma muy particular de votar que no.

En «Aquí escupo» hay una estrofa que podría describir aquella entrada triunfal y ridícula a la vez:

mi semen, mi rabia, mis tacones rotos, mi falda manchada.

La canción no habla de ninguna performance, pero comparte con las Yeguas el gesto de enseñar justo lo que se supone que había que esconder: el cuerpo, el deseo, la ropa estropeada, la rabia. Cómo está construida esa letanía, verso a verso, se explica en otra entrada de este diario, «la letanía de lo que no se traga».

Las dos Fridas

Las Yeguas del Apocalipsis siguieron activas hasta principios de los noventa. Una de sus imágenes más conocidas es «Las dos Fridas», de 1990, en la que Lemebel y Casas recrearon el famoso doble autorretrato de Frida Kahlo, con los corazones unidos por una vena. Lo que en el cuadro original era una reflexión sobre la identidad de la pintora se convirtió, en su versión, en un retrato de dos homosexuales unidos por la sangre en los años en que el sida estaba matando a muchos de sus amigos.

Fotogramas del videoclip oficial de «Aquí escupo», de Mike Sain't Louis

Esa mezcla de cultura popular, referencia artística y duelo es muy de la época. Las Yeguas no hacían manifiestos teóricos; usaban el humor, el disfraz y el escándalo. Su obra se ha expuesto después en museos de Chile y de otros países, y hoy se estudia como una de las aportaciones más originales del arte latinoamericano de aquellos años.

Crónicas desde la esquina

En los años noventa, Lemebel pasó de la performance a la crónica. En 1995 publicó «La esquina es mi corazón» y en 1996 «Loco afán. Crónicas de sidario», un libro sobre las locas de Santiago en los años del sida, escrito con una mezcla de ternura, humor negro y furia. Ahí aparecen las fiestas, los velorios, las peluquerías de barrio, los amigos que se iban muriendo uno tras otro y la indiferencia de un país que acababa de recuperar la democracia y prefería no hablar de ciertos temas.

Esos libros importan para esta historia porque fijaron por escrito una memoria que de otro modo se habría perdido. Las locas pobres de los ochenta y los noventa no tenían cronistas en los periódicos ni archivos propios. Lemebel les dio un lugar en la literatura chilena y, con el tiempo, en las librerías de todo el mundo hispanohablante.

En «Aquí escupo» hay una estrofa que podría servir de índice a uno de esos libros de crónicas:

mi lengua, mi miedo, mi risa torcida, mi grito en el suelo.

La lengua, el miedo, la risa torcida y el grito: es casi un inventario de lo que esas crónicas recogen. La canción del planeta no cuenta una historia concreta, pero su manera de enumerar tiene algo de crónica en miniatura, de lista de cosas que alguien se niega a tragarse.

Las primeras organizaciones

Junto al arte llegó la organización. A mediados de los ochenta nació el colectivo lésbico Ayuquelén, uno de los primeros grupos de mujeres lesbianas organizadas del país. En 1991, ya en democracia, se fundó el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual, el Movilh, que con el tiempo se convertiría en la organización LGTBI más conocida de Chile. Ese mismo año, en noviembre, se celebró en la ciudad de Coronel un primer encuentro homosexual chileno en el que coincidieron integrantes de varios colectivos, las propias Yeguas entre ellos.

La democracia no trajo de inmediato la igualdad. El artículo 365 del Código Penal siguió vigente durante casi toda la década de los noventa, y la discriminación en el trabajo, en la familia y en la calle continuó siendo lo normal. Pero algo había cambiado: ahora había gente que firmaba con su nombre y que podía salir en un periódico sin que eso terminara en un calabozo.

Valparaíso, 4 de septiembre de 1993

La madrugada del 4 de septiembre de 1993, un incendio destruyó la discoteca Divine, uno de los locales gais más conocidos de Valparaíso. Murieron dieciséis personas y hubo alrededor de una treintena de heridos. Fue la mayor tragedia de la historia LGTBI chilena.

Mike Sain't Louis en un escenario con foco rosa y un planeta con anillos, con el verso «mi sangre de feria, mis noches de polvo,» de «Aquí escupo»

La investigación judicial concluyó que la causa había sido el mal estado de la instalación eléctrica del local, y la acción penal acabó prescribiendo. Durante años, sin embargo, circuló entre la comunidad la sospecha de que el fuego había sido intencionado, alimentada por el clima de hostilidad de la época. Es importante decirlo con claridad: esa sospecha nunca se probó, y hay que contarla como una sospecha, no como un hecho: un rumor que expresaba un miedo real. El Movilh publicó varios informes sobre el caso, y hoy un monumento público en Valparaíso recuerda a las víctimas con sus nombres.

Hay un verso de «La primera drag de Benidorm», también del segundo álbum, que suena distinto cuando se lee junto a esa historia:

aquí sigo jodida, aquí nadie me recuerda!

La canción es un retrato desgarrado de una drag de pueblo que se resiste a desaparecer, y no tiene nada que ver con Chile. Pero el miedo que expresa, el de pasar por el mundo sin que nadie se acuerde de ti, es el que tantas veces ha acompañado a las víctimas LGTBI de tragedias como la de la Divine. Por eso importan tanto los monumentos con nombres: son la respuesta pública a ese «nadie me recuerda». Por qué las discotecas y los bares han pesado tanto en la vida de la comunidad lo cuenta este diario en «fiesta y libertad».

1999: fuera del Código Penal

En julio de 1999, la Ley 19.617 modificó el artículo 365 del Código Penal y dejó de castigar las relaciones sexuales consentidas entre hombres adultos. Chile fue de los últimos países de América del Sur en dar ese paso. El cambio llegó dentro de una reforma más amplia de los delitos sexuales, casi como un trámite, sin la celebración pública que tuvo en otros países.

Ese mismo año, y en los siguientes, el Movilh empezó a publicar informes anuales sobre discriminación por orientación sexual e identidad de género, que se convirtieron en una fuente básica para conocer la situación del país. Los datos mostraban una y otra vez lo mismo: agresiones en la calle, despidos, expulsiones de colegios, rechazos familiares. La ley ya no castigaba a nadie por ser homosexual, pero tampoco protegía a quien sufría por serlo.

Barrio, plumas y miradas

Las crónicas de Lemebel están llenas de calle: paraderos, micros, plazas, bloques de viviendas de la periferia. Ser loca en Chile era, para muchas, ser loca en el barrio, delante de los vecinos, del almacén y de la parada del autobús. Cada salida implicaba aguantar miradas y comentarios.

Entre las canciones del planeta hay una que se ríe de esas miradas. «Licenciada en derecho», del segundo álbum, es un desfile por la ciudad de una mujer segura de sí misma que no se deja reducir a su cuerpo. Mientras camina, la gente comenta:

They look and they whisper, trying to figure me out,

Me miran y cuchichean, intentando averiguar qué soy. La protagonista de la canción responde con una frase que es casi un eslogan, «No me mires el pecho, que soy licenciada en derecho», y sigue su camino. Es una escena que cualquier persona LGTBI con pluma reconoce: la mirada que intenta clasificarte, el cuchicheo a la espalda. Hay una entrada entera sobre ella, «mírame a los ojos».

Lo interesante de la canción es que la respuesta pasa por el derecho, literalmente. La protagonista no se defiende con un insulto sino con un título universitario. En la historia chilena, la siguiente gran respuesta a las miradas y a los golpes también fue una ley.

Parque San Borja, marzo de 2012

En la madrugada del 3 de marzo de 2012, Daniel Zamudio, un joven gay de veinticuatro años, fue atacado por un grupo de hombres en el parque San Borja, en el centro de Santiago. La agresión fue de una brutalidad extrema y estuvo motivada por su orientación sexual. Zamudio pasó varias semanas en coma y murió el 27 de marzo.

Collage con un detalle de la carátula de «Aquí escupo» y las carátulas de «La primera drag de Benidorm», «Licenciada en derecho», «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk»

El caso conmocionó al país. Hubo vigilias, marchas y una cobertura mediática enorme, y el nombre de Daniel Zamudio se convirtió en símbolo de la violencia homofóbica en Chile. Los agresores fueron juzgados y condenados al año siguiente. Pero la reacción más duradera fue política: el Congreso desbloqueó un proyecto de ley contra la discriminación que llevaba años encallado.

Para la situación en España, con datos y pasos para denunciar, sirve el texto de este diario sobre delitos de odio LGTBIfóbicos. Lo que muestra el caso chileno es algo que se repite en muchos países: a menudo hace falta una víctima con nombre y apellidos para que una sociedad acepte mirar de frente lo que llevaba años ocurriendo.

La Ley Zamudio

La Ley 20.609, que establece medidas contra la discriminación, se promulgó el 12 de julio de 2012 y se publicó el 24 de julio. Todo el mundo la conoce como Ley Zamudio. Define la discriminación arbitraria, incluye expresamente la orientación sexual y la identidad de género entre los motivos protegidos y crea una acción judicial específica para que quien la sufre pueda acudir a los tribunales. También introdujo en el Código Penal una agravante para los delitos cometidos por motivos discriminatorios.

Con los años, las organizaciones LGTBI han señalado sus límites: el procedimiento es exigente, las indemnizaciones son escasas y no obliga al Estado a desarrollar políticas activas de prevención. El propio Movilh, al cumplirse una década del ataque, reconoció que la ley había sido la llave para avances históricos y pidió al mismo tiempo una gran reforma. Aun así, la Ley Zamudio marcó un antes y un después, porque por primera vez una norma chilena nombraba a las personas LGTBI para protegerlas.

2015: el acuerdo de unión civil

El siguiente paso fue la pareja. La Ley 20.830, que creó el acuerdo de unión civil, se publicó el 21 de abril de 2015. Permitía a dos personas que convivían, del mismo o de distinto sexo, formalizar su relación ante el registro civil y obtener derechos en herencia, salud, previsión y vivienda. No era un matrimonio, y las organizaciones lo dejaron claro, pero sí fue la primera vez que el Estado chileno reconocía legalmente a las parejas del mismo sexo.

Las primeras uniones se celebraron ese mismo año, y muchas parejas que llevaban décadas juntas pudieron, por fin, tener un papel que las protegiera si uno de los dos enfermaba o moría.

2018: la identidad de género

En 2018 el cine dio un empujón inesperado al debate. «Una mujer fantástica», de Sebastián Lelio y protagonizada por la actriz trans Daniela Vega, ganó el Óscar a la mejor película de habla no inglesa. Este diario ya habló de ella en el texto sobre cine queer latinoamericano. Lo que importa aquí es que el premio llegó mientras el Congreso discutía una ley de identidad de género.

La Ley 21.120, que reconoce y da protección al derecho a la identidad de género, se publicó el 10 de diciembre de 2018. Permite a las personas trans cambiar su nombre y su sexo registral, con un procedimiento administrativo para los mayores de edad y otro judicial para los adolescentes. Sus críticos señalaron que dejaba fuera a los niños más pequeños; sus defensores, que era un avance enorme para un país que veinte años antes todavía castigaba la sodomía.

Si buscas casarte

La canción que da nombre al primer álbum del planeta, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», tiene un verso que se ríe de las aplicaciones de ligue y de lo que la gente busca en ellas:

Si buscas casarte esta no es la aplicación,

La broma funciona porque durante mucho tiempo casarse, para dos hombres o dos mujeres, no era una opción en casi ningún país. Lo que se buscaba en los bares, en las saunas o después en las aplicaciones era otra cosa, porque lo otro no estaba permitido.

En Chile, buscar casarse dejó de ser una ironía en diciembre de 2021. La Ley 21.400, que modificó el Código Civil para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo, se publicó el 10 de diciembre de 2021 y empezó a aplicarse el 10 de marzo de 2022. La norma regula también la filiación de los hijos de parejas del mismo sexo y la adopción. El impulso final llegó de un lugar inesperado: el presidente conservador Sebastián Piñera anunció en junio de 2021 que daría urgencia al proyecto, que llevaba años en el Congreso.

Lo que queda por escupir

Con el matrimonio no se cierra el libro. Los informes anuales del Movilh siguen registrando agresiones, despidos y expulsiones, y las personas trans, en especial las más pobres, siguen siendo las más expuestas. El Código Civil cambió antes que muchas calles, y la distancia entre el registro civil y la parada del autobús puede ser grande.

Ficha de la canción «Aquí escupo» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

«Aquí escupo» termina con una serie de afirmaciones breves que suenan a declaración de supervivencia:

Aquí vivo. Aquí ardo. Aquí sigo.

La canción no sabe nada de Chile, y no hace falta. Leída junto a esta historia, parece hablar por las locas de barriada que se negaron a desaparecer, por las dieciséis personas que murieron en la Divine y por Daniel Zamudio, cuya muerte cambió las leyes del país. También por Lemebel, que murió en Santiago el 23 de enero de 2015 y que dejó escrito, de muchas maneras, ese mismo aquí sigo.

Una historia de cuerpos

Lo que une todas estas escenas, de la yegua de 1988 al parque San Borja, es el cuerpo. El cuerpo desnudo de dos artistas en una universidad, los cuerpos atrapados en una discoteca en llamas, el cuerpo de un joven atacado de madrugada. La historia LGTBI de Chile se ha escrito sobre cuerpos expuestos, y por eso las conquistas legales tienen tanto que ver con protegerlos: de la cárcel, de la agresión, del olvido.

El planeta, desde Madrid, escribe canciones donde el cuerpo también ocupa mucho espacio, con humor, con rabia y con deseo. No pretende contar la historia chilena mejor que quienes la vivieron. Lo que puede hacer es ponerla en orden y señalar que la estética de los tacones rotos y la falda manchada, que en una canción suena a provocación, tuvo en otros lugares un precio muy alto. Saberlo ayuda a escuchar «Aquí escupo» con otros oídos.

Si algo de esto te toca

Leer sobre palizas, incendios y jóvenes muertos no es fácil, y a veces trae de vuelta experiencias propias. En España, el 024 es una línea gratuita y confidencial, abierta día y noche, para quien está pasando por un momento muy duro y para quien teme por alguien cercano. Ante un peligro inmediato, marca el 112. El Teléfono de la Esperanza (717 003 717) y la línea de orientación de FELGTBI+ (913 604 605) también atienden. Si vives en Chile o en otro país, la web findahelpline.com permite buscar un servicio de ayuda gratuito en tu zona.

Créditos

Tres de las canciones citadas, «Aquí escupo», «La primera drag de Benidorm» y «Licenciada en derecho», están en «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», segundo disco de la trilogía GAYFOLK, y la primera tiene enlace directo en Spotify. La cuarta, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», es la que titula el primer disco. Las letras, la composición y la producción son de Mike Sain't Louis, y las partes vocales y los arreglos se crean con inteligencia artificial sobre ese trabajo: de ahí que se le llame «el primer cantautor IA». Ninguna canción habla de Chile, y quienes aparecen en ellas son personajes de ficción. Sobre las Yeguas del Apocalipsis, la discoteca Divine, Daniel Zamudio y las leyes chilenas solo se recogen hechos publicados; la hipótesis de un incendio intencionado en la Divine se presenta como lo que es, una sospecha que nunca se probó. Toda la trilogía está en el catálogo de canciones, y la información para medios, en la sala de prensa.

Preguntas frecuentes

¿Quiénes fueron las Yeguas del Apocalipsis?

Un dúo de arte formado por los escritores Pedro Lemebel y Francisco Casas, activo aproximadamente entre 1987 y 1993. Hicieron acciones públicas en plena dictadura y en los primeros años de la democracia; la más conocida es la «Refundación de la Universidad de Chile» de 1988, en la que entraron desnudos montados en una yegua durante una toma estudiantil.

¿Qué pasó en la discoteca Divine?

El 4 de septiembre de 1993, un incendio destruyó la discoteca gay Divine de Valparaíso. Murieron dieciséis personas y hubo alrededor de una treintena de heridos. La investigación judicial atribuyó el fuego a una instalación eléctrica deficiente, aunque durante años circuló la sospecha de que había sido intencionado, algo que nunca se probó.

¿Qué es la Ley Zamudio?

La Ley 20.609, que establece medidas contra la discriminación arbitraria en Chile. Se promulgó en julio de 2012, pocos meses después de la muerte de Daniel Zamudio, un joven gay que murió tras ser atacado en un parque de Santiago. Incluye la orientación sexual y la identidad de género entre los motivos protegidos.

¿Pueden casarse en Chile dos personas del mismo sexo?

Sí. La Ley 21.400 se publicó el 10 de diciembre de 2021 y se aplica desde el 10 de marzo de 2022. Antes, desde 2015, las parejas del mismo sexo podían firmar un acuerdo de unión civil.

¿Qué tiene que ver «Aquí escupo» con esta historia?

La canción del Planeta Gayfolk es una letanía de cuerpo, rabia y barrio, con tacones rotos y un «amor de barriada», que se lee muy bien junto a la estética de las locas que reivindicaron Lemebel y las Yeguas del Apocalipsis. No hay constancia de que la canción se inspire en ellos.

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