Cultura LGTBI
Delitos de odio LGTBIfóbicos: los datos de Interior, la cifra oculta y cómo denunciar, leídos con «Boys Like Us» y otras letras del Planeta Gayfolk
Por Mike Sain't Louis ·

Hay una palabra que muchas personas LGTBI han oído gritada a sus espaldas, en el patio del colegio, en una discoteca o en una calle de madrugada. A veces viene sola. A veces viene acompañada de un empujón, de un puñetazo o de algo peor. Cuando el insulto se convierte en golpe, y el golpe tiene como motivo quién eres o a quién quieres, la ley lo llama delito de odio.
Este texto habla de esos delitos con datos oficiales, explica por qué la mayoría no se denuncian y recorre, paso a paso, qué se puede hacer si te ocurre. Y lo pone al lado de varias canciones del Planeta Gayfolk, el catálogo de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. «Boys Like Us» habla de chicos que brillan aunque los miren y murmuren. «Forocoches» describe lo que es despertarse entre insultos en una pantalla. Y «Tan cateto» responde a quien quiere ver preso a alguien por cómo ama. Las citas salen del archivo de letras, tal como están publicadas.
Qué es un delito de odio
No todo lo desagradable es delito, y no todo delito contra una persona LGTBI es un delito de odio. Lo que define un delito de odio es el motivo. Una agresión, unas amenazas o un daño a una propiedad se convierten en delito de odio cuando se cometen porque la víctima es, o parece ser, de un grupo determinado: por su orientación sexual, su identidad de género, su origen, su religión o su discapacidad, entre otros motivos.
El Código Penal español recoge esa idea de dos maneras. Por un lado, el artículo 22.4 establece una circunstancia agravante: si un delito se comete por motivos de discriminación, por ejemplo por la orientación o identidad sexual de la víctima, la pena puede ser mayor. Por otro, hay delitos específicos, como el del artículo 510, que castiga el fomento público del odio, la hostilidad o la violencia contra un grupo.
En la práctica, los delitos de odio LGTBIfóbicos más habituales son las lesiones, las amenazas, las injurias, el trato degradante y los mensajes de odio en internet. Muchas veces empiezan con el insulto, siguen con la persecución por la calle y terminan con un golpe.
Los datos de Interior
Cada año, el Ministerio del Interior publica el «Informe sobre la evolución de los delitos e incidentes de odio en España». El de 2024, presentado en julio de 2025, recoge 1.955 infracciones penales e incidentes de odio investigados por las fuerzas de seguridad, un 13,8 % menos que el año anterior.
El ámbito con más casos fue el del racismo y la xenofobia, con 804 hechos. El segundo fue el de la orientación sexual y la identidad de género, con 528 hechos, frente a 522 en 2023: un ligero aumento, mientras el total bajaba. Por tipos de delito, en el conjunto de los delitos de odio destacaban las lesiones (385) y las amenazas (358), seguidas de la promoción de la discriminación (217), el trato degradante (107) y las injurias (106).
Las fuerzas de seguridad esclarecieron el 71,9 % de los hechos y detuvieron o investigaron a 905 personas, en su mayoría hombres (81,9 %). Entre las víctimas, el 12,8 % eran menores de edad.
Estas cifras son importantes, pero tienen un límite evidente: solo cuentan lo que llega a la policía. Y en el caso de la LGTBIfobia, lo que llega es una pequeña parte.
La cifra oculta
La Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, la FRA, hace grandes encuestas a personas LGTBIQ de toda la Unión. Según los datos de su encuesta de 2023 para España, recogidos por la FELGTBI+ en su informe sobre delitos de odio de 2024, solo el 14 % de quienes sufrieron una agresión física o sexual por odio en los cinco años anteriores comunicó el último incidente a la policía o a otra organización. El 86 % no lo hizo.

Las razones de esa infradenuncia se repiten en todos los estudios. Muchas víctimas creen que no servirá de nada. Otras temen que no las tomen en serio, o que denunciar las obligue a contar su orientación en casa o en el trabajo. Algunas piensan que lo suyo «no fue para tanto», porque solo fue un insulto o un empujón. Y otras han normalizado tanto la violencia que ni siquiera la identifican como delito.
Hay también un miedo antiguo. Durante décadas, la policía no fue un refugio para las personas LGTBI, sino una amenaza. La Ley de Peligrosidad Social permitía detener a alguien por ser homosexual hasta 1979. Esa memoria pesa, sobre todo entre las personas mayores, y explica parte de la desconfianza.
El problema es que lo que no se denuncia no existe para las estadísticas, y lo que no existe en las estadísticas no recibe recursos. Por eso las asociaciones insisten tanto: denunciar no solo protege a quien denuncia, también hace visible un problema que afecta a todos.
«He holds my hand / Where no one sees»
«Boys Like Us», del segundo álbum, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», es una canción en inglés con aire de himno. Habla de chicos que brillan, que no se esconden y que convierten la noche en oro. Pero entre esos versos de orgullo hay uno que cuenta otra cosa:
He holds my hand Where no one sees
Me coge de la mano donde nadie mira. Es una imagen tierna y triste a la vez. Muchas parejas LGTBI conocen ese cálculo: aquí sí, aquí no. Soltarse la mano al salir del metro, al pasar por una calle con un grupo de chicos, al entrar en un bar desconocido. No es paranoia. Es una forma de protegerse que nace de saber que, en ciertos sitios, un gesto de cariño puede provocar una agresión.
Una nota del diario dedicada a esta canción hablaba precisamente de la mano escondida. El dato de la FRA que recogía RTVE en 2024 lo pone en números: el 48 % de las personas LGTBI en España evita ir de la mano con su pareja en público. Casi la mitad. Es una forma silenciosa del daño que causan los delitos de odio: no hace falta que te peguen para que cambies tu manera de vivir por miedo a que te peguen.
«Oh they whisper / Oh they stare»
La canción sigue con una escena que cualquier persona con pluma ha vivido:
Oh they whisper Oh they stare But boys like us We don't care
Murmuran, miran, pero a los chicos como nosotros nos da igual. El estribillo responde a las miradas con orgullo, y eso es parte de la cultura queer: la fiesta, el brillo y la pluma como forma de resistencia. Pero no conviene confundir la actitud con la indefensión. Que a alguien le dé igual que murmuren no significa que tenga que aguantar que le insulten o le peguen.
La línea entre la mirada y la agresión es más fina de lo que parece. Los informes de las asociaciones describen muchas agresiones que empiezan así: una mirada, un comentario, un insulto, una persecución. Saber reconocer esa escalada es útil. Y saber que, en cuanto hay insultos graves, amenazas o golpes, hay un delito que se puede denunciar.
Samuel: el caso que cambió la conversación
En la madrugada del 3 de julio de 2021, Samuel Luiz, un joven de 24 años, murió tras recibir una paliza en el paseo marítimo de A Coruña. Según los testigos, la agresión empezó con un insulto homófobo. Su muerte provocó manifestaciones en toda España bajo el lema «Justicia para Samuel».

En noviembre de 2024, un jurado popular declaró culpables de asesinato a tres acusados y a un cuarto como cómplice, y aplicó a uno de ellos el agravante de discriminación por orientación sexual. En enero de 2025, la Audiencia Provincial de A Coruña impuso a los condenados un total de 74 años y medio de prisión. En diciembre de 2025, el Tribunal Supremo confirmó las condenas de los tres autores, de entre 20 y 24 años.
El caso de Samuel mostró dos cosas. La primera, que un insulto homófobo puede ser el principio de algo mucho peor. La segunda, que la justicia puede reconocer el motivo de odio y castigarlo. Para muchas personas LGTBI que nunca habían denunciado, fue un recordatorio de que su miedo tenía base, y también de que la ley está de su parte.
El odio en la pantalla
No todo el odio ocurre en la calle. Una parte cada vez mayor llega a través del móvil: comentarios, mensajes privados, campañas de acoso, vídeos manipulados. Para una persona LGTBI con presencia pública, aunque sea pequeña, abrir las redes puede significar encontrarse una avalancha de insultos.
«Forocoches», del tercer álbum, «El día de la liberación», es una canción sobre una noche muy mala después de una ruptura. No habla de delitos de odio. Pero tiene un verso que describe bien lo que es vivir rodeado de insultos digitales:
Me he despertado entre treinta insultos y reproches Ya no distingo si es mi vida o forocoches
El título y el verso juegan con el nombre de un foro muy conocido de internet. Lo que la letra retrata es la sensación de que el insulto lo invade todo, hasta el punto de no distinguir la vida propia del ruido de una pantalla. La canción habla también del agotamiento y llega a mencionar la muerte, así que conviene leerla con cuidado. Si estás pasando por un momento así, en España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, a cualquier hora, o al 112 en caso de emergencia. Si estás fuera de España, llama a tu número local de emergencias.
El discurso de odio en internet también puede ser delito. El artículo 510 del Código Penal castiga, entre otras conductas, fomentar públicamente el odio o la violencia contra un grupo por motivos como la orientación sexual o la identidad de género, y las penas pueden ser mayores cuando se usa internet o las redes sociales. Si recibes mensajes de odio, guarda capturas con la fecha, el nombre del perfil y la dirección de la publicación antes de que se borren. Puedes denunciarlo a la plataforma y también ante la policía.
El odio no golpea a todos igual
Las estadísticas hablan de orientación sexual e identidad de género como si fueran un solo grupo, pero las experiencias son muy distintas. Las asociaciones coinciden en que las personas trans, y en especial las mujeres trans, sufren algunas de las formas de violencia más graves y más frecuentes. A la LGTBIfobia se suman la transfobia, el machismo y, muchas veces, la precariedad, porque la discriminación en el empleo empuja a muchas personas trans a trabajos más expuestos.
Las mujeres lesbianas y bisexuales cuentan agresiones en las que el odio a su orientación se mezcla con el acoso machista: el comentario sexual sobre la pareja de dos chicas, el hombre que se ofrece a «convertirlas», la violencia que empieza como broma y termina en amenaza. Ese cruce hace que a veces no se registre como delito de odio LGTBIfóbico, sino como otra cosa, o como nada.
Los hombres gais y bisexuales con pluma, los adolescentes y las personas LGTBI migrantes o racializadas aparecen también con frecuencia en los relatos de agresiones. Cuando alguien es atacado a la vez por ser gay y por ser negro, por ejemplo, el odio no se divide en dos mitades: se multiplica. Es lo que los estudios llaman interseccionalidad.
Estas diferencias importan a la hora de pedir ayuda. Algunas asociaciones están especializadas en personas trans, otras en mujeres lesbianas y bisexuales, otras en jóvenes. Buscar la que mejor encaja con tu situación puede hacer que te sientas mucho más comprendido.
Cómo denunciar, paso a paso
Si sufres una agresión LGTBIfóbica, o la presencias, estos son los pasos que recomiendan las guías oficiales y las asociaciones. La guía rápida para víctimas de delitos de odio por LGTBIfobia publicada por el Ministerio de Igualdad en 2025 los resume de forma clara.

- Ponte a salvo y pide ayuda. Llama al 112, al 091 (Policía Nacional) o al 062 (Guardia Civil). Si no puedes hablar, la aplicación AlertCops del Ministerio del Interior permite enviar un aviso geolocalizado, y tiene una alerta específica para delitos de odio.
- Ve al médico. Aunque las lesiones parezcan leves, pide en urgencias o en tu centro de salud un parte de lesiones. Es una prueba fundamental.
- Guarda pruebas. Apunta lo que ocurrió lo antes posible: la hora, el lugar, las palabras exactas que se dijeron, cómo eran los agresores. Haz fotos de las lesiones. Busca testigos y pide sus datos. Recuerda si había cámaras en la zona.
- Denuncia. Puedes hacerlo en una comisaría de Policía Nacional, un cuartel de la Guardia Civil, la policía autonómica o local, o directamente en el juzgado de guardia. Si lo prefieres, ve acompañado.
- Di que fue por odio. Explica que crees que te atacaron por tu orientación sexual, tu identidad o tu expresión de género, y por qué lo crees: los insultos, los gestos, el contexto. Pide que conste en la denuncia. Si no se recoge, el agravante puede perderse.
- Pide una copia. Llévate siempre una copia de la denuncia.
Denunciar es un derecho, no una obligación. Pero cada denuncia ayuda a que el agresor no lo repita y a que el problema se vea en los datos.
Quién puede acompañarte
No tienes por qué hacerlo solo. En España hay entidades especializadas en atender a víctimas de LGTBIfobia:
- Observatorio Madrileño contra la LGTBIfobia. Atiende a víctimas, documenta incidentes y puede acompañarte a denunciar. Teléfono y WhatsApp: 618 547 166.
- FELGTBI+. La federación estatal reúne a asociaciones de todo el país y puede orientarte hacia la más cercana. Teléfono: 913 604 605.
- Oficinas de Asistencia a las Víctimas del Delito. Dependen del Ministerio de Justicia o de las comunidades autónomas, son gratuitas y ofrecen información, apoyo psicológico y orientación jurídica a cualquier víctima.
- Fiscalía. Las fiscalías provinciales tienen fiscales especializados en delitos de odio y discriminación.
La Oficina Nacional de Lucha contra los Delitos de Odio, dependiente del Ministerio del Interior, coordina el trabajo policial en esta materia y publica los informes anuales.
Después del golpe
Una agresión de odio no termina cuando acaba la pelea. Muchas víctimas cuentan que lo peor viene después: el miedo a volver a esa calle, la ansiedad al salir de noche, la sensación de que ningún sitio es seguro, la tentación de esconderse. Es normal sentir rabia, vergüenza o culpa, aunque la culpa sea siempre del agresor.
Hay quien deja de ir a su bar de siempre, quien cambia de ruta para volver a casa o quien vuelve a vestirse «más discreto». Son reacciones comprensibles, pero si duran mucho acaban haciendo que el agresor gane dos veces: con el golpe y con el miedo. Recuperar poco a poco los sitios y las costumbres, mejor acompañado al principio, forma parte de la recuperación. También ayuda hablar de lo que pasó con gente de confianza, sin tener que justificarte ni demostrar nada.
Pedir ayuda psicológica después de una agresión es una buena decisión. Las oficinas de asistencia a víctimas y muchas asociaciones LGTBI ofrecen apoyo. En el diario hay una nota sobre salud mental LGTBI con más recursos, y otra sobre las huellas del acoso escolar, porque muchas agresiones de adultos reabren heridas de la infancia.
Si después de una agresión te sientes desbordado o piensas en hacerte daño, llama al 024 o, en una emergencia, al 112. El Teléfono de la Esperanza atiende crisis emocionales las 24 horas en el 717 003 717. Fuera de España, llama a tu número local de emergencias.
Si lo ves, no mires a otro lado
Muchas agresiones ocurren delante de otras personas. Los testigos pueden marcar la diferencia, siempre sin ponerse en peligro. Algunas cosas que ayudan:

- Llamar al 112 en cuanto ves que la situación se pone fea.
- Acercarte a la víctima cuando el agresor se ha ido, preguntarle si está bien y quedarte con ella.
- Grabar o apuntar lo que ves, si es seguro hacerlo, y ofrecerte como testigo.
- No reírte del insulto, no compartir el vídeo para burlarte y no quitarle importancia después.
En los centros educativos y en los trabajos, el papel de quien está alrededor es igual de importante. Un profesor que corta un insulto en clase o un compañero que dice «eso no se dice» cambian el ambiente para todos.
«Me quieres preso»
En «Tan cateto», del segundo álbum, el personaje se dirige a alguien que se molesta porque una pareja de hombres va de la mano o se besa en público. Hay un verso que pesa mucho leído desde la historia:
Que te molesta mi cara y me quieres preso
Durante la dictadura y los primeros años de la democracia, querer preso a un homosexual no era una metáfora: la ley lo permitía. Hoy la situación se ha invertido. Quien agrede a alguien por su orientación o identidad es quien puede acabar en prisión, y el motivo de odio agrava la pena. Ese cambio costó décadas de lucha, y defenderlo pasa también por usar las herramientas que la ley ofrece.
La canción termina negándose a dar explicaciones a quien juzga. En la vida real, nadie tiene que justificar cómo es o a quién quiere. Pero sí conviene saber que, si el juicio se convierte en violencia, hay un camino para responder.
Brillar sin esconderse
Volvamos a «Boys Like Us». El estribillo dice que los chicos como nosotros no se esconden, que convierten la oscuridad en orgullo:
We turn the dark Into pride
El orgullo LGTBI nació como respuesta a la violencia: los disturbios de Stonewall de 1969 empezaron con una redada policial en un bar de Nueva York. Desde entonces, cada Orgullo es a la vez fiesta y protesta. La fiesta dice que no nos van a quitar la alegría. La protesta recuerda que todavía hay quien quiere quitárnosla a golpes.
Que un día nadie tenga que coger la mano de su pareja solo «donde nadie mira» depende de muchas cosas: de la educación, de las leyes, de los medios y de las canciones. También depende de que quien sufre una agresión sepa que no está solo y que puede denunciar. Ese es el sentido de este texto.
Ficha
«Boys Like Us» pertenece a «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», segundo álbum de la trilogía GAYFOLK, y se puede escuchar en Spotify. Del mismo catálogo se citan «Forocoches», «Tan cateto» y, en el universo de iconos del planeta, «Kaaa Miga», homenaje a La Veneno. Las letras son de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, que se presenta como «el primer cantautor IA»; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial. Los personajes de las letras son inventados. Los datos proceden del informe de delitos de odio de 2024 del Ministerio del Interior, de la encuesta de la FRA recogida por la FELGTBI+, de la guía para víctimas del Ministerio de Igualdad y de la información pública sobre el caso de Samuel Luiz. Este texto es informativo y no sustituye el asesoramiento jurídico. La información oficial del proyecto está en la sala de prensa.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos delitos de odio LGTBIfóbicos se registraron en España en 2024?
El «Informe sobre la evolución de los delitos e incidentes de odio en España 2024» del Ministerio del Interior recoge 528 hechos en el ámbito de la orientación sexual y la identidad de género, frente a 522 en 2023. Es el segundo ámbito con más casos, tras el racismo y la xenofobia (804).
¿Por qué se dice que hay una cifra oculta?
Porque la mayoría de las agresiones no se denuncian. Según los datos de la encuesta de 2023 de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE recogidos por la FELGTBI+, solo el 14 % de las personas LGTBI en España que sufrieron una agresión física o sexual por odio en los cinco años anteriores comunicó el último incidente a la policía u otra organización.
¿Qué hago si sufro una agresión LGTBIfóbica?
Ponte a salvo y llama al 112, al 091 (Policía Nacional) o al 062 (Guardia Civil); si no puedes hablar, la app AlertCops permite enviar un aviso. Pide un parte de lesiones, guarda pruebas y testigos, denuncia y explica que crees que te atacaron por tu orientación o identidad. En Madrid, el Observatorio Madrileño contra la LGTBIfobia atiende en el 618 547 166.
¿Qué es el agravante de discriminación?
El artículo 22.4 del Código Penal permite aumentar la pena cuando un delito se comete por motivos como la orientación o identidad sexual de la víctima. Se aplicó, por ejemplo, a uno de los condenados por el asesinato de Samuel Luiz en A Coruña en 2021.
¿De qué trata «Boys Like Us»?
Es una canción en inglés del segundo álbum, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», sobre chicos que brillan y no se esconden pese a las miradas. Contiene versos como «He holds my hand / Where no one sees» y «Oh they whisper / Oh they stare / But boys like us / We don't care».