Planeta Gayfolk

Cultura queer

De la vitrina al escaño: políticos LGTBI en España, de Iceta a Antonelli, y las elecciones galácticas del Planeta Gayfolk

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Fotograma del videoclip de «Vota Malena Gracia», de Mike Sain't Louis, en la portada de «De la vitrina al escaño»

El 12 de octubre de 1999, en un local de Barcelona frecuentado por gais, un diputado catalán de treinta y nueve años se subió a un pequeño escenario y dijo algo que ningún político español había dicho en público hasta entonces. Se llamaba Miquel Iceta, iba en el número doce de la lista socialista por Barcelona y estaba a pocos días de unas elecciones autonómicas. Dijo que era gay. Y añadió una frase que se quedó para la historia: no es que saliera del armario, es que bajaba de la vitrina.

Este artículo cuenta lo que vino después de esa vitrina: los primeros parlamentarios que hablaron, las primeras concejalas trans, los alcaldes, las senadoras, las plazas con nombre propio. Y lo cuenta al lado de un planeta que también celebra elecciones. En «Vota Malena Gracia», del primer álbum de Mike Sain't Louis, el Planeta Gayfolk entra en campaña electoral. Las candidatas llevan purpurina y el programa es la libertad.

Unas elecciones galácticas

Empecemos por el planeta. En la presentación del videoclip de «Vota Malena Gracia», Mike cuenta la premisa con una seriedad que da risa: en el universo Gayfolk ha surgido una crisis inesperada, porque dos multimillonarios muy conocidos quieren comprar el planeta. Para evitarlo, se convocan elecciones galácticas, y dos mujeres se presentan como símbolos de una resistencia llena de color: Malena Gracia y Noemí Argüelles.

El vídeo es, según su autor, un homenaje a Malena Gracia, a su espíritu y a la ironía camp frente a la codicia y el poder. Y termina con una frase que podría ser el lema de toda la campaña: la belleza se convierte en un acto político, una flor frente al acero.

Lo camp ha hecho siempre eso con la política. Ha cogido el lenguaje serio de los mítines, las encuestas y los carteles electorales y lo ha llenado de lentejuelas. Es una manera de decir que la política no pertenece en exclusiva a los señores con corbata, y que una vedette del destape también puede ser candidata, aunque sea en un planeta inventado. El diario del planeta tiene una crónica de las elecciones galácticas de Gayfolk que lo cuenta con todo detalle.

La encuesta que va ganando

La campaña tiene segunda parte. En «Noemí Argüelles va ganando en las encuestas», del segundo álbum, la otra candidata sube como la espuma. El estribillo es casi un titular de periódico electoral:

Porque Noemí Argüelles va ganando en las encuestas

La canción es un mitin camp, con gritos, golpes de puerta y un remate final que no se puede reproducir en un telediario. El diario lo analiza en el mitin camp de Noemí Argüelles. Lo que interesa aquí es el gesto: poner a una mujer del planeta en cabeza de las encuestas, delante de los poderosos, es una fantasía que la historia real de la representación LGTBI ha tardado décadas en hacer posible, y solo a medias.

Bajar de la vitrina

Volvamos a Barcelona en 1999. El acto en el que Iceta habló lo organizaron las juventudes socialistas catalanas y su partido, y lo presentó Jordi Petit, histórico dirigente de la Coordinadora Gai-Lesbiana. Según la crónica de El País del día siguiente, Petit lo presentó como el primer parlamentario gay de todo el país.

Las palabras de Iceta fueron sencillas. Dijo que los gais luchaban para que un acto como aquel dejara de ser noticia, y que para conseguirlo había que trabajar mucho. Que declararse homosexual era más fácil que unos años antes. Que siempre lo había sido. Y luego la frase de la vitrina, con su punto de ironía: él no se presentaba como alguien que salía de un escondite, sino como alguien que bajaba de un escaparate para comprometerse a apoyar y liderar el movimiento. Después leyó un compromiso para luchar por la plena igualdad de derechos, contra la homofobia, por una educación igualitaria y por más recursos contra el sida.

La crónica de El País apuntaba algo revelador: hasta entonces, en España solo habían dado ese paso algunos candidatos en elecciones locales, mientras que en otros países, sobre todo en el Reino Unido, empezaba a ser relativamente frecuente. España llegaba tarde a la vitrina. Pero llegaba.

El senador que lo escribió en un prólogo

Un año después, en diciembre de 2000, lo hizo Jerónimo Saavedra. Su caso tenía un peso especial, porque no era un diputado joven en campaña, sino uno de los políticos más conocidos del país. Había sido presidente del Gobierno de Canarias y ministro, y en aquel momento era senador. Se convirtió en el primer parlamentario de las Cortes en declararse gay.

Fotogramas del videoclip oficial de «Vota Malena Gracia», de Mike Sain't Louis

Lo hizo de una manera muy literaria. El historiador Fernando Bruquetas, catedrático en Las Palmas, preparaba un libro titulado «Outing en España. Los españoles que salieron del armario», y le había pedido muchas veces que diera el paso. Saavedra se resistía. Según contó el propio Bruquetas años después, la muerte de su compañero íntimo, Sebastián, le hizo replantearse las cosas, y decidió escribir el prólogo del libro. No fue tanto una confesión como un reconocimiento a su amigo.

Saavedra fue después alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, desde 2007, y con ello el primer alcalde abiertamente gay de una capital de provincia en España. Cuando murió, en noviembre de 2023, muchas personas del colectivo recordaron que había sido un hombre gay visible desde el año 2000, cuando hacerlo todavía costaba.

El año 2000, el año de las portadas

El paso de Saavedra no llegó solo. El año 2000 fue en España un año de salidas del armario en lugares donde nadie se las esperaba, y buena parte de ellas pasaron por la portada de la revista Zero, que en esos años se convirtió en una especie de confesionario público.

En septiembre de 2000, el teniente coronel José María Sánchez Silva apareció en esa portada. Fue el primer militar español de alta graduación en salir del armario de forma pública dentro de la institución. Ese mismo año, la televisión emitió en la serie juvenil «Al salir de clase» el primer beso entre dos chicos en una serie española, protagonizado por los personajes de Santi y Rubén. En enero de 2002, el sacerdote José Mantero ocupó otra portada de Zero y se convirtió en el primer miembro del clero español en hacer pública su homosexualidad. En diciembre de ese año lo hizo el agente Joan Miquel Perpinyà, primer guardia civil en salir del armario en una portada.

Un militar, un cura, un guardia civil, un senador y un beso en una serie de adolescentes. Visto con distancia, el inventario parece una lista de los lugares donde la homosexualidad estaba más escondida: el ejército, la iglesia, los cuerpos de seguridad, el parlamento y la televisión de sobremesa. En poco más de dos años, todos esos armarios se abrieron a la vez, al menos un poco.

La política no avanzó sola. Avanzó porque la sociedad estaba cambiando a su alrededor, y porque cada portada hacía un poco más fácil la siguiente.

Zerolo y una plaza en Chueca

Si hay un nombre que la gente de Madrid asocia con la política LGTBI, es el de Pedro Zerolo. Abogado nacido en Venezuela y criado en Canarias, fue presidente de la federación estatal de colectivos LGTB, y desde 2003 concejal en el Ayuntamiento de Madrid. Fue una de las caras más visibles de la campaña por el matrimonio igualitario, que se aprobó en 2005.

Mike Sain't Louis en un escenario con foco rosa y un planeta con anillos, con el verso «ante todo, un tributo a Malena Gracia: un homenaje a su espíritu y a la lucha por la diversidad,» de «Vota Malena Gracia»

Zerolo murió en junio de 2015. Poco después, la plaza de Vázquez de Mella, en pleno barrio de Chueca, pasó a llamarse plaza de Pedro Zerolo. Es uno de los pocos casos en los que la memoria política LGTBI tiene un lugar físico en el centro de una gran ciudad, con bancos, terrazas y gente pasando por delante todos los días. El diario del planeta tiene un texto sobre Chueca hoy, y esa plaza es parte del paisaje.

Las primeras: concejalas, diputadas y senadoras

La historia de la representación no se limita a los hombres gais. Hay una lista de primeras veces que conviene recordar, porque cada una abrió una puerta distinta.

En 2007, Manuela Trasobares se convirtió en concejala de Geldo, un pequeño municipio de Castellón. Fue la primera concejala trans de España. Su caso se contó a menudo con un tono de chiste en la prensa de la época, lo cual dice bastante de la época.

En 2011, Carla Antonelli, activista histórica por los derechos trans nacida en Tenerife en 1959, fue elegida diputada en la Asamblea de Madrid. Fue la primera mujer trans de España con un cargo público electo en un parlamento. Durante su etapa en la Asamblea se aprobó la ley trans madrileña. En 2023 dio otro paso: fue designada senadora y se convirtió en la primera mujer trans en las Cortes Generales.

Ese mismo año 2011 llegó al Congreso Ángeles Álvarez, que en 2013 declaró públicamente que era lesbiana y se convirtió así en la primera diputada abiertamente lesbiana de la cámara. En 2018, Guillem Montoro fue el primer hombre trans concejal, en Paiporta, en Valencia. Y en 2023, Jaume Collboni se convirtió en el primer alcalde abiertamente gay de Barcelona.

Cada nombre de esa lista es una pequeña campaña electoral ganada contra el prejuicio. Y cada uno tuvo que soportar, además de la política normal, comentarios sobre su vida privada que a sus compañeros heterosexuales nunca les hicieron.

Fuera de España: de Milk a los primeros ministros

La historia internacional tiene su propio santoral. En noviembre de 1977, Harvey Milk fue elegido supervisor de San Francisco, uno de los primeros cargos electos abiertamente gais de Estados Unidos. Tomó posesión en enero de 1978 y fue asesinado en noviembre de ese mismo año, junto al alcalde George Moscone. Su historia se ha contado en documentales y en películas, y su frase más conocida animaba a salir del armario para que la gente supiera que tenía vecinos, amigos y familiares gais.

Tres décadas después, en 2009, Jóhanna Sigurðardóttir se convirtió en primera ministra de Islandia, la primera jefa de Gobierno abiertamente lesbiana del mundo. En 2011, Elio Di Rupo llegó a primer ministro de Bélgica. En 2013, Xavier Bettel lo hizo en Luxemburgo, y en 2017 Leo Varadkar en Irlanda, un país que solo dos años antes había aprobado el matrimonio igualitario en referéndum.

Ninguno de esos nombres habría sido posible sin miles de concejales, activistas y votantes anónimos que fueron normalizando la idea de que una persona LGTBI podía gobernar. La vitrina de Iceta forma parte de esa cadena.

La desconfianza también es un tema del planeta

No todas las canciones del planeta sobre política son de campaña. «Un político español», del segundo álbum, es justo lo contrario: una queja de barra de bar contra la clase política en general. Su estribillo tiene la paciencia agotada de quien ya ha visto de todo:

Collage con un detalle de la carátula de «Vota Malena Gracia» y las carátulas de «Noemí Argüelles va ganando en las encuestas», «Un político español», «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk»

Habrá que esperar y esperar A que aparezca un político honrado

La canción no habla de personas LGTBI. Habla de una desconfianza muy extendida, que también existe dentro del colectivo. Muchas personas gais, lesbianas, bisexuales y trans han sentido que los partidos se acordaban de ellas solo en junio, con una bandera en el balcón, y se olvidaban el resto del año. El diario dedica un texto a esa espera sentada, y otro al humor político del planeta en general.

Lo interesante es ver las dos canciones juntas. «Un político español» desconfía de todos. «Vota Malena Gracia» se inventa una candidata de purpurina. Entre la desconfianza y la fantasía está la realidad: personas concretas, con sus aciertos y sus errores, que se presentaron a unas elecciones sin esconder quiénes eran.

Lo que cuesta ser el primero

Ser el primero en algo tiene un precio que casi nunca se ve. El primer político gay, la primera concejala trans, la primera senadora: todos tuvieron que soportar preguntas que nadie hace a los demás. Si su orientación sexual iba a influir en sus decisiones. Si estaban ahí por cuota. Si iban a hablar solo de temas LGTBI. Si su pareja iba a ir a los actos oficiales. Y, en muchos casos, insultos, amenazas y burlas en la prensa y en la calle.

También tuvieron que soportar la presión contraria: la de representar a todo un colectivo. Cuando eres el único, cada error que cometes se convierte en un error de todos. Cada declaración se lee como la opinión del colectivo entero. Es una carga muy pesada, y explica por qué durante tanto tiempo tantos políticos prefirieron callar.

El diario del planeta habla de salir del armario y la salud mental, y mucho de lo que cuenta vale para cualquier persona que decide hacerlo en un escenario público: el alivio y el miedo llegan juntos.

Lo que ve un chaval de pueblo en la tele

Hay una dimensión de la representación política que no se mide en escaños. Es lo que ve un adolescente LGTBI cuando pone el telediario en casa de sus padres, en un pueblo donde no conoce a nadie como él. Si en la pantalla aparece una ministra, un alcalde o una senadora que habla con naturalidad de su pareja, ese chaval recibe un mensaje que no ha recibido en ningún otro sitio: que se puede llegar lejos sin esconderse.

Durante décadas, ese mensaje no existió. Los únicos personajes LGTBI que aparecían en la televisión española eran caricaturas, chistes de humorista o noticias de sucesos. Que un político serio dijera que era gay, y que no pasara nada, fue para mucha gente de pueblo una revelación silenciosa. El diario del planeta habla de ello en el texto sobre crecer queer en un pueblo.

Por eso las primeras veces importan tanto. No porque una persona sola cambie las leyes, sino porque cambia la idea de lo posible. El chaval que vio a Antonelli jurar su cargo, o a Zerolo hablando en un pleno, quizá no recuerde ninguna de sus propuestas. Pero recuerda que estaban ahí.

Votar también es un gesto cotidiano

Y luego está el voto en sí, que es un gesto pequeño y muy cotidiano. Hacer cola en un colegio electoral un domingo por la mañana, saludar a la vecina que está en la mesa, buscar la papeleta, meter el sobre en la urna. Para muchas personas LGTBI mayores, que vivieron la dictadura y la persecución, ese gesto tiene un peso especial. Recuerdan un tiempo en que no podían votar y en que su vida era delito.

El planeta convierte el voto en un número de cabaret, con candidatas galácticas y encuestas imposibles. Pero debajo del chiste está esa misma idea: que elegir quién te representa forma parte de la libertad, y que las personas que durante siglos no fueron tenidas en cuenta tienen derecho a reírse de la política y, a la vez, a participar en ella.

La política como escenario camp

Hay algo que el planeta entiende muy bien y que la política real a veces olvida: la política también es espectáculo. Hay carteles, mítines, eslóganes, debates televisados y noches electorales con confeti. Lo camp no inventa nada cuando convierte unas elecciones en un número de cabaret. Solo exagera lo que ya está ahí.

Ficha de la canción «Vota Malena Gracia» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Malena Gracia como candidata galáctica tiene ese sentido. Es una figura de la televisión y del destape, una vedette con tono de fiesta, puesta en el lugar donde normalmente hay un señor serio con gafas. La parodia no se ríe de ella. Se ríe de la solemnidad de la política, y al mismo tiempo reivindica que la belleza, la alegría y el exceso también tienen algo que decir frente al poder.

En la historia real hay ecos de eso. Muchas campañas por los derechos LGTBI se ganaron en la calle con tacones, plumas y carrozas, no solo en los despachos. El Orgullo es, entre otras cosas, una manifestación política vestida de fiesta. Y las primeras personas LGTBI que llegaron a cargos públicos lo hicieron, en muchos casos, empujadas por esa energía colectiva.

Una urna en el planeta

Si el Planeta Gayfolk tuviera urnas de verdad, ¿qué se votaría? Viendo las canciones, se pueden adivinar algunos puntos del programa. Libertad para amar a quien se quiera. Derecho a ser ridículo, que diría «Marica chill». Fin de la impunidad para los narcisistas. Plazas con nombres de personas que lucharon. Muchas canciones de Camela en el coche. Y, sobre todo, la prohibición absoluta de vender el planeta al mejor postor.

Es un programa de broma, claro. Pero detrás de la broma hay una idea seria: que la política también debería servir para cuidar los lugares donde la gente puede ser ella misma. El planeta es, según su autor, un refugio. Las elecciones galácticas son la manera cómica de decir que ese refugio hay que defenderlo.

Del escaño a la calle

Un cuarto de siglo después de la vitrina de Iceta, el panorama es muy distinto. Hay ministros, alcaldes, senadoras y concejales abiertamente LGTBI en partidos de casi todo el arco parlamentario. Ya no es noticia que un candidato tenga marido. Y, sin embargo, no está todo hecho. Siguen faltando referentes en muchos pueblos y en muchas comunidades, y las personas trans siguen teniendo una presencia mínima en las instituciones.

Queda también una tarea menos visible: que las personas LGTBI que llegan a un cargo puedan equivocarse, discutir, cambiar de opinión y perder elecciones como cualquier otra, sin que cada tropiezo se convierta en un juicio sobre todo el colectivo. La igualdad real en política se parece mucho a la de la vida cotidiana. No consiste en ser perfectos, sino en tener el mismo derecho a ser normales, aburridos o geniales según el día, igual que los demás.

La frase de Iceta en 1999 sigue siendo el mejor objetivo: luchar para que un acto así deje de ser noticia. Cuando eso pase del todo, ya no hará falta escribir artículos como este. Mientras tanto, el planeta seguirá celebrando sus elecciones galácticas, con candidatas de purpurina y encuestas imposibles, para recordar que la representación también se imagina antes de conseguirse.

La página de prensa recoge las fechas de la trilogía, y el primer álbum, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», es donde empezó esta campaña. «Vota Malena Gracia» está en Spotify. La crónica de 1999 se puede leer en el archivo de El País y la designación de Carla Antonelli como senadora, en RTVE.

Preguntas frecuentes

¿Quién fue el primer político español en declararse gay en público?

Miquel Iceta, el 12 de octubre de 1999, en un acto en Barcelona durante la campaña de las elecciones catalanas. Dijo que no salía del armario, sino que bajaba de la vitrina.

¿Quién fue la primera persona trans con un cargo electo en un parlamento en España?

Carla Antonelli, diputada en la Asamblea de Madrid desde 2011. En 2023 se convirtió además en la primera mujer trans en el Senado.

¿Qué son las elecciones galácticas de «Vota Malena Gracia»?

Es la historia que Mike Sain't Louis cuenta en la presentación del videoclip: dos multimillonarios quieren comprar el Planeta Gayfolk y, para impedirlo, se convocan elecciones con Malena Gracia y Noemí Argüelles como símbolos de una resistencia llena de color. Es una sátira camp.

¿Este artículo pide el voto para algún partido?

No. Repasa la historia de la visibilidad LGTBI en la política española y la pone al lado de las canciones del planeta, que tratan la política con humor.

¿De qué disco es «Vota Malena Gracia»?

Del primer álbum de la trilogía GAYFOLK, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño.

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