Planeta Gayfolk

Cultura LGTBI

Un falso amore y la Italia de verdad: del confino en las islas Tremiti y Pasolini al FUORI!, el Orgullo de Roma y las uniones civiles (2016), leído con las letras del Planeta Gayfolk

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Portada de «Un falso amore se ha llevado mis bañadores de marca», canción de Mike Sain't Louis

«Un falso amore se ha llevado mis bañadores de marca», del primer disco del Planeta Gayfolk, es la historia de un engaño contada con mala leche. Un novio que miente desde el primer día, que se marcha con lo que no es suyo y que, entre otras cosas, se inventa una nacionalidad. El título lo resume con una palabra prestada del italiano:

Un falso amore se ha llevado mis bañadores de marca

Amore. En España usamos el italiano para ponernos tiernos o para hacernos los interesantes, y en el planeta esa palabra es casi siempre sospechosa. En la canción, el novio que se ha ido decía ser medio italiano. En «En un musical gay», otro personaje se presentaba igual:

como medio italiano

Medio italiano como disfraz, como promesa de algo más elegante que la realidad. Italia, en el imaginario de mucha gente, es la tierra del amor de película, de las vespas y de los veranos. Pero la historia real de las personas LGTBI en Italia es bastante menos de postal. Tiene islas de castigo, un poeta asesinado en una playa, dos chicos muertos en Sicilia y una ley de uniones civiles que llegó tarde y a medias. Este texto la recorre, y la pone al lado de unas letras sobre amores falsos y de amores que reclaman su sitio.

1889: un código que no nombró el delito

La historia empieza con una paradoja. Cuando Italia se unificó, cada territorio traía sus propias leyes. El Código Penal del Reino de Cerdeña, de 1859, castigaba los actos «contra natura» entre hombres, y durante los primeros años del nuevo reino se aplicó en buena parte del país, aunque no en todo.

En 1889 se aprobó el primer Código Penal común para toda Italia, el llamado Código Zanardelli, por el nombre del ministro de Justicia Giuseppe Zanardelli. Entró en vigor en 1890 y tenía una particularidad: no castigaba las relaciones sexuales consentidas entre hombres adultos. La figura simplemente desapareció del texto.

No fue un gesto de tolerancia en el sentido moderno. La idea dominante entre los juristas era que ciertas cosas era mejor no nombrarlas, y que la ley penal no debía meterse en lo que ocurría en privado mientras no hubiera escándalo. Pero el resultado fue que Italia quedó entre los países europeos que, ya a finales del siglo XIX, no tenían un delito de homosexualidad en el código.

1930: el silencio de Rocco

Con el fascismo llegó un nuevo Código Penal, el Código Rocco, de 1930, que lleva el nombre del ministro Alfredo Rocco. Durante su redacción se planteó introducir un artículo que castigara las relaciones homosexuales. Finalmente, ese artículo no se incluyó.

Los historiadores que han estudiado aquel debate coinciden en el motivo: al régimen le interesaba más el silencio que la condena. Reconocer en el código que existía la homosexualidad era, para la propaganda de la virilidad fascista, admitir que había italianos que no encajaban en el modelo. Mejor no escribirlo. Mejor que no existiera, al menos sobre el papel.

Ese silencio no significaba libertad. El código sí castigaba los actos obscenos en lugar público y las ofensas al pudor, y la policía tenía herramientas administrativas para apartar de la vida pública a quien considerara peligroso. El castigo, en vez de pasar por los tribunales, pasaba por las comisarías.

La isla de San Domino

La herramienta más dura fue el confino, una medida policial que permitía enviar a una persona a vivir en un lugar aislado sin necesidad de juicio. Se usó sobre todo contra opositores políticos, pero también contra hombres señalados como homosexuales.

Mike Sain't Louis en un escenario con foco rosa y un planeta con anillos, con el verso «Hasta nunca Falso Amore» de «Un falso amore se ha llevado mis bañadores de marca»

El caso más documentado es el de Catania. Entre 1938 y 1939, por iniciativa de la jefatura de policía de esa ciudad siciliana, decenas de hombres acusados de ser homosexuales fueron detenidos y enviados al confino en San Domino, una pequeña isla del archipiélago de las Tremiti, en el Adriático. Allí vivieron en barracones, vigilados, lejos de sus familias, por el único motivo de su deseo.

Durante décadas, esa historia apenas se contó. Los hombres que pasaron por la isla volvieron a casa y, en muchos casos, guardaron silencio sobre lo ocurrido. Fue el trabajo posterior de investigadores, periodistas y del propio movimiento LGTBI italiano el que sacó a la luz los expedientes y los nombres. Hoy San Domino es un lugar de memoria, y su historia se cuenta en libros, documentales y obras de teatro.

En «Madrid to Benidorm», el planeta tiene un verso que, leído junto a aquella isla, cambia de peso:

For every heart that’s been denied,

Por cada corazón al que se le ha negado algo. En la canción es un verso de Orgullo, de carretera y de fiesta. Al lado de los barracones de San Domino, suena a deuda pendiente.

La posguerra: discreción y cine

Después de la guerra, la República italiana mantuvo el Código Rocco, y con él aquel silencio ambiguo. No había delito de homosexualidad, pero tampoco reconocimiento. La vida de gais y lesbianas transcurría en la discreción, en ciertos bares, en ciertas playas, en ciertos círculos artísticos donde todo el mundo sabía y nadie decía.

El cine italiano de aquellas décadas, que dio al mundo algunas de sus películas más famosas, rara vez mostraba personajes homosexuales de forma abierta, y cuando lo hacía solía ser como caricatura o como drama. La Italia de la dolce vita, la que exportaba glamour, no tenía sitio en la pantalla para dos hombres que se quisieran sin esconderse.

Esa discreción tenía un coste. Las denuncias por escándalo público, los despidos y la presión de la familia y de la Iglesia hacían que salir del armario fuera, para la mayoría, impensable. El silencio de la ley se había trasladado a la vida.

Las mujeres que también estaban

En casi todos los relatos sobre la Italia de aquellos años, las protagonistas son hombres. Las mujeres que querían a otras mujeres aparecen poco, y no porque no existieran. El silencio del código les afectaba de otra manera: si el deseo entre hombres era algo que había que callar, el deseo entre mujeres ni siquiera se consideraba digno de mención.

Hay excepciones que la historia ha ido recuperando. La escritora Sibilla Aleramo, autora de «Una mujer» (1906), una de las primeras novelas feministas italianas, vivió hacia 1908 una relación amorosa con la poeta y activista Lina Poletti, de la que quedan cartas y poemas. Durante mucho tiempo, esa parte de su biografía se contó a media lengua o directamente se omitió.

En los años setenta, muchas lesbianas italianas encontraron su sitio en los colectivos feministas antes que en los grupos homosexuales mixtos, donde a menudo se sentían invisibles. De esos colectivos salieron revistas, centros de documentación y grupos propios que, con los años, pusieron nombre a una experiencia que la ley y la sociedad habían preferido no ver.

Es una pauta que se repite en muchos países, también en España: la historia LGTBI se escribe primero con nombres de hombres, y las mujeres hay que buscarlas en las cartas, en los márgenes y en los archivos de los movimientos feministas.

1971: FUORI!

Las cosas empezaron a cambiar con la ola de movimientos de finales de los sesenta. En 1971 se fundó en Turín el FUORI!, siglas de Fronte Unitario Omosessuale Rivoluzionario Italiano. El nombre era un juego: fuori significa fuera, y el signo de exclamación lo convertía en una consigna. Fuera del armario, fuera del silencio.

Entre sus fundadores estaba el librero Angelo Pezzana, y el grupo publicó una revista con el mismo nombre. Pero su acto más recordado llegó el 5 de abril de 1972 en Sanremo, la ciudad del famoso festival de la canción. Allí se celebraba un congreso internacional que trataba la homosexualidad como una desviación sexual. Un grupo de activistas del FUORI! y de otros colectivos europeos se plantó delante con pancartas. Se considera la primera protesta pública de un grupo homosexual en Italia.

En «En un musical gay» hay un verso que podría haber ido en una de aquellas pancartas, sobre la clase de persona que hace falta para estar ahí:

¡y por supuesto muy necesaria!

La canción lo dice de una forma de estar en el escenario: ordinaria, estrafalaria, revolucionaria. Los de Sanremo eran exactamente eso, y por supuesto, muy necesarios.

Pasolini en Ostia

Ninguna historia LGTBI de Italia puede pasar por alto a Pier Paolo Pasolini, poeta, novelista y cineasta nacido en Bolonia en 1922. Su homosexualidad le costó cara desde joven: en 1949, tras una denuncia en un pueblo del Friuli, fue procesado y expulsado del Partido Comunista. Se marchó a Roma con su madre y allí construyó una de las obras más importantes del siglo XX italiano.

Collage con un detalle de la carátula de «Un falso amore se ha llevado mis bañadores de marca» y las carátulas de «En un musical gay», «Madrid to Benidorm»

En la noche del 1 al 2 de noviembre de 1975, Pasolini fue asesinado en una explanada junto al mar en Ostia, a las afueras de Roma. Un joven de diecisiete años, Pino Pelosi, fue detenido esa misma noche y condenado. Muchos años después, en 2005, Pelosi dijo en televisión que no había actuado solo, y la investigación se reabrió, aunque volvió a archivarse sin nuevas condenas. Quién mató a Pasolini, y por qué, sigue siendo para mucha gente una pregunta abierta.

Su muerte quedó como emblema de muchas cosas a la vez: de la violencia contra los hombres homosexuales, del miedo a los intelectuales incómodos, de una Italia que no sabía qué hacer con alguien como él. Para el movimiento LGTBI italiano, Ostia es todavía un lugar de peregrinación.

Giarre, 1980

Cinco años después, otra muerte sacudió al país. En octubre de 1980, en Giarre, un pueblo de la provincia de Catania, aparecieron los cuerpos de dos jóvenes, Giorgio Agatino Giammona y Antonio Galatola, muertos de un disparo. Se conocían y en el pueblo se decía que eran pareja. A Giorgio, años antes, le habían puesto un apodo despectivo por ser homosexual.

La investigación nunca llegó a aclarar del todo lo ocurrido. Un familiar menor de edad se acusó del crimen y luego se retractó. Lo que sí quedó claro fue el contexto: dos chicos que no podían vivir su relación en su pueblo y que acabaron muertos. Durante años se habló de que la propia comunidad les había empujado a esa situación, aunque nunca se probó.

El caso de Giarre tuvo una consecuencia directa. A finales de ese mismo año, en Palermo, un grupo de activistas fundó el primer círculo de lo que luego sería Arcigay, la asociación LGTBI más grande de Italia, que se constituyó a nivel nacional en 1985. De aquella tragedia salió una organización que sigue hoy en marcha.

Bolonia y el Cassero

En 1982, el ayuntamiento de Bolonia hizo algo que nadie había hecho antes en Italia: cedió un espacio público a un colectivo homosexual. El Circolo 28 giugno, que llevaba el nombre de la fecha de Stonewall, recibió la Porta Saragozza, una de las antiguas puertas de la muralla. Allí nació el Cassero, hoy uno de los centros LGTBI de referencia del país.

La decisión provocó protestas, sobre todo de sectores católicos, que consideraban un escándalo que un monumento de la ciudad acogiera a un grupo gay. Pero Bolonia, una ciudad con una larga tradición de gobiernos de izquierdas y una universidad muy activa, mantuvo la cesión. Con los años el Cassero cambió de sede, pero su nombre sigue siendo una referencia.

Bolonia fue también la ciudad de Marcella Di Folco, actriz en películas de Fellini y activista trans, que en 1995 fue elegida concejala. Se la recuerda como una de las primeras personas trans en ocupar un cargo público electo en Italia, y presidió durante años el Movimiento Identità Trans.

1982: la ley que dejó cambiar el nombre

Ese mismo 1982, el Parlamento aprobó la Ley 164, de 14 de abril, que permitía a las personas trans cambiar el sexo en el registro civil. Pocos países europeos tenían entonces una ley así, y llegó, en buena parte, gracias a la presión de activistas trans que se habían manifestado en Milán y en Roma.

La ley tenía límites importantes. En la práctica, durante décadas, los tribunales exigieron una cirugía de reasignación para autorizar el cambio. Fue en 2015 cuando el Tribunal de Casación y luego el Tribunal Constitucional establecieron que esa operación no podía ser un requisito obligatorio. Aun así, el proceso sigue pasando por los juzgados, y muchas asociaciones reclaman un sistema más sencillo.

Roma, 1994, y el Jubileo de 2000

El 2 de julio de 1994 se celebró en Roma la primera marcha nacional del Orgullo en Italia. Miles de personas recorrieron el centro de la capital, a pocos kilómetros del Vaticano, en una ciudad donde la presencia de la Iglesia se nota en cada esquina. Desde entonces, el Orgullo de Roma es una de las grandes citas del calendario.

Mike Sain't Louis en un callejón nocturno con espejos de feria y un planeta magenta, con el verso «Falso falso falso falso falso Amore ¡Qué asco de explicaciones!» de «Un falso amore se ha llevado mis bañadores de marca»

Seis años después, en 2000, Roma acogió el primer WorldPride, justo durante el Jubileo católico. El Vaticano y una parte del Gobierno italiano pidieron que no se celebrara, o que se trasladara a otra fecha. Los organizadores siguieron adelante, y el 8 de julio de 2000 decenas de miles de personas desfilaron por la ciudad según la prensa de la época. Fue un pulso que el movimiento ganó en la calle.

En «Madrid to Benidorm» el planeta celebra su propio Orgullo, de ciudad en ciudad, con un verso que encaja con aquellas calles:

In every city, me and you.

En cada ciudad, tú y yo. También en la que tiene una basílica en cada barrio. La historia paralela de la capital española, de la manifestación de 1978 al WorldPride de 2017, está en otro texto del diario: «Orgullo de Madrid: de 1978 al WorldPride».

Un número al que llamar

Leer sobre islas de confinamiento, asesinatos y familias que dan la espalda puede remover cosas. Si te ha pasado algo parecido, o si estás pasando un mal momento, no tienes que llevarlo solo. En España, el 024 atiende a cualquier persona con pensamientos de hacerse daño o que necesite hablar, gratis y a cualquier hora, y el 112 es el número para emergencias. También puedes llamar al Teléfono de la Esperanza (717 003 717) o a la línea de atención de la FELGTBI+ (913 604 605). En Italia existe la Gay Help Line (800 713 713). Si vives en otro país, en findahelpline.com encontrarás las líneas de ayuda que te corresponden.

2006: Luxuria en el Parlamento

En las elecciones de abril de 2006, Vladimir Luxuria, actriz, presentadora y activista, fue elegida diputada por Rifondazione Comunista. Se convirtió en la primera persona abiertamente trans en entrar en un parlamento nacional en Europa.

Su llegada a la Cámara no fue sencilla. Hubo comentarios despectivos de otros diputados, polémicas por el baño que debía usar y una atención mediática constante. Pero su presencia cambió algo: por primera vez, una mujer trans hablaba desde un escaño, con la misma legitimidad que cualquier otro representante. Luxuria no repitió en el siguiente Parlamento, pero siguió siendo una figura muy conocida de la televisión y del activismo.

Oliari contra Italia

Durante los años 2000, mientras España aprobaba el matrimonio igualitario en 2005, Italia seguía sin ninguna forma de reconocimiento para las parejas del mismo sexo. Varios intentos de ley naufragaron en el Parlamento, en parte por la presión de la Iglesia y de los partidos más conservadores.

En 2010, el Tribunal Constitucional, en su sentencia 138, dijo que la Constitución no obligaba a abrir el matrimonio a las parejas del mismo sexo, pero que estas parejas tenían derecho a algún tipo de reconocimiento y que correspondía al Parlamento regularlo. El Parlamento no lo hizo.

Fue Europa quien dio el empujón definitivo. El 21 de julio de 2015, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en el caso Oliari y otros contra Italia, condenó al país por no ofrecer ninguna protección legal a las parejas del mismo sexo, lo que vulneraba el derecho al respeto de la vida privada y familiar. Italia ya no podía seguir esperando.

2016: las uniones civiles

La respuesta fue la Ley 76, de 20 de mayo de 2016, conocida como Ley Cirinnà por la senadora Monica Cirinnà, que la impulsó. Se aplica desde el 5 de junio de 2016 y creó las uniones civiles entre personas del mismo sexo, con derechos similares a los del matrimonio en herencia, pensiones o residencia.

Ficha de la canción «Un falso amore se ha llevado mis bañadores de marca» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Pero la ley se quedó a medias. Durante la negociación en el Senado se eliminó la llamada stepchild adoption, la posibilidad de adoptar al hijo biológico de la pareja. El Gobierno de Matteo Renzi tuvo que someter el texto a una cuestión de confianza para sacarlo adelante. Y el resultado no fue un matrimonio, sino una figura distinta, con otro nombre, que muchas parejas celebraron y muchas otras vivieron como una victoria incompleta.

Aun así, en el verano de 2016 empezaron a celebrarse las primeras uniones en ayuntamientos de toda Italia. Para muchas parejas que llevaban décadas juntas, fue la primera vez que el Estado reconocía que existían.

Lo que no llegó

Desde entonces, los avances se han frenado. El DDL Zan, un proyecto de ley contra la discriminación y la violencia por orientación sexual e identidad de género que llevaba el nombre del diputado Alessandro Zan, fue aprobado por la Cámara en noviembre de 2020. Pero el 27 de octubre de 2021 el Senado votó para frenarlo, y el aplauso de una parte de la cámara tras la votación dio la vuelta al mundo.

El matrimonio entre personas del mismo sexo sigue sin estar permitido, y la adopción tampoco. En los últimos años, además, ha habido retrocesos en el reconocimiento de los hijos de parejas del mismo sexo: en 2023, la fiscalía de Padua impugnó decenas de actas de nacimiento de niños con dos madres. Las asociaciones LGTBI italianas siguen saliendo a la calle cada junio con las mismas reivindicaciones.

Medio italiano

Volvamos a los dos personajes del planeta que decían ser medio italianos. En «Un falso amore se ha llevado mis bañadores de marca», el engaño sale a la luz poco a poco, y la canción termina despidiéndose con una frase que no deja lugar a dudas:

Hasta nunca Falso Amore

El amore falso es el de la postal, el del acento impostado y la promesa de algo más bonito que la realidad. La Italia de verdad, la que se ha contado aquí, no tiene nada de falso: está hecha de gente que fue enviada a una isla por querer a otros hombres, de un poeta muerto en una playa, de dos chicos de Sicilia y de miles de personas que han marchado por Roma, Bolonia, Milán o Palermo para que su amor tuviera nombre en la ley.

Nadie en el planeta se cree experto en Italia. Este repaso solo junta episodios poco conocidos al otro lado del Mediterráneo con unas letras escritas en Madrid que tocan lo mismo desde lejos: de amores que se esconden, de amores que mienten y de amores que, al final, se plantan en la calle sin pedir permiso. La historia de las islas Tremiti y la de Ostia también son, de alguna forma, nuestras.

Créditos

«Un falso amore se ha llevado mis bañadores de marca» y «En un musical gay» forman parte de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», primer disco de la trilogía GAYFOLK; la primera se puede escuchar en Spotify. «Madrid to Benidorm» cierra el círculo desde «El día de la liberación», el tercer álbum. Sobre la primera canción hay una nota en el diario, «Mentiras pequeñas», y sobre las otras dos, «Ordinaria y necesaria» y «Himno del Orgullo en carretera». Mike Sain't Louis escribe las letras y compone y produce la música; la parte vocal y los arreglos se generan con herramientas de inteligencia artificial a partir de ese material. Ninguna de estas canciones habla de Italia y sus personajes son inventados. Lo que se cuenta del confino, el FUORI!, Pasolini, Giarre, el Cassero y las leyes italianas procede de hechos ya publicados. Todas las canciones de la trilogía se pueden consultar en el catálogo, y quien escriba sobre el proyecto tiene fotos y notas en la sección de prensa.

Preguntas frecuentes

¿Era delito la homosexualidad en la Italia unificada?

No. El Código Zanardelli, aprobado en 1889 y en vigor desde 1890, no castigaba las relaciones sexuales consentidas entre hombres adultos, y el Código Rocco de 1930, ya bajo el fascismo, tampoco incluyó un delito específico. La persecución llegó por otras vías, como el confino policial y los delitos de escándalo público.

¿Qué pasó en la isla de San Domino?

Entre 1938 y 1939, decenas de hombres de la provincia de Catania acusados de ser homosexuales fueron enviados al confino en San Domino, en el archipiélago de las Tremiti, por orden de la policía fascista y sin juicio.

¿Qué fue el FUORI!?

El Fronte Unitario Omosessuale Rivoluzionario Italiano, fundado en Turín en 1971. El 5 de abril de 1972 protagonizó en Sanremo la primera protesta pública de un grupo homosexual en Italia, contra un congreso que trataba la homosexualidad como una desviación.

¿Desde cuándo hay uniones civiles entre personas del mismo sexo en Italia?

Desde el 5 de junio de 2016, cuando entró en vigor la Ley 76/2016, conocida como Ley Cirinnà. El texto final no incluyó la adopción del hijo de la pareja, y el matrimonio entre personas del mismo sexo sigue sin estar permitido.

¿Qué es el DDL Zan?

Un proyecto de ley contra la discriminación y la violencia por orientación sexual, identidad de género y discapacidad. La Cámara de Diputados lo aprobó en noviembre de 2020, pero el Senado lo frenó el 27 de octubre de 2021 y no llegó a aprobarse.

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