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Menú degustación de «La lengua equivocada»: ocho pases, una corte con lenguas larguísimas y una mesa en mitad de la tormenta

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Portada de «La lengua equivocada», canción de Mike Sain't Louis: un diablo coqueto con cuernos, capa de raso fucsia, pendientes, cadenas y una pequeña cruz al cuello saca una lengua larga, rosada y con textura de serpiente; el título va en tipografía de cartel antiguo con adornos

Los restaurantes que se toman en serio a sí mismos no tienen carta, tienen menú degustación. Una secuencia cerrada de platos pequeños, cada uno con su nombre poético, su origen y su maridaje, que el camarero presenta con una frase ensayada antes de dejarlo en la mesa. El comensal no elige: se deja llevar por el orden que ha decidido la cocina.

El videoclip de «La lengua equivocada» funciona exactamente así. No cuenta una historia lineal, sino que encadena escenas en las que casi siempre hay una mesa puesta: en un bosque nevado, en un salón de palacio, en mitad del mar, en una plaza de toros cubierta de nieve. Y en varias de esas mesas, los comensales sacan unas lenguas larguísimas. Así que aquí va su carta, plato por plato.

Antes del primer pase, la advertencia de la casa. La letra de «La lengua equivocada» todavía no se ha publicado, y en este post no se copia ni se inventa ningún verso. El material de la cocina es la portada, el videoclip oficial, la descripción que lo acompaña en YouTube, la nota de Mike en su diario y la posición de la canción en el disco. Cuando diga lo que a mí me parece, lo diré con esas palabras.

Nota del chef: la lengua también sirve para saborear

El título admite muchas lecturas. La lengua que habla de más, la que besa a quien no debía, el idioma que no toca. Todas están ahí, y hay otros textos que ya las recorren. Este menú se queda con una que suele olvidarse: la lengua es, ante todo, el órgano del gusto.

Durante buena parte del siglo XX se enseñó en los colegios el llamado mapa de la lengua: lo dulce en la punta, lo amargo al fondo, lo salado y lo ácido en los bordes. Era falso. Venía de un estudio alemán de 1901 que solo hablaba de pequeñas diferencias de sensibilidad, y que décadas después se resumió mal en un dibujo que todo el mundo copió. Hoy se sabe que los receptores de los distintos sabores están repartidos por toda la lengua. Tampoco son solo cuatro: en 1908 el químico japonés Kikunae Ikeda identificó un quinto sabor, el umami, el de los caldos y los quesos curados.

Me gusta empezar por ahí porque el videoclip juega con lo mismo. Una lengua equivocada puede ser también una lengua que saborea lo que no debía, o que lo saborea demasiado. Y el vídeo, mi lectura es esta, está lleno de gente que no sabe dejar de probar.

Presentación de la casa: el diablo de la portada

Antes de servir, el restaurante enseña su imagen. La de esta casa es la portada del single, que Mike describió en su web con detalle: un diablo con cuernos, una capa de raso fucsia, pendientes, cadenas y una crucecita colgada del cuello, que mira con cara de estar tentando a alguien. Lo que más llama la atención es la lengua, larga, rosada y con textura de piel de serpiente. La tipografía del título, de cartel antiguo con adornos, le da un aire de estampa vieja.

Para este menú, me quedo con dos detalles de esa imagen. El primero es la cruz. Un diablo que lleva una cruz al cuello es una contradicción deliberada, y las contradicciones son la especialidad de la casa: en el vídeo veremos aristócratas que se comportan como bestias y demonios que visten como nobles. El segundo es el color. El fucsia no es el rojo del infierno clásico, es un rojo pasado por la pista de baile. Es un diablo que se ha arreglado para salir.

Si la portada fuera el cartel de un restaurante, prometería una cocina provocadora, que no pide permiso y que se ríe un poco de quien se escandaliza. El resto del menú cumple esa promesa.

Aperitivo: el pasillo de los bodegones dorados

Escenario: una nave larga, con cortinas blancas y mesas a ambos lados. Comensal: un hombre joven con traje blanco y una bolsa negra en la mano.

Fotogramas del videoclip oficial de «La lengua equivocada», de Mike Sain't Louis

El primer plano que tengo apuntado muestra a un chico que avanza por un pasillo muy largo, como una lonja o un mercado cubierto. A los lados, en mesas blancas, hay filas de figuras doradas y piezas oscuras, como si fueran un bodegón infinito. Él camina sin mirar, con la bolsa en la mano, como quien va a la compra en un sitio donde todo es demasiado caro.

En la cocina, el aperitivo sirve para abrir el apetito. Aquí la función es la misma: el pasillo es una promesa de abundancia. Todavía no se come nada, pero todo está ahí.

En otro plano temprano, otro chico, con chaleco blanco bordado en azul, el pecho al aire y tatuajes en el brazo, posa en un patio de paredes ocres con geranios rojos y una puerta de madera. Parece un patio de Italia o del sur de España. Las etiquetas del vídeo mencionan #madrid y #benidorm, así que la carta tiene, al menos en sus palabras clave, sabor de aquí.

Entrante frío: la mesa de cristal en el bosque nevado

Escenario: un bosque de abetos cubierto de nieve. Mesa: de cristal o hielo. Comensal: un hombre con un abrigo de piel blanca.

Uno de los platos más llamativos del menú se sirve a la intemperie. En mitad de un bosque nevado hay una mesa transparente, puesta con platos y copas que parecen de hielo, y sillas también transparentes. Un hombre con un gran abrigo de piel blanca está sentado solo, y la cámara lo enfoca de frente, muy quieto, rodeado de nieve.

En la gastronomía de autor, los entrantes fríos sirven para limpiar el paladar. Esta escena hace algo parecido: después del exceso del pasillo dorado, todo es blanco, silencioso y vacío. Pero el comensal está solo. La mesa es para varios y nadie más ha venido.

Mi impresión, y la doy así, es que es la imagen más triste del vídeo. Hay banquete, pero no hay con quién hablar. Y una lengua que no tiene a quién hablar se queda, literalmente, helada.

Plato de la corte: pelucas empolvadas y lenguas que cruzan la mesa

Escenario: un comedor de palacio con lámpara de araña. Comensales: damas y caballeros con pelucas blancas y casacas rojas, al estilo del siglo XVIII.

Aquí el menú se vuelve barroco. Una mesa larguísima en un salón con lámpara de cristal, y a los lados, aristócratas con pelucas empolvadas, casacas bordadas y encajes. Al fondo, unas figuras sacan lenguas que se estiran por encima del mantel, como tentáculos. En otro plano parecido, varios cortesanos de rojo, alrededor de una mesa con tartas, sacan también lenguas largas hacia la comida.

Las cortes europeas convirtieron la comida en espectáculo. En Versalles, Luis XIV cenaba muchas noches en público, en una ceremonia que se llamaba el «grand couvert»: los cortesanos podían entrar a mirar cómo comía el rey. Comer era un acto político, una forma de exhibir poder y abundancia ante quienes no comían igual.

Las lenguas estiradas de la escena son, en mi lectura, la versión grotesca de esa ceremonia. No se conforman con lo que tienen en el plato: van a por el del vecino. Y una corte es justo el sitio donde las lenguas trabajan sin descanso, saboreando y, sobre todo, comentando lo que hace el de enfrente.

Plato del mar: la cena en mitad de la tormenta

Escenario: el océano, con olas y rayos. Mesa: de madera, con mantel blanco y candelabros encendidos. Comensales: un grupo vestido de gala.

Collage con un detalle de la carátula de «La lengua equivocada» y las carátulas de «Beats Drop Time Stops», «Drift Away», «Tus fotopollas»

Este plato es el más cinematográfico. Una mesa larga, servida con todo el cuidado de una cena formal, flota o está plantada en mitad de un mar embravecido. Las olas rompen alrededor, el cielo está negro y caen rayos. Los comensales, hombres y mujeres con ropa elegante, siguen sentados a la mesa como si nada.

La imagen recuerda a la famosa leyenda de la orquesta del Titanic, que siguió tocando mientras el barco se hundía. Aquí es la cena la que sigue. Mi lectura es que la escena retrata una forma muy concreta de negación: mantener las formas, el mantel y los candelabros, mientras todo alrededor se viene abajo. Hay familias y grupos de amigos que funcionan así. Nadie nombra la tormenta y todos siguen pasándose la sal.

Plato fuerte: los demonios con gorguera

Escenario: un salón oscuro con columnas. Comensales: criaturas de piel rojiza, con cuernos o crestas, vestidas con jubones y gorgueras blancas. Rasgo común: lenguas larguísimas.

El plato principal del menú es el más inquietante. Alrededor de una mesa con velas y platos de comida, unas criaturas con aspecto de demonio, de piel roja, ojos saltones y crestas puntiagudas, visten ropa de corte del siglo XVI: jubones y gorgueras, esos cuellos blancos de lienzo plisado que llevaban los nobles en los retratos de la época. Todas sacan la lengua, larga y fina, hacia los platos o hacia los demás.

La portada del single ya mostraba a un diablo, muy coqueto, con capa fucsia, pendientes y una lengua de serpiente. El vídeo multiplica esa figura y la sienta a cenar en sociedad. La gorguera es un detalle interesante: era una prenda que obligaba a mantener la cabeza erguida y que marcaba la clase social de quien la llevaba. Ponérsela a un demonio es casi un chiste sobre la respetabilidad.

En la tradición cristiana, la gula es uno de los pecados capitales: aparece en la lista que fijó el papa Gregorio Magno a finales del siglo VI, y antes ya figuraba en la del monje Evagrio Póntico. Pero la gula no se refería solo a comer de más; también a comer con demasiada ansia o de forma demasiado refinada. Mi lectura es que el banquete de los demonios mezcla ese pecado con otro, el de la lengua que habla. Comen y critican a la vez. Es la mesa de las malas lenguas.

Guarnición: la plaza de toros nevada

Escenario: una plaza de toros con el ruedo cubierto de nieve. Comensal: un hombre con gorro negro y un plato en la mano.

Entre los platos fuertes aparece una escena suelta y extraña. Un hombre con barba, gorro de lana negro y ropa de abrigo sostiene un plato blanco con algo de comida y lo ofrece hacia la cámara. Detrás de él se ve el graderío de una plaza de toros, y el ruedo está cubierto de nieve.

Es una imagen que no se explica y que yo tampoco voy a explicar del todo. Me limito a apuntar lo que se ve: un espacio asociado a la sangre y al calor del verano, convertido en un desierto blanco y silencioso, y alguien que, en lugar de pedir, ofrece. En un menú degustación, sería ese pequeño bocado que el chef manda fuera de carta, sin que nadie lo haya pedido.

Normas de la mesa: no sacar la lengua

Antes del postre conviene recordar las reglas de urbanidad, porque el vídeo se las salta todas.

Más fotogramas del videoclip oficial de «La lengua equivocada», de Mike Sain't Louis

Muchas de las normas que hoy damos por naturales en la mesa son relativamente recientes. En 1530, Erasmo de Róterdam publicó un pequeño tratado sobre la educación de los niños, «De civilitate morum puerilium», que se tradujo y se imitó por toda Europa. Allí se explicaba cómo sentarse, cómo usar el cuchillo, cómo no limpiarse los dedos en la ropa y cómo comportarse con la boca. Siglos después, el sociólogo Norbert Elias estudió esos manuales en «El proceso de la civilización», publicado en 1939, y mostró cómo las normas de la mesa fueron una manera de separar a las clases altas de las bajas: quien sabía comportarse demostraba su rango.

Entre esas normas, algunas tienen que ver directamente con la lengua. No hablar con la boca llena. No chuparse los dedos. Y, por supuesto, no sacar la lengua, gesto que en casi toda Europa se considera una burla o una grosería.

Por eso el vídeo resulta tan eficaz. Coloca las lenguas fuera precisamente en las mesas más refinadas, en los comedores de palacio y entre los nobles con gorguera, donde las normas de urbanidad nacieron. Mi lectura es que el vídeo enseña lo que esas normas tapaban: debajo de la etiqueta, el mismo apetito de siempre, y la misma costumbre de hablar de los demás mientras se come.

Para una persona LGTBI, esa mesa refinada tiene algo de familiar. Muchas comidas familiares o de empresa funcionan con esa doble capa: todo el mundo se comporta, nadie dice nada inconveniente, y la lengua trabaja por debajo del mantel.

Postre: la tarta de los cortesanos

Escenario: un comedor iluminado con velas. Plato: tartas de varios pisos. Comensales: caballeros de casaca roja.

El postre llega con la escena en la que varios cortesanos de rojo, con pelucas y encajes, rodean una mesa llena de tartas y pasteles. Las lenguas vuelven a estirarse hacia el azúcar. Es la imagen más camp del vídeo: excesiva, rococó, casi de pastelería de escaparate.

El diario del planeta tiene una entrada dedicada a la comida y el camp, y otra que explica qué es exactamente el camp, ese gusto por lo exagerado que se toma muy en serio su propia frivolidad. Una corte entera de lenguas lanzadas a por la tarta es puro camp: no hay manera de mirarlo sin sonreír, aunque detrás haya una crítica.

Sobremesa: la fiesta morada con murciélagos

Escenario: una sala con luces moradas y fluorescentes. Elementos: murciélagos volando, figuras blancas al fondo y un montón de objetos en el suelo. Protagonista: un hombre que asoma entre el montón.

El vídeo termina lejos de cualquier mesa. Hay luces moradas y rosas, tubos fluorescentes, humo, murciélagos que cruzan el plano y unas figuras vestidas de blanco al fondo. En primer término, una montaña de objetos amontonados, y entre ellos asoma un hombre con barba y el pecho al aire.

Es la sobremesa que se alarga hasta convertirse en fiesta. Después de tanta ceremonia, tanto mantel y tanta peluca, el vídeo acaba en el sitio donde las normas de la mesa ya no rigen. Mi lectura, de nuevo solo mía, es que el montón del suelo son las sobras de todos los banquetes anteriores, y que el hombre que sale de ahí es el que por fin se ha liberado de tener que comportarse.

La entrada del diario sobre drag y escena queer recuerda que la noche fue durante mucho tiempo el único sitio donde muchas personas podían ser ellas mismas.

Maridaje: lo que dice el diario

Entrada: «Despacho sideral: La lengua equivocada», del 3 de octubre de 2026.

Ficha de la canción «La lengua equivocada» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

En su diario, Mike coloca la canción bajo un epígrafe: las drags como sacerdotisas del planeta. Abre con una frase sobre las ciudades, que unas te abrazan y otras te examinan, y dice que esta canción está escrita desde el abrazo, con la ropa todavía mojada. Luego propone una imagen muy suya: un coche de choque rosa orbitando despacio, con Camela a todo volumen y la Tierra haciéndose pequeña en el retrovisor. Y termina pidiendo que se escuche de madrugada, con el corazón descalzo.

Ese maridaje cambia el sabor del menú. Si las drags son las sacerdotisas del planeta, el banquete de demonios con gorguera y cortesanos empolvados se parece mucho a una ceremonia drag: maquillaje exagerado, vestuario histórico, lenguas fuera y ninguna intención de pedir perdón. Y la ciudad que examina tiene algo de la corte del vídeo, donde todo el mundo mira lo que comes y cómo lo comes. Frente a esa ciudad, la canción, según Mike, elige el abrazo.

Orden del menú: entre el silencio del drop y la ola rosa

Disco: «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», pista 76 de 86. Plato anterior: «Beats Drop Time Stops». Plato siguiente: «Drift Away».

En el álbum, la canción se sirve entre un tema cuyo título habla de un ritmo que cae y un tiempo que se detiene, y otro que habla de dejarse llevar por la corriente. En el orden de los singles, en cambio, va justo antes de «Tus fotopollas», un título que no deja mucho espacio a la sutileza. Y en el canal de vídeos ocupa el puesto 114 de 276, entre «Drift Away» y «Beats Drop Time Stops», el mismo par de vecinas del disco, pero al revés.

En los tres órdenes, «La lengua equivocada» queda en una posición de bisagra: entre la pista de baile y el mar, o entre lo que se hunde y lo que se enseña de más. Es el plato que separa dos partes de la comida.

Alérgenos: cuando la lengua de otro te hace daño

Todos los menús serios incluyen una lista de alérgenos. Este también.

Hay lenguas que hacen daño. Los comentarios sexuales que no has pedido, los rumores sobre tu vida, las bromas sobre tu cuerpo o tu pluma. En el diario hay una entrada que ayuda a ponerle nombre al acoso sexual, también cuando ocurre entre hombres o dentro del propio ambiente, donde a veces se normaliza como si fuera parte del juego.

Si algo así te está pasando, no tienes por qué aguantarlo. Puedes contárselo a alguien de confianza y puedes denunciarlo. Si sientes que no puedes más, en España el 024 atiende de forma gratuita y confidencial a cualquier hora del día, por teléfono o por chat, y el 112 cubre las emergencias. El Teléfono de la Esperanza está en el 717 003 717. La FELGTBI+, que reúne a colectivos LGTBI de toda España, atiende en el 91 360 46 05. Si vives en otro país, llama a tu número de emergencias o busca en findahelpline.com una línea de ayuda gratuita en tu zona.

La cuenta

Al final de un menú degustación llega la cuenta, y con ella una pequeña sorpresa: unos dulces, una tarjeta, un recuerdo de la casa.

La cuenta de «La lengua equivocada» incluye cerca de una decena de escenarios, varias decenas de comensales, unas cuantas lenguas desproporcionadas y un final de fiesta con murciélagos. Lo que no incluye es la letra, que todavía no está servida. Cuando llegue, se podrá comprobar si este menú acertaba con los sabores o si la cocina tenía preparado otro plato.

Mientras tanto, la canción se puede descargar gratis desde su ficha y escuchar en Spotify. El material para medios está en la sección de prensa.

Preguntas frecuentes

¿Qué pasa en el videoclip de «La lengua equivocada»?

Es una cadena de banquetes: una mesa de cristal en un bosque nevado, un comedor de corte con pelucas del siglo XVIII, una cena en mitad de un mar con tormenta, una plaza de toros cubierta de nieve, demonios con gorguera sentados a la mesa y, al final, una fiesta con luces moradas y murciélagos.

¿Se puede leer la letra?

Aún no se ha publicado. Este post no reproduce ni inventa ningún verso: trabaja con la portada, el videoclip, sus etiquetas, el diario de Mike y el orden del disco, y marca como impresión todo lo que sea interpretación.

¿Por qué un menú?

Porque en el vídeo casi todo ocurre alrededor de una mesa, y porque la lengua, además de hablar y besar, es el órgano con el que se saborea. El título admite muchas lecturas; esta se queda con la del gusto.

¿En qué disco está?

En «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo álbum de la trilogía GAYFOLK. Ocupa la pista 76 de 86, entre «Beats Drop Time Stops» y «Drift Away».

¿Quién la ha hecho?

Mike Sain't Louis, autor madrileño que firma la letra, la composición y la producción. Las partes vocales y los instrumentos se generan con inteligencia artificial.

¿Y si alguien me hace comentarios sexuales que no quiero?

Eso tiene nombre, acoso, y se puede denunciar. Si te ha dejado sin fuerzas, llama al 024: es la línea española de atención a la conducta suicida, gratuita y abierta día y noche. Para emergencias, el 112. Otras opciones: Teléfono de la Esperanza (717 003 717) y FELGTBI+ (91 360 46 05). Desde fuera de España sirve el número de emergencias local, y findahelpline.com reúne líneas de cada país.

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