Cultura LGTBI
Las leyes LGTBI que se quedan en la orilla: qué decae con la disolución de las Cortes y qué cantan «Tan Cateto» y «UN político español»
Por Mike Sain't Louis ·

Cuando se disuelven unas Cortes, en el Congreso no se apaga ninguna luz ni se cierra ninguna puerta con estrépito. Lo que pasa es más discreto y, para algunas personas, más serio. Cientos de leyes que estaban a medio camino dejan de existir de un día para otro. No se aprueban ni se rechazan. Simplemente decaen. Es la palabra técnica, y suena a hoja de otoño.
El 5 de octubre, el presidente del Gobierno anunció el adelanto electoral y la disolución de las Cortes, con efectos desde el martes 6. Las elecciones generales serán el 29 de noviembre. Y con la legislatura se fueron, según el recuento de la fundación Civio, más de 300 iniciativas que seguían en tramitación: 89 proyectos de ley del Gobierno y 219 proposiciones de los grupos. Entre ellas hay varias que el colectivo LGTBI llevaba años esperando.
Planeta Gayfolk no es un periódico político ni pide el voto para nadie. Pero es un medio LGTBI con un catálogo de canciones que habla mucho, y a veces con muy mala leche, de leyes, de políticos y de esperas. Así que este diario ha hecho lo que haría cualquier vecina con memoria. Ha mirado qué se ha quedado por el camino, ha escuchado qué dicen las federaciones y ha vuelto a poner tres canciones del planeta que, de repente, suenan a telediario.
Lo que decae: la ley que iba a llevar las terapias de conversión al Código Penal
La pieza que más duele es una que estaba a un paso de la meta. La proposición de ley del PSOE para castigar penalmente las llamadas terapias de conversión ya había superado el Congreso y estaba en el Senado, en la fase de enmiendas, cuando llegó la disolución. RTVE la incluyó en su lista de normas que se quedan en el aire. Civio la describe igual: a punto de aprobarse y, ahora, decaída.
Conviene explicarlo bien, porque es fácil confundirse. Las terapias de conversión no pasan a ser legales. La Ley 4/2023, la que se conoce como ley trans y LGTBI, ya las prohíbe y las sanciona como infracción administrativa. Lo que se ha quedado por el camino es el paso siguiente: que intentar «curar» la orientación sexual o la identidad de alguien fuera también un delito, con su artículo en el Código Penal. Es la diferencia entre una multa y un juicio penal. Para quien ha pasado por una de esas «terapias», no es un matiz.
Con ella decae también la Ley de Familias, que reconocía la diversidad de modelos familiares y llevaba tiempo varada en el Congreso. Y una ristra de asuntos que la Federación Estatal LGTBI+ recordó el mismo 5 de octubre: el Pacto de Estado contra los discursos de odio, el desarrollo de la normativa europea de servicios digitales y la ley de protección de menores en entornos digitales.
Nada de esto desaparece para siempre. Cualquier Gobierno o grupo puede volver a presentar esos textos en la próxima legislatura. Pero vuelven a la casilla de salida. Y en política, la casilla de salida puede estar muy lejos.
«Votar con Orgullo»: lo que piden las federaciones
La respuesta del movimiento llegó el mismo día del anuncio. La FELGTBI+ llamó a «votar con Orgullo» y pidió al próximo Gobierno, sea del color que sea, que retome las leyes que se han caído. Su presidenta, Paula Iglesias, lo resumió con una frase que vale para cualquier campaña: «No se trata únicamente de resistir, se trata de seguir avanzando».
La federación se apoyó en un dato de su propia encuesta, el «Estado LGTBI+ 2026», hecha con 40dB: casi siete de cada diez personas LGTBI+ creen que la llegada de un Gobierno ultraconservador pondría en riesgo sus derechos. No es una predicción, es una percepción. Pero es la percepción de una mayoría muy clara, y explica por qué estas elecciones se viven en el colectivo con más nervios que otras.
Desde la Plataforma Trans, Mar Cambrollé aportó otra cifra, que atribuye a la evolución de los delitos de odio: según ella, se duplicaron entre 2024 y 2025 y siguen subiendo este año. También recordó una deuda que en el planeta se escucha a menudo: la falta de reparación a las víctimas de la violencia del Estado durante el franquismo.
Y el 22 de octubre, en un acto sobre derechos LGTBI en la Unión Europea, Óscar Rodríguez, de la FELGTBI+, dejó una frase que merece pegarse en la nevera: formar parte de la UE no convierte los avances en irreversibles. Es decir, lo que se ganó se puede perder. Lo dice el movimiento, no este diario. Pero cualquiera que conozca la historia LGTBI en España sabe que es verdad, en un sentido y en el otro.
La ley ya cambió de acera una vez
Esa historia está contada en el planeta desde hace tiempo, con estribillo. «Tan Cateto», la canción con la que Mike Sain't Louis se hizo viral en TikTok en 2024, empieza con algo que casi cualquier pareja de dos hombres o dos mujeres ha vivido: un desconocido que mira mal porque van de la mano. «Que te molesta que vayamos de la mano / Y me señalas con el dedo de juez acusador», dice la letra.
El diario ya le dedicó una crónica larga, «Del escándalo público al delito de odio», a la idea que está debajo de esa escena. Durante buena parte del siglo XX, en España, ese señor del dedo tenía una ley de su lado. Hoy la ley protege a la pareja y no al que señala. La ley, literalmente, cambió de acera.
La lección de la canción, leída en este octubre, es doble. La primera es la buena: las leyes cambian, y pueden cambiar a favor. Lo que hace cincuenta años era «escándalo público» hoy puede ser un agravante. La segunda es la incómoda: si las leyes cambian, también pueden volver a cambiar. Por eso las federaciones insisten tanto en que nada es irreversible. Y por eso la ley de las terapias de conversión, que habría sido otro paso en la misma dirección, duele cuando se queda en el cajón.
«Tan Cateto» no da instrucciones de voto. Su estribillo hace otra cosa, más útil a largo plazo: «Pero ¿cómo puede ser usted tan cateto? / No le voy a dar más explicaciones». No pedir permiso, no justificarse, seguir de la mano. Esa actitud no depende de quién gobierne.
La espera eterna de «UN político español»
En el mismo disco, «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», está la otra cara del asunto. «UN político español» es la sátira más amarga del catálogo: casi tres minutos esperando a que aparezca un político honrado a quien votar. Sin señalar a nadie por su nombre y con tacos incluidos. «Estos políticos ladrones / Me tocan mucho los cojones», canta, sin pedir perdón.
El diario la ha leído dos veces. Una como crónica de la sala de espera, con el «pues espera bien sentado» que diría cualquier abuela. Y otra como clase de historia con tacos, porque su última estrofa resume el turno pacífico de la Restauración en cuatro versos: «Desde la época de los borbones / Se van turnando cada cierto tiempo».
Con unas Cortes recién disueltas, la canción gana una capa nueva. Su cansancio es reconocible. Mucha gente LGTBI tiene la sensación de que sus asuntos entran y salen del Congreso al ritmo de las legislaturas, como en un turno. Una ley avanza, se para, se cae, se vuelve a presentar. La espera se hace larga, y es humano que acabe en hartazgo.
Pero aquí el planeta quiere ser honesto con su propia canción. «UN político español» es sátira, y la sátira exagera para que se vea mejor lo que molesta. Sirve para desahogarse y para pensar. Lo que no hace es decirle a nadie que se quede en casa el 29 de noviembre. El cabreo de la canción y el «votar con Orgullo» de las federaciones no son contrarios. Son dos maneras de decir lo mismo: que la espera tiene un límite.
Noemí Argüelles, o el sondeo que solo existe en una canción
Y luego está la fantasía. «Noemí Argüelles va ganando en las encuestas» es un mitin de tres minutos para una candidata que no existe. Noemí Argüelles es un personaje inventado, como todos los nombres propios que aparecen en las letras del planeta, algo que está escrito en la política editorial. La canción la celebra como quien sale al balcón de la sede la noche electoral: «¡Arriba tu chocho Noemí que vas ganando en las encuestas!».
En campaña, este diario se toma en serio que esa encuesta sea de mentira. Las de verdad se publican estas semanas, y cada medio las lee a su manera. Planeta Gayfolk no va a sumarse a esa conversación ni a decir quién va ganando. Su único sondeo es el que hizo, en broma, sobre una canción: el barómetro en dos oleadas, con ficha técnica y todo.
Lo que sí deja la canción es una idea muy de campaña: la emoción de una buena noticia que no te esperabas. «Me han pegado un ostión en la cara con la puerta», dice la letra, porque la alegría a veces llega como un portazo. Es una canción sobre la esperanza contada con humor. Y el humor, en el colectivo, siempre ha sido una forma de aguantar.
La memoria también vota
Hay un último disco del planeta que viene a cuento. «El día de la liberación», la tercera parte de la trilogía, incluye «Franco ha muerto», y la idea de liberación recorre el álbum desde el título. Para el planeta, la memoria no es nostalgia: es contexto. Cuando Mar Cambrollé habla de las víctimas de la violencia del Estado franquista, habla de personas que, en muchos casos, siguen vivas. El diario contó parte de esa historia en su texto sobre los mayores LGTBI, la generación que abrió la puerta.
Muchas recuerdan el «escándalo público» y la peligrosidad social no como una lección de historia, sino como algo que les pasó. Para ellas, que una ley se caiga con la disolución de unas Cortes no es una noticia técnica. Es una sensación conocida: la de que lo ganado nunca está del todo guardado.
Y para las generaciones más jóvenes, que han crecido con el matrimonio igualitario como algo normal, este octubre es una buena ocasión para entender que esa normalidad tiene fecha, firma y votaciones detrás.
Lo que pide Planeta Gayfolk (y lo que no)
Planeta Gayfolk no pide el voto para ningún partido. No lo ha hecho nunca y no va a empezar ahora. Su posición, como medio LGTBI independiente, es más modesta y quizá más útil.
Pide que el colectivo lea los programas. Que busque en ellos las palabras concretas: terapias de conversión, Ley de Familias, delitos de odio, protección digital de menores. Que mire si aparecen, cómo aparecen y con qué compromiso.
Pide que nadie dé por hecho que los derechos conseguidos son un mueble fijo de la casa. Lo dicen las federaciones y lo dice la historia de «Tan Cateto»: la ley ya cambió de acera una vez, y puede volver a moverse.
Y pide algo que no tiene que ver con las urnas. Las campañas suelen subir el tono, y los discursos de odio no esperan a que haya un Pacto de Estado para aparecer en los comentarios. El diario ya habló del estrés de minoría, ese peso que se acumula sin hacer ruido. Estas semanas, cuidar la salud mental propia y la de la gente cercana también es parte de la política.
Una canción para cada estado de ánimo
Si alguien busca banda sonora para el 29 de noviembre, el planeta tiene una para cada momento. Para el día del cabreo, «UN político español». Para el día de la esperanza un poco absurda, «Noemí Argüelles va ganando en las encuestas». Y para el día en que alguien te mire mal por ir de la mano, el de siempre: «¿Cómo puede ser usted tan cateto?».
Las tres son canciones, no programas electorales. Pero las tres recuerdan algo que este otoño conviene no olvidar. Las leyes no caen del cielo ni se quedan quietas: se escriben, se votan, se defienden y, a veces, decaen. Lo que pase con las que se han quedado en la orilla dependerá de las próximas Cortes. Y lo que pase con el colectivo, como siempre, dependerá también de que siga yendo de la mano.

