Cultura LGTBI
Mayores LGTBI y soledad: envejecer sin volver al armario, leído con «Envejecer» y otras letras del Planeta Gayfolk
Por Mike Sain't Louis ·

Hay una pregunta que en las parejas se hace casi siempre bajito y con cariño, en la cama o en un banco del parque: ¿te imaginas a los dos de viejitos, cogidos de la mano? Es una pregunta sobre el futuro, pero también sobre la compañía. Lo que pregunta de verdad es si alguien estará ahí cuando el cuerpo empiece a fallar.
Para muchas personas LGTBI mayores, esa pregunta tiene una respuesta difícil. Han llegado a la vejez después de una vida de persecución legal, de armario, de una epidemia que se llevó a amigos y parejas, y de familias que a veces cerraron la puerta. Muchas no tienen hijos. Muchas viven solas. Y una parte importante tiene miedo de que, al necesitar cuidados, tenga que volver a esconder quién es.
Este texto habla de esa realidad con datos públicos y la pone al lado de varias canciones del Planeta Gayfolk, el catálogo de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. Ninguna de ellas es una canción sobre la tercera edad. Pero «Envejecer», «Trasto viejo», «Buscando el polvo perfecto» y «Nadie hablará de mí cuando haya muerto» tocan, cada una a su manera, el miedo a hacerse mayor sin nadie al lado, el desprecio a los cuerpos que ya no son jóvenes y la pregunta de quién se acordará de ti. Las citas salen del archivo de letras, tal como están publicadas.
La pregunta de los dos viejitos
«Envejecer», del primer álbum, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», es una canción de ruptura. Pero su eje no es la pelea ni el engaño, aunque el engaño esté ahí. Su eje es una pregunta que se repite como un eco:
¿Por qué me preguntabas si me imaginaba los dos viejitos cogidos de la mano?
La letra está escrita de una forma muy física. Muchas frases están partidas palabra a palabra, una en cada línea, como si costara pronunciarlas. Y casi al final, cuando parece que la pregunta se va a quedar sin respuesta, llega la confesión:
Estaba tan seguro que juntos íbamos a envejecer
Lo que la canción cuenta es la pérdida de un futuro imaginado. No solo se acaba una relación; se acaba la imagen de una vejez acompañada. Y esa imagen, para una persona LGTBI, tiene un peso especial. Durante generaciones, la vejez compartida fue algo que no estaba al alcance: no había matrimonio, no había herencia, no había derecho a visitar a tu pareja en el hospital ni a decidir por ella. Imaginar a dos hombres viejitos cogidos de la mano por la calle era, hasta hace poco, una escena casi imposible.
Por eso la pregunta de la canción duele en dos planos. En el personal, porque quien la hacía, según la letra, estaba engañando a la vez. Y en el colectivo, porque esa imagen de los dos viejitos es justo lo que a muchas personas mayores LGTBI les fue negado.
Una generación que vivió con la ley en contra
Para entender la vejez LGTBI de hoy en España hay que mirar a lo que vivieron quienes ahora tienen setenta u ochenta años. Su juventud transcurrió bajo la Ley de Vagos y Maleantes, reformada en 1954 para incluir a los homosexuales, y después bajo la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social de 1970. Con esas leyes, ser gay, lesbiana o trans podía llevarte a la cárcel, a centros como los de Huelva y Badajoz, y después al destierro.
Los datos que se manejan públicamente hablan de entre 4.000 y 5.000 personas encarceladas por su orientación sexual entre 1939 y 1979. El Estado dejó de encarcelar por ese motivo en 1979, cuando la ley se reformó, y la ley entera no desapareció hasta el Código Penal de 1995. En 2009, el Gobierno concedió la primera indemnización a un hombre represaliado: Antonio Ruiz, presidente de la Asociación de Ex Presos Sociales, que había pasado 94 días en prisión en 1976, con 17 años, después de que lo denunciara una vecina. Recibió 4.000 euros. Él mismo dijo que las cantidades eran bajas para todo lo sufrido, pero que suponía un gran triunfo moral. Lamentó también que la mayoría de los represaliados ya había muerto.
En el catálogo hay una canción que nombra el final de la dictadura con humor negro, «Franco ha muerto», y otras que hablan de la libertad conquistada. Pero conviene recordar que las personas que hoy entran en una residencia son las mismas que crecieron con miedo a la policía, a los vecinos y a los curas. Ese miedo no se borra con una ley nueva. Se queda en el cuerpo, en la costumbre de callar, en la manera de bajar la mirada cuando alguien pregunta «¿y no te casaste?».
Los números de la soledad
La soledad no deseada afecta a mucha gente mayor en España, sea cual sea su orientación. Pero los estudios coinciden en que entre las personas mayores LGTBI es más frecuente. El informe «Mayores LGTBI. Historia, lucha y memoria», publicado por la FELGTBI+ en 2019, recogía que el 40 % de las personas participantes vivía sola, y que la cifra subía al 51 % entre las mayores de 65 años. Las personas LGTBI mayores de 65 de la muestra eran solteras en una proporción seis veces mayor que la población general, y estaban casadas la mitad de veces.

El mismo informe señalaba que al 58 % le preocupaba envejecer y que el 67 % pensaba que hacerse mayor es más difícil siendo LGTBI. Las principales preocupaciones eran no poder valerse por sí mismas y la soledad. Y apuntaba una realidad todavía más dura en las personas trans: el riesgo de pobreza severa afectaba al 72 % de las participantes trans.
Un estudio más reciente de la Fundación 26 de Diciembre, «Tolerancia 0», con 730 encuestas a mayores de 50 años, comparó a personas LGTBIQ+ con la población general. Su resumen recoge que el 47 % de las personas mayores LGTBIQ+ reporta soledad, frente al 29,8 % del colectivo mayoritario, y que el 41,7 % teme enfrentarse a la soledad en el futuro. Una investigación de la Universitat de Barcelona, la Universitat de València y la Fundació Enllaç explica algunas de las causas: menos hijos, más rupturas con la familia de origen y grupos especialmente vulnerables dentro del colectivo, como las mujeres trans, las personas migrantes, las bisexuales o las que viven con VIH.
Detrás de cada porcentaje hay una persona que cena sola, que no tiene a quién llamar si se cae en el baño o que no sabe quién firmará los papeles del hospital.
«Dos amigos, como mucho, tal vez uno»
«Nadie hablará de mí cuando haya muerto», también del primer álbum, es una de las letras más amargas del catálogo. Imagina el propio entierro y hace recuento de quién estará. Empieza así:
Dos amigos, como mucho, tal vez uno.
Después enumera a la familia de sangre y a la última pareja, que al final también se aleja. Es una canción con mucho humor negro, con referencias a la televisión y a la Iglesia, y no habla de la vejez. Pero esas dos primeras líneas describen con precisión el miedo de muchas personas LGTBI mayores: llegar al final con una red tan pequeña que quepa en una mano.
La letra sigue con una idea todavía más dura, la del olvido rápido:
Y en dos semanas eso es pasado, eso ya está vivido, y será como si nunca hubieras existido.
El miedo a no dejar rastro tiene una dimensión colectiva para la generación mayor LGTBI. Muchas de sus historias no están en ningún álbum de fotos familiar. Las parejas no salían en las bodas de los primos. Los amigos que murieron en los años ochenta y noventa a veces fueron enterrados por familias que borraron su vida. Por eso tantas entidades trabajan hoy en recuperar la memoria, grabando testimonios y guardando cartas y fotos antes de que se pierdan.
Es una canción que conviene leer con cuidado, porque habla de la muerte con mucha crudeza. Si estás pasando por un momento muy difícil o piensas en hacerte daño, en España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, a cualquier hora, o al 112 si es una emergencia. Si estás fuera de España, llama a tu número local de emergencias.
Volver al armario en la residencia
Una de las expresiones que más se repite cuando se habla de mayores LGTBI es «volver al armario». Describe algo muy concreto. Personas que vivieron décadas de clandestinidad, que salieron del armario tarde y con mucho esfuerzo, y que al entrar en una residencia o empezar a recibir ayuda a domicilio vuelven a esconderse. Quitan de la mesilla la foto de su pareja. Cambian «mi marido» por «un amigo». No hablan de su vida por miedo a que las cuidadoras las traten peor o a que las compañeras de mesa les den la espalda.

Las entidades citan un dato de la FELGTBI+: un 60 % de las personas mayores LGTBI teme sufrir discriminación en las residencias. El estudio «Tolerancia 0» añade que el 52,6 % rechaza los modelos tradicionales de residencia. No es un miedo abstracto. Una residencia es un lugar donde dependes de otras personas para comer, para lavarte y para vestirte. Si esas personas tienen prejuicios, la vulnerabilidad es total.
Un testimonio recogido por la Cadena SER en 2024 lo explicaba así: quienes hoy son mayores nacieron en una época en la que una sexualidad diferente se consideraba «una cosa negativa, de delincuentes, de enfermos», y además un pecado. «El resto de la gente que hemos sobrevivido, aún llevamos esa cosa ahí dentro», decía. Esa carga hace que muchas personas no se atrevan a pedir lo que necesitan.
La solución que proponen las entidades no es crear guetos, sino formar al personal, incluir la diversidad en los protocolos y asegurar que cualquier persona pueda envejecer siendo quien es, también en una residencia normal.
La residencia Josete Massa
En Madrid hay un proyecto que se ha convertido en referencia. La Fundación 26 de Diciembre, constituida el 25 de octubre de 2010 y fundada por Federico Armenteros, trabaja con y para personas mayores LGTBIQ+. Su web cuenta que la idea nació cuando Armenteros vio en Gran Canaria a un hombre mayor gay que caminaba hacia el mar apoyado en un andador, y se preguntó dónde estaban las personas mayores del colectivo.
La fundación atiende a unas 800 personas al año, con programas de atención psicosocial, ayuda a domicilio, pisos tutelados y actividades intergeneracionales. Tiene su sede en la calle Fray Ceferino González, en Madrid, y desde 2022 también trabaja en Galicia.
En marzo de 2018, la Comunidad de Madrid cedió a la fundación un edificio en la calle del Arroyo Bueno, en el distrito de Villaverde, en aplicación de la Ley 3/2016 contra la LGTBIfobia. Allí se está rehabilitando la residencia Josete Massa, con 62 plazas residenciales y 15 de centro de día. Llevará el nombre de Josete Massa, la primera persona atendida por el servicio de ayuda a domicilio de la fundación, que antes de morir le dejó sus bienes para que existiera un recurso así. Cada planta estará decorada con un color de la bandera LGTBIQ+. La fundación insiste en que no será un gueto: no excluirá a personas que no sean del colectivo y estará abierta al barrio.
Es una historia que cabe en una canción. Un hombre que vivió solo, que fue cuidado por una entidad de su comunidad y que decidió que su herencia sirviera para que otros no tuvieran que esconderse al final. Hay muchas formas de familia, y esa es una.
«Trasto viejo»: cuando el descarte suena a edad
«Trasto viejo», del tercer álbum, «El día de la liberación», es una canción sobre ser tratado como un objeto que ya no sirve. No habla de la edad en sentido literal: habla de cómo alguien te usa y te tira. Pero el lenguaje que elige es el de los objetos viejos. El estribillo dice:
Trasto viejo, tirado, olvidado, Abandonado, utilizado
Leída junto a los datos de soledad, la letra tiene un eco incómodo. Muchas personas mayores, LGTBI o no, describen la vejez con palabras parecidas: sentirse un estorbo, sentir que molestan, que se les aparta al «contenedor más apartado», como dice la canción. La cultura del usar y tirar también se aplica a las personas.
Lo interesante de «Trasto viejo» es que, al ser una canción del álbum de la liberación, el descarte se cuenta para ponerle nombre y salir de él. Nombrar lo que te hacen es el primer paso para dejar de aceptarlo. Las entidades de mayores hacen algo parecido cuando piden que se hable de edadismo, la discriminación por edad, igual que se habla de homofobia o de machismo.
La gerontofobia del ambiente
Hay una forma de discriminación que no viene de fuera, sino de dentro del propio colectivo. La cultura gay, sobre todo la masculina, ha estado muy centrada en la juventud y en el cuerpo. En los bares, en las fiestas y en las aplicaciones, cumplir años puede significar volverse invisible. Hay quien lo llama gerontofobia: el rechazo, a veces el asco, hacia los cuerpos mayores.

«Buscando el polvo perfecto», del primer álbum, retrata esa crueldad con un personaje que va descartando perfiles en una aplicación de citas. La letra pone en su boca frases como estas:
Eres viejo y poco dotado, Yo soy dios y tú estás desgastado,
Y más adelante:
Eres un abuelo y no estás marcado,
La canción no comparte esa mirada: la expone. El personaje que habla es el villano de la aplicación, el que se cree un dios y trata a los demás como mercancía. Junto a la edad, desprecia la gordura, la calvicie y la pluma. Es una sátira del catálogo de exigencias que mucha gente ha sufrido en esas pantallas. Y deja claro que el desprecio por la edad forma parte de ese catálogo.
Para alguien de cincuenta, sesenta o setenta años, ese rechazo no es una anécdota. Es una de las razones por las que la vida social se va estrechando. Si los espacios de encuentro del colectivo te dicen que ya no perteneces, la soledad aumenta. Por eso muchas asociaciones defienden espacios intergeneracionales, donde gente joven y mayor comparte actividades sin que el valor de nadie dependa de su cuerpo.
Lo que dan los mayores a los jóvenes
Hablar solo de soledad y de miedo sería injusto con las personas mayores LGTBI. Son también quienes abrieron el camino. Fueron a las primeras manifestaciones del Orgullo, en 1977 en Barcelona y en 1978 en Madrid, cuando salir a la calle podía costar el trabajo o la detención. Cuidaron a sus amigos durante la crisis del VIH, cuando muchos hospitales y muchas familias no lo hacían. Fundaron asociaciones, revistas y bares que fueron refugio. Y lucharon por las leyes que hoy permiten casarse, adoptar o cambiar el nombre en el DNI.
Muchas personas mayores del colectivo cuentan que ahora son más libres que de jóvenes. Tienen menos necesidad de la aprobación ajena, amistades más profundas y una relación más tranquila con su propio deseo. La vejez puede ser también el momento de vivir lo que no se pudo vivir antes. Hay quien sale del armario a los setenta y quien se casa a los ochenta, y cada una de esas historias es una victoria.
Los jóvenes tienen mucho que aprender de esa experiencia. Y los mayores, mucho que recibir: compañía, reconocimiento, alguien que escuche. Los programas intergeneracionales, en los que una persona joven acompaña a una mayor o graba su historia, funcionan en las dos direcciones.
La familia que no fue de sangre
La investigación de la Universitat de Barcelona y la Universitat de València señala que el asociacionismo es clave para reducir la soledad de las personas mayores LGTBI. Es lógico. Cuando la familia de origen no está, o se fue, las redes de amistad y las entidades ocupan su lugar. En la cultura queer se habla de familia elegida: las personas con las que compartes la vida aunque no haya un papel que lo diga.
Para la generación mayor, esa familia elegida fue muchas veces la única. Pero también es frágil. Los amigos de la misma edad enferman o mueren. Las parejas se separan, como en «Envejecer». Y quien no tuvo hijos ni sobrinos cercanos se queda con una red cada vez más pequeña. Por eso es tan importante que esa familia elegida se renueve con gente de otras edades, y que las instituciones la reconozcan, por ejemplo a la hora de decidir quién puede acompañar en el hospital.
En otra nota del diario, «Envejecer siendo LGTBI», ya se apuntaba la idea de cuidar las amistades y mantener vínculos entre generaciones. Y en «Soledad elegida y soledad impuesta» se distingue entre la soledad que uno busca para descansar y la que le cae encima sin quererla. La de muchas personas mayores LGTBI es de la segunda.
Qué puedes hacer si te sientes así, o si conoces a alguien
Si eres una persona LGTBI mayor y te sientes sola, o tienes miedo de lo que vendrá, no tienes que afrontarlo sin ayuda. Algunas ideas, sin recetas mágicas:

- Busca a tu comunidad. En Madrid, la Fundación 26 de Diciembre atiende a personas mayores LGTBIQ+ en el 910 028 417. En Cataluña trabaja la Fundació Enllaç. Muchas asociaciones LGTBI de otras ciudades tienen grupos de mayores.
- Habla con tu centro de salud. Los servicios sociales de tu ayuntamiento pueden informarte de ayuda a domicilio, teleasistencia y actividades para mayores. Tienes derecho a que te atiendan sin discriminación por tu orientación o identidad.
- Deja por escrito tus decisiones. Un testamento y un documento de instrucciones previas ayudan a que se respete tu voluntad y a que la persona que elijas, sea o no de tu familia de sangre, pueda acompañarte.
- Si estás en una crisis emocional, el Teléfono de la Esperanza escucha las 24 horas en el 717 003 717. Si piensas en hacerte daño, llama al 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita y confidencial, o al 112 si es una emergencia. Fuera de España, llama a tu número local de emergencias.
Si eres joven y tienes cerca a una persona mayor del colectivo, una llamada, una visita o una pregunta sobre su vida pueden cambiarle el día. Muchas veces lo que más falta no es un recurso, sino alguien que quiera escuchar.
La soledad de las personas mayores también es un problema de salud. Hay más información en la nota sobre salud mental LGTBI del diario.
La respuesta que llega tarde
Volvamos a «Envejecer». Después de repetir la pregunta muchas veces, la canción por fin contesta. La respuesta llega tarde, y la propia letra lo admite: «Te voy a contestar / cuando ya es demasiado tarde». Y lo que contesta es sencillo:
síiiiiiii sí lo imaginaba
Es una de las confesiones más honestas del catálogo. Admitir que se imaginaba la vejez juntos, aunque ya no vaya a ser así. Y quizá sirva como lección para algo más grande que una ruptura. Muchas personas LGTBI mayores se imaginaron una vejez acompañada y no la tuvieron, por leyes, por miedo o por pérdidas. La sociedad les debe, como mínimo, que esa respuesta no llegue tarde para quienes vienen detrás.
Que los dos viejitos cogidos de la mano puedan pasear por cualquier calle. Que nadie tenga que quitar una foto de la mesilla al entrar en una residencia. Que nadie llegue al final con «dos amigos, como mucho, tal vez uno». Eso no depende de una canción, pero las canciones pueden ayudar a que se hable de ello.
Ficha
«Envejecer» pertenece a «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», primer álbum de la trilogía GAYFOLK, y se puede escuchar en Spotify. Del mismo catálogo, «20 años» mira también el paso del tiempo desde otra edad. Las letras son de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, que se presenta como «el primer cantautor IA»; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial. Los personajes de las letras son inventados. Los datos sobre mayores LGTBI proceden de informes públicos de la FELGTBI+, la Fundación 26 de Diciembre y la Universitat de Barcelona, y los de la Ley de Peligrosidad Social, de la prensa de 2009. La información oficial del proyecto está en la sala de prensa.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas personas mayores LGTBI viven solas en España?
Según el informe «Mayores LGTBI. Historia, lucha y memoria» de la FELGTBI+ (2019), el 40 % de las personas participantes vivía sola, y la cifra subía al 51 % entre las mayores de 65 años. Las entidades citan también que un 60 % teme sufrir discriminación en las residencias.
¿Qué significa «volver al armario» en la vejez?
Es la experiencia de personas mayores LGTBI que, al entrar en una residencia o empezar a depender de cuidados, vuelven a esconder fotos, a callar quién fue su pareja o a no hablar de su identidad por miedo al rechazo.
¿Qué es la Fundación 26 de Diciembre?
Una entidad sin ánimo de lucro de Madrid, constituida en 2010 y fundada por Federico Armenteros, que trabaja con personas mayores LGTBIQ+. Promueve la residencia Josete Massa en Villaverde, en un edificio cedido por la Comunidad de Madrid en 2018, con 62 plazas previstas.
¿De qué trata la canción «Envejecer»?
Es una canción de ruptura del primer álbum, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», construida alrededor de una pregunta: si se imaginaba a los dos de viejitos cogidos de la mano. La respuesta llega tarde, al final: sí, lo imaginaba.
¿Dónde pedir ayuda si una persona mayor se siente muy sola o piensa en hacerse daño?
En España, el 024 atiende la conducta suicida a cualquier hora y el 112 las emergencias. El Teléfono de la Esperanza (717 003 717) escucha crisis emocionales 24 horas, y la Fundación 26 de Diciembre (910 028 417) atiende a personas mayores LGTBIQ+. Fuera de España, llama a tu número local de emergencias.