Cultura LGTBI
Su supuesta heterosexualidad: México LGTBI, del baile de los 41 (1901) y Nancy Cárdenas a la primera marcha (1979) y el matrimonio en todo el país, leído con las letras del Planeta Gayfolk
Por Mike Sain't Louis ·

Hay canciones que cuentan un secreto sin querer contarlo. «El anillo de casado», del primer álbum del Planeta Gayfolk, es la historia de dos hombres que se toman cinco jarras de cerveza, se miran demasiado y acaban buscando un hostal discreto por Madrid. Uno de ellos lleva alianza. La letra lo resume con dos versos cortados por la mitad, como si costara terminar la frase:
cada día un poco más, su supuesta heterosexualidad.
La supuesta heterosexualidad de un hombre casado es uno de los grandes temas de la historia LGTBI, y en México tiene una fecha y una dirección concretas. La noche del 17 de noviembre de 1901, en una casa de la calle de la Paz de la capital, la policía irrumpió en una fiesta privada y se llevó detenidos a 41 hombres. La prensa contó enseguida que había uno más, el 42, al que habían dejado irse. Ese invitado, según el rumor que nunca se apagó, estaba casado con la hija del presidente de la República.
Este texto recorre la historia LGTBI de México desde aquella redada hasta el matrimonio en todos los estados, pasando por una mujer que se declaró lesbiana en el noticiero más visto del país y por una primera marcha que reunió a más de mil personas. Y lo lee con las letras del planeta, que se escriben en Madrid pero hablan un español que en Ciudad de México se entiende sin subtítulos.
Calle de la Paz, madrugada del 17 de noviembre
En el México de 1901 gobernaba Porfirio Díaz, que llevaba más de veinte años en el poder. La capital se miraba en París: bulevares, ópera, moda francesa. En una casa de la calle de la Paz, hoy rebautizada, un grupo de hombres de la buena sociedad celebraba un baile privado. Según la prensa de la época, la mitad iba vestida de mujer.
La policía entró de madrugada. Detuvo a 41 de los presentes. Los periódicos se lanzaron sobre la historia con una mezcla de escándalo y burla, publicaron detalles inventados y verdaderos, y la ciudad entera habló durante semanas del asunto. Algunos de los detenidos fueron enviados a Yucatán, en el otro extremo del país, en condiciones que la historia recuerda como un castigo ejemplar.
No había una ley que prohibiera la homosexualidad en el código penal mexicano de la época. Lo que se usó fue lo de siempre: la moral pública, el escándalo, el poder discrecional de la policía. El castigo no lo impuso un juez por un delito concreto, sino un sistema que decidió dar una lección a quien se atreviera a hacer visible lo que debía quedarse escondido.
El invitado número 42
La parte de la historia que más ha durado es la del que no fue detenido. Desde el primer momento se contó que había un asistente más, y que ese asistente era Ignacio de la Torre y Mier, un hombre rico de la aristocracia porfiriana, casado con Amada Díaz, la hija mayor del presidente. Según la versión popular, lo dejaron escapar antes de que la redada se hiciera pública. Nunca se ha probado del todo, pero tampoco se ha desmentido de manera convincente, y el rumor se convirtió en parte de la memoria del país.
Es aquí donde «El anillo de casado» encaja de una manera casi incómoda. La canción del planeta describe a un hombre que se ha casado por la iglesia, con una boda grande y respetable, y que al mismo tiempo vive otra historia en hostales. La letra lo cuenta con un estribillo que suena a felicitación de boda:
Lleva El anillo de casado, por siempre enamorado
Por siempre enamorado, sí, pero no se sabe de quién. El anillo funciona como la fachada de la calle de la Paz: desde fuera, todo en orden. Lo que pasa dentro es otra cosa. La canción no está inspirada en Ignacio de la Torre, y sus personajes son inventados. Pero la figura del marido respetable con una vida escondida atraviesa más de un siglo y un océano sin cambiar demasiado.
Lo que pasa por la cama
La canción tiene otro verso que merece atención, porque cambia el punto de vista. Hasta ahí, el protagonista parecía la parte débil de la historia, el que espera en el hostal. De repente se planta:

Si pasa por mi cama y lo disfruto para mí es pasado
Si pasa por mi cama y lo disfruto, para mí ya es pasado. Es una manera de protegerse: si el otro tiene mujer, boda e iglesia, el protagonista decide no esperar nada. Se queda con lo vivido y no hace planes. Muchas historias de hombres casados con amantes masculinos se han contado siempre desde el lado del marido, como la del invitado número 42. La canción mira desde el otro lado, desde quien no tiene anillo y sabe que no lo va a tener.
En la historia de la redada de 1901 ese otro lado casi no aparece. Los 41 detenidos fueron nombrados, humillados y castigados, pero apenas sabemos nada de sus vidas, de sus parejas o de lo que sintieron. El escándalo se centró en el yerno del presidente, porque era lo que vendía periódicos. Las personas sin apellido ilustre se quedaron sin relato. Leer la canción junto a la historia es una forma de devolverles un poco de ese relato: el de quien espera en la habitación sin saber si el otro va a volver.
Hay además una diferencia de época importante. El protagonista de la canción puede permitirse esa indiferencia porque, si quisiera, podría tener una pareja a la vista de todos, casarse en el juzgado y presentarla en casa. La elección de no esperar nada es suya. En 1901, para casi todo el mundo, no había elección. La salida del armario, con todo lo que cuesta, es también una forma de recuperar esa capacidad de elegir, como cuenta la nota del diario sobre salir del armario y salud mental.
Un número que se volvió insulto
El escándalo dejó una huella extraña en el idioma. El número 41 pasó a asociarse en México con la homosexualidad masculina, y durante décadas funcionó como insulto o como broma. Se cuenta que hubo quien evitaba ese número en direcciones, habitaciones de hotel o placas, y que cumplir 41 años se celebraba con chistes nerviosos. Lo que empezó como una redada acabó metido en el vocabulario.
El grabador José Guadalupe Posada, el de las calaveras, ilustró el caso en hojas sueltas que se vendían por la calle, y circuló un corrido sobre los 41. La cultura popular se apropió del suceso para reírse de los detenidos. Hizo falta casi un siglo para que alguien le diera la vuelta a esa risa.
Ese alguien fue, sobre todo, Carlos Monsiváis. En 2010, el año de su muerte, se reeditó con un prólogo suyo, «Los 41 y la gran redada», una novela de la época sobre el caso, y él mismo publicó «Que se abra esa puerta», una recopilación de crónicas y ensayos sobre la diversidad sexual. En 2020, la película «El baile de los 41», dirigida por David Pablos y protagonizada por Alfonso Herrera en el papel de Ignacio de la Torre, devolvió la historia a la pantalla. Hoy el número 41 aparece en camisetas, pancartas y nombres de colectivos como símbolo de orgullo.
Me caen mal los maderos
La relación entre las personas LGTBI y la policía es complicada en casi todas partes, y el planeta lo sabe. «Me he enamorado de un policía que es dueño de una lavandería», del segundo álbum, es una comedia sobre un flechazo imposible con un agente casado. Pero antes del flechazo, el protagonista deja claro de dónde viene:

Pero es que y mira que me caen mal los maderos
Maderos es una forma coloquial española de llamar a los policías, y la frase tiene detrás una larga experiencia de desconfianza. La canción lo convierte en chiste, porque el protagonista acaba fantaseando con que el policía se lo lleve a comisaría por motivos muy distintos. Esa inversión es muy camp: coger el miedo a la detención y convertirlo en juego erótico.
En el México de 1901, en el Madrid de la ley de peligrosidad o en el Buenos Aires de los edictos, la comisaría no era ningún juego. Las redadas en bares y fiestas se repitieron durante todo el siglo XX en Ciudad de México, igual que en otras capitales. Que hoy una canción pueda reírse de un policía guapo es posible, en parte, porque esas redadas ya no son la norma. La nota del diario sobre el deseo en la lavandería cuenta más de esta canción.
Nancy Cárdenas en el noticiero
El primer gran gesto público de la historia LGTBI mexicana moderna lo hizo una mujer. Nancy Cárdenas, dramaturga, directora de teatro y activista, apareció en 1973 en «24 Horas», el noticiero de Jacobo Zabludovsky, el más visto del país. Habló a favor de los derechos de las personas homosexuales y se declaró lesbiana en directo. Se considera la primera mujer que salió del armario en la televisión nacional mexicana.
Al año siguiente, en 1974, dirigió y adaptó en Ciudad de México «Los chicos de la banda», la obra estadounidense de Mart Crowley sobre un grupo de amigos gais en una fiesta de cumpleaños. La autoridad de la delegación intentó censurarla, y la obra se estrenó finalmente en mayo en el Teatro de los Insurgentes. El propio Monsiváis criticó al principio la adaptación por parecerle condescendiente, aunque después la defendió durante la polémica. Es un buen recordatorio de que estas historias no se hicieron entre héroes unánimes, sino entre personas que discutían.
Cárdenas siguió escribiendo y militando hasta su muerte, en 1994. Su gesto de 1973 tiene algo que enlaza con la canción del planeta: frente al marido que esconde, una mujer que dice en directo quién es. Las dos cosas convivían en el mismo país, a veces en la misma familia.
1978: treinta personas en una manifestación
Los años setenta trajeron a México, como a tantos otros países, los primeros grupos de liberación homosexual. El 26 de julio de 1978, en la manifestación por el aniversario de la Revolución cubana, un pequeño contingente de unas treinta personas desfiló por primera vez abiertamente como homosexuales. Era poca gente, pero el gesto rompió una barrera: ya no se trataba de individuos sueltos, sino de un grupo con pancarta.
De ahí nacieron o se consolidaron tres organizaciones que marcaron la época: el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, conocido como FHAR, el Grupo Lambda de Liberación Homosexual y Oikabeth, un colectivo de mujeres lesbianas. Las tres venían de la izquierda y entendían la liberación sexual como parte de una lucha política más amplia.
29 de junio de 1979
Un año después llegó la primera marcha propia. El 29 de junio de 1979, convocada por el FHAR, Lambda y Oikabeth, la primera Marcha del Orgullo Homosexual de Ciudad de México reunió a más de mil personas. La fecha recordaba los disturbios de Stonewall en Nueva York, diez años antes. Desde entonces la marcha se ha celebrado cada año y es hoy una de las más multitudinarias de América Latina.
El planeta tiene una canción con espíritu de manifestación, «El día de la liberación», que da título al tercer álbum. No habla de una marcha, sino del día en que alguien se libera de una relación que le hacía daño. Pero su grito central podría estar en cualquier pancarta:
Gritemos con fuerza ¡somos libres!
La liberación personal y la colectiva se parecen más de lo que parece. En los dos casos hay un antes en el que alguien decide por ti quién puedes ser, y un después en el que lo decides tú. Los manifestantes de 1979 lo hacían frente a un Estado y una sociedad. El protagonista de la canción, frente a una persona concreta. La nota del diario sobre Benidorm y un narcisista sin cena se detiene en esa letra.
Monsiváis, el cronista
Carlos Monsiváis nació en Ciudad de México en 1938 y murió en la misma ciudad el 19 de junio de 2010. Fue cronista, ensayista, coleccionista y una de las voces más influyentes de la cultura mexicana del siglo XX. Escribió sobre cine, sobre boleros, sobre luchadores, sobre política y sobre la vida de las personas homosexuales en México, con una mezcla de ironía y erudición que no tenía nadie más.

Su gran aportación a esta historia fue tomarse en serio lo que los demás convertían en chiste. Allí donde la prensa de 1901 había visto un escándalo para reír, él vio una redada, un abuso de poder y el principio de una memoria. Allí donde la cultura popular usaba el número 41 como insulto, él lo convirtió en objeto de estudio. Su libro «Que se abra esa puerta» reúne buena parte de esos textos, y el título es una declaración de intenciones.
El bolero y el «tú» sin género
Este diario ya contó, en el texto sobre boleros y rancheras con mirada queer, la historia de Juan Gabriel y su famosa respuesta, «lo que se ve no se pregunta». Esa frase, dicha en 2002 por uno de los artistas más queridos de México, resume como pocas la relación del país con la diversidad sexual durante buena parte del siglo XX: todo el mundo sabía, nadie preguntaba, y quien preguntaba quedaba como un maleducado.
La canción del planeta que mejor dialoga con esa tradición es «Voy a olvidarme de ti», del primer álbum, un juramento de olvido con estructura de ranchera que no dice nunca el género de la persona a la que se dirige. El «tú» sin género era el refugio de quien no podía decir de quién se había enamorado. Y en el México de Juan Gabriel y de Chavela Vargas, ese refugio fue enorme.
El hostal y el cartel de completo
«El anillo de casado» termina con una imagen muy precisa. La pareja recorre Madrid buscando hostales que no tengan colgado en el telefonillo el cartel de completo. Es una escena cotidiana, casi cómica, pero dice mucho sobre la vida de las parejas que no pueden ir a casa de ninguno de los dos. Uno porque tiene mujer. El otro, quizá, porque no quiere complicaciones.
Esa búsqueda de un sitio donde estar ha sido una constante de la historia LGTBI en todas partes, también en México. Las casas particulares, como la de la calle de la Paz, los baños públicos, los cines, los bares que abrían y cerraban según la presión policial. La ciudad se convertía en un mapa de lugares posibles e imposibles. La canción del planeta, más de un siglo después de la redada, sigue dibujando ese mapa, aunque ahora el problema sea el cartel de completo y no la policía. En el diario hay una nota sobre hostales completos y amores discretos que cuenta la canción entera.
2009: Ciudad de México se adelanta
El 21 de diciembre de 2009, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó la reforma que permitía el matrimonio entre personas del mismo sexo en la capital. Entró en vigor el 4 de marzo de 2010. Ciudad de México se convirtió así en una de las primeras jurisdicciones de América Latina con matrimonio igualitario, unos meses antes de que Argentina lo aprobara a escala nacional.
El resto del país tardó más, porque en México el matrimonio se regula en el código civil de cada estado. La Suprema Corte de Justicia de la Nación fue abriendo el camino: en 2015 estableció jurisprudencia según la cual las leyes estatales que limitaban el matrimonio a un hombre y una mujer eran inconstitucionales. Aun así, muchas parejas tuvieron que recurrir a los tribunales para casarse en sus estados. El último en reformar su legislación fue Tamaulipas, el 26 de octubre de 2022. Desde entonces, el matrimonio igualitario es legal en todo México.
2024: el fin de las terapias de conversión
Hay otro paso reciente que conviene mencionar. El 7 de junio de 2024, el Diario Oficial de la Federación publicó un decreto que añadió al Código Penal Federal el artículo 209 Quintus y a la Ley General de Salud el artículo 465 Ter. Con esa reforma, los llamados esfuerzos para corregir la orientación sexual y la identidad de género, conocidos como terapias de conversión, quedaron prohibidos y sancionados en todo el país. Entró en vigor al día siguiente.

Es una ley que habría sonado a ciencia ficción en 1901, cuando la respuesta oficial a la diversidad sexual era mandar a los detenidos a Yucatán. Ciento veintitrés años después, lo que se castiga es intentar cambiar a alguien, no ser quien es.
Lo que queda por hacer
Nada de esto significa que la historia haya terminado. Las organizaciones mexicanas de derechos humanos siguen documentando cada año asesinatos de personas LGTBI, especialmente de mujeres trans, y la violencia sigue siendo una realidad en muchas partes del país. Las leyes avanzan más deprisa que las costumbres, y la distancia entre lo que dice el código y lo que pasa en la calle puede ser enorme.
El planeta, desde Madrid, no pretende contar esa realidad mejor que quienes la viven. Lo que hace es poner sobre la mesa figuras que se repiten en todos los países: el marido con doble vida, el policía al que se teme y se desea, el grito de liberación. Leídas junto a la historia mexicana, esas canciones recuerdan que la supuesta heterosexualidad de la canción tiene antecedentes muy antiguos, y que la fachada respetable ha sido durante mucho tiempo la manera de sobrevivir de mucha gente.
También recuerdan algo más luminoso. Entre la redada de 1901 y la reforma de 2024 hay ciento veintitrés años de gente que se negó a esconderse: una dramaturga en un plató, treinta personas con una pancarta, un cronista que no quiso reírse del número 41. Cada una de esas personas abrió un poco la puerta que Monsiváis pedía abrir en el título de su libro. Las canciones del planeta, con su humor y su descaro, se escriben ya con esa puerta abierta.
Si algo de esto te toca
Las historias de redadas, de vidas escondidas o de violencia pueden remover cosas propias. Si necesitas hablar con alguien y estás en España, el 024 atiende de forma gratuita y confidencial, las 24 horas, a personas con pensamientos suicidas y también a quienes se preocupan por otra persona. En una emergencia, llama al 112. El Teléfono de la Esperanza está en el 717 003 717, y FELGTBI+ orienta a personas LGTBI en el 913 604 605. Desde México o cualquier otro país, findahelpline.com reúne líneas de ayuda gratuitas por país.
Créditos
«El anillo de casado» y «Voy a olvidarme de ti» pertenecen a «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer álbum de la trilogía GAYFOLK; «El anillo de casado» se puede escuchar en Spotify. «Me he enamorado de un policía que es dueño de una lavandería» es del segundo álbum y «El día de la liberación» da nombre al tercero. Mike Sain't Louis escribe las letras, compone y produce; las interpretaciones vocales y los arreglos se generan con inteligencia artificial a partir de su trabajo, y por eso se le conoce como «el primer cantautor IA». Los personajes de las canciones son inventados. Sobre el baile de los 41, Ignacio de la Torre, Nancy Cárdenas, Carlos Monsiváis y las leyes mexicanas solo se recogen hechos públicos y, en el caso del invitado número 42, se presenta como lo que es: un rumor histórico. El catálogo de canciones reúne la trilogía, la nota de prensa sobre la trilogía como narrativa en tres actos sitúa estos discos, y la sala de prensa tiene el resto.
Preguntas frecuentes
¿Qué fue el baile de los 41?
Una fiesta privada en una casa de la calle de la Paz, en Ciudad de México, en la que la policía irrumpió en la madrugada del 17 de noviembre de 1901. Detuvo a 41 hombres, la mitad vestidos de mujer según la prensa de la época, y algunos fueron enviados a Yucatán. Se contó que había un asistente más, Ignacio de la Torre y Mier, yerno de Porfirio Díaz, al que habrían dejado escapar.
¿Quién fue Nancy Cárdenas?
Una dramaturga, directora teatral y activista mexicana. En 1973, en el noticiero «24 Horas» de Jacobo Zabludovsky, defendió los derechos de las personas homosexuales y se declaró lesbiana en directo, lo que se considera la primera salida del armario de una mujer en la televisión nacional mexicana. En 1974 dirigió en México «Los chicos de la banda».
¿Cuándo fue la primera marcha del orgullo en México?
El 29 de junio de 1979, en Ciudad de México, convocada por el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, el grupo Lambda y el colectivo lésbico Oikabeth. Un año antes, el 26 de julio de 1978, un pequeño contingente homosexual había desfilado abiertamente en una manifestación por la Revolución cubana.
¿Desde cuándo es legal el matrimonio igualitario en México?
Ciudad de México lo aprobó el 21 de diciembre de 2009 y entró en vigor el 4 de marzo de 2010. Después se fue extendiendo estado por estado, con el impulso de la Suprema Corte, hasta que Tamaulipas lo aprobó el 26 de octubre de 2022 y quedó reconocido en todo el país.
¿Por qué este texto se lee con «El anillo de casado»?
Porque la canción del Planeta Gayfolk habla de un hombre casado por la iglesia que tiene una historia con otro hombre, «su supuesta heterosexualidad». La figura del marido respetable con una vida escondida aparece también en la historia del baile de los 41, a través del yerno de Porfirio Díaz.