Sociedad
No ver las noticias: evitación informativa, doomscrolling, ansiedad y bulos, leído con «Como a mi chihuahua» y otras letras del Planeta Gayfolk
Por Mike Sain't Louis ·

«Te voy a contar por qué no veo las noticias»
Hay canciones de amor que empiezan por el beso. Esta empieza por el telediario. «Como a mi chihuahua», del segundo álbum de la trilogía GAYFOLK, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», arranca con una lista de confesiones antes de llegar a la declaración. La primera es esta:
Te voy a contar por qué no veo las noticias
Y la siguiente explica casi todo lo demás:
Te voy a contar por qué me afectan tanto las injusticias
El narrador no presume de estar desinformado. Se justifica. Le afecta tanto lo que pasa que ha decidido no mirarlo de frente. Más adelante en la letra se declara «totalmente desconectado del mundo real» y confiesa que ver llorar a alguien le remueve demasiado. Luego la canción gira hacia otra cosa, un corazón que late a mil por hora y un beso que no llega antes de coger la guagua, pero esas primeras líneas describen una actitud que comparte mucha más gente de la que parece.
En las próximas secciones repasamos cuánta gente evita las noticias en España y por qué, lo que hace con el ánimo el scroll infinito de malas noticias, cómo afectan los bulos a las personas LGTBI, qué riesgos tiene desconectarse del todo y cómo informarse sin hundirse. Mike Sain't Louis es letrista, compositor y productor musical, no periodista ni psicólogo, así que aquí hay datos con su fuente y algunas ideas prácticas, no un tratamiento. La canción pone el punto de partida. Lo demás lo ponen los estudios.
Cuánta gente evita las noticias en España
Cada año, el Instituto Reuters de la Universidad de Oxford encarga una gran encuesta sobre cómo nos informamos en 48 países. La parte española la analizan investigadores de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, y el trabajo de campo lo hace YouGov por internet con más de 2.000 adultos. El último informe, el Digital News Report España 2026, recoge datos de finales de febrero de este año.

La cifra que interesa aquí es clara: el 37 % de los encuestados dice haber evitado las noticias de forma activa en el último año. No hablamos de gente que no se entera por despiste, sino de personas que cambian de canal, se saltan la portada o silencian ciertas palabras a propósito. En la edición de 2025 el porcentaje ya rondaba esa cifra, y a escala mundial el informe de ese año marcó un récord: el 40 % de la gente evitaba las noticias a veces o a menudo.
España está por debajo de la media de Europa Occidental en evitación, pero por encima de países nórdicos como Suecia o Finlandia. Y hay un dato curioso que matiza el pesimismo: en 2026 el interés por la actualidad subió. El 54 % se declara muy o totalmente interesado, tres puntos más que el año anterior y el valor más alto en cuatro años. Es decir, mucha gente quiere estar informada y, a la vez, se protege de las noticias. Las dos cosas conviven en la misma persona, igual que conviven en la canción: el narrador no ve el telediario, pero sabe perfectamente que hay injusticias.
Por qué nos apartamos: desconfianza, saturación y ánimo
El Digital News Report España 2025 preguntó a quienes evitaban las noticias por qué lo hacían. Las tres respuestas más repetidas salieron casi empatadas: la desconfianza en los medios (35 %), la sobrecarga de información (35 %) y el efecto negativo que la actualidad tiene en el estado de ánimo (34 %). Ese mismo año, el 35 % de los españoles decía sufrir fatiga informativa por la cantidad de contenidos que le llegaban.
La edición de 2026 añade dos pistas más. La primera es política: la desafección es el predictor ideológico más claro de la desconexión, y evitan más las noticias quienes no se sitúan en ningún punto del eje izquierda-derecha. La segunda tiene que ver con el canal. Quienes se informan sobre todo por pódcast, redes sociales o herramientas de inteligencia artificial evitan más las noticias que quienes leen medios en internet. El informe lo resume con una frase que conviene guardar: el canal de acceso a la información no es neutral.
La confianza también pesa. En 2026 solo el 33 % de los españoles cree que se puede confiar en las noticias, frente al 39 % que desconfía. Mejora respecto al año anterior, pero sigue por debajo de la media de los países estudiados. Y quienes más confían en los medios son, precisamente, quienes menos los evitan. Dicho de otro modo: no se huye solo del contenido triste, también de la sensación de que te están vendiendo algo.
«Me afectan tanto las injusticias»: lo que la actualidad hace con el cuerpo
La segunda línea de la canción no es una exageración poética. Hay investigación seria sobre cómo afecta la exposición a malas noticias. Uno de los estudios más citados lo publicaron en 2014 en la revista PNAS las investigadoras E. Alison Holman, Dana Rose Garfin y Roxane Cohen Silver, de la Universidad de California en Irvine. Tras los atentados del maratón de Boston de 2013 encuestaron a más de 4.600 adultos de todo Estados Unidos. Quienes habían pasado seis horas o más al día consumiendo información sobre los atentados en la semana siguiente tenían más probabilidad de mostrar estrés agudo que algunas personas que habían estado cerca de la explosión.
Es una conclusión incómoda: mirar una tragedia en bucle, desde el sofá, puede afectar tanto o más que vivirla de cerca. No significa que informarse sea dañino. Significa que la dosis y la forma importan.
En 2022, la revista Health Communication publicó otro trabajo que puso nombre a un problema concreto: el consumo problemático de noticias. Sus autores, Bryan McLaughlin, Melissa Gotlieb y Devin Mills, encuestaron a 1.100 adultos estadounidenses y encontraron que el 16,5 % entraba en el grupo más grave. Eran personas tan absorbidas por la actualidad que las noticias ocupaban sus pensamientos al despertar, les quitaban tiempo con su gente, les costaba concentrarse en el trabajo y dormían peor. Ese grupo declaraba más malestar mental y físico que el resto, incluso teniendo en cuenta cuántas noticias consumía en total.
El narrador de «Como a mi chihuahua» parece haber llegado a la conclusión contraria por su cuenta: si le afectan tanto las injusticias, mejor no exponerse. Es una defensa comprensible. La pregunta es si no hay una forma intermedia.
Doomscrolling: el pulgar que no para
En 2020, durante los meses de confinamiento, se hizo popular una palabra inglesa que mezcla «doom» (fatalidad) y «scrolling» (deslizar la pantalla). El doomscrolling es seguir bajando por noticias y publicaciones negativas en el móvil aunque cada nueva línea te haga sentir peor. No se elige del todo. Se cae en él.
Hay varias razones por las que cuesta parar. La primera es biológica: el cerebro presta más atención a las amenazas que a las buenas noticias, porque durante miles de años detectar un peligro era cuestión de supervivencia. La segunda es de diseño: el scroll infinito no tiene final, así que no hay un momento natural para cerrar la aplicación. La tercera es algorítmica. Según el Digital News Report 2026, el 60 % de los usuarios en España accede a las noticias a través de redes sociales y agregadores, es decir, a través de sistemas que ordenan lo que ves según lo que te retiene. Y la indignación retiene mucho.
El resultado es una paradoja. Cuanto más angustia sientes, más miras, como si seguir leyendo fuera a darte control sobre lo que pasa. Pero la sensación de control no llega, y el móvil sigue en la mano a la una de la madrugada. Si te reconoces, no eres raro. Te ha pasado lo que a millones de personas con un aparato pensado para que no lo sueltes.
Cuando las noticias hablan de ti
Para muchas personas LGTBI, la actualidad tiene una capa extra. No solo informa de guerras, catástrofes o crisis económicas. A veces habla directamente de ti: de tus derechos, de si tu matrimonio debería existir, de si las personas trans son una amenaza, de una agresión en una calle parecida a la tuya. Leer debates sobre tu propia vida como si fuera un tema de tertulia cansa de una forma muy particular.
Los investigadores llaman estrés de minoría a la suma de tensiones que vive un grupo que sufre prejuicio, y una parte de ese estrés llega de segunda mano. No hace falta que te insulten a ti para que la noticia de un insulto a otra persona te haga revisar cómo vas por la calle o si das la mano a tu pareja. Es lo que a veces se llama estrés vicario. En el diario hay una guía general sobre salud mental LGTBI que explica este concepto con más calma. Por eso no extraña que algunas personas LGTBI se aparten de las noticias en épocas de mucho ruido: no es indiferencia, es cuidado.
A eso se suma la desinformación. Cuando la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea presentó en 2024 su gran encuesta a personas LGBTIQ, uno de sus expertos alertó de campañas de odio muy intensas en internet, sobre todo contra las personas trans, y la propia agencia recordó que desde el extranjero se difunden mensajes que hablan de «propaganda LGBTI» o «ideología de género», o que presentan a la comunidad como una amenaza para los valores tradicionales. Es decir: una parte de lo que llega al móvil no es información, sino propaganda diseñada para dar miedo o asco.
«Prefiero enterarme por Twitter dos meses más tarde»
La línea más graciosa de la canción es también la más reveladora:

prefiero enterarme por Twitter dos meses más tarde
El narrador no ha renunciado a enterarse. Ha renunciado a enterarse en caliente. Prefiere que la desgracia le llegue cuando ya se ha posado, cuando se sabe qué pasó de verdad y la primera ola de rumores ya se ha ido. Dicho con humor, es casi una filosofía periodística: hay corrientes que defienden un periodismo más lento, menos pegado a la última hora y más centrado en explicar.
Tiene su lógica. Las primeras horas de cualquier suceso grande están llenas de cifras provisionales, vídeos sin contexto y versiones que luego se desmienten. Quien lee todo eso en directo absorbe la angustia y también los errores. Quien se entera días después recibe una historia más completa con mucho menos ruido.
El chiste está en el canal elegido. Enterarse por Twitter, hoy X, dos meses tarde es casi imposible: las redes viven del presente. Y aquí la canción, sin querer, toca otro dato del informe español de 2025: la televisión seguía siendo la principal fuente de información para el 54 % de los españoles, pero las redes sociales ya eran fuente para el 46 %. El rasgo más singular de España dentro de Europa Occidental, según la edición de 2026, es precisamente el uso tan alto de redes para informarse.
Desconectar del todo también tiene un precio
Evitar las noticias de vez en cuando puede ser sano. Desaparecer del todo de la actualidad tiene costes, y conviene conocerlos.
El primero es práctico. Hay información que te afecta directamente y que no llega sola: un cambio en las ayudas al alquiler, una alerta sanitaria, un plazo administrativo. Un ejemplo de este mismo otoño: hay elecciones generales el 29 de noviembre de 2026, y quien quiera votar por correo tiene hasta el 19 de noviembre para pedirlo y hasta el 25 para entregar el sobre en Correos. Da igual a quién votes o si decides no hacerlo: enterarse tarde de un plazo puede dejarte sin la opción de elegir.
El segundo es social. El Digital News Report 2026 habla de los «ninis» informativos, personas que no tienen ni confianza ni interés en las noticias. Son el 35 % de la población general y el 53 % de los menores de 25 años. Una generación muy conectada y, a la vez, muy alejada de la información periodística, que muchas veces se informa por creadores de contenido sin saber de dónde salen sus datos.
El tercero es más sutil. Cuando no sabes nada de lo que pasa, el hueco lo llena cualquiera: el comentario del cuñado, el audio reenviado en el grupo de la familia, el vídeo de alguien muy seguro de sí mismo. Desconectarse del todo no te protege de los bulos. A veces te deja más expuesto.
Jóvenes, vídeos cortos y noticias que llegan sin buscarlas
La forma de enterarse ha cambiado tanto que la palabra «noticias» ya no significa lo mismo para todas las edades. Para quien creció con el telediario de las nueve, informarse era sentarse a una hora fija. Para quien tiene veinte años, la actualidad aparece mezclada entre un vídeo de recetas, un baile y un meme, sin que nadie la haya pedido.
Los datos españoles lo reflejan. En 2025, el 18 % de los menores de 35 años ya usaba TikTok para consultar noticias, e Instagram era la red favorita de ese grupo para informarse. En 2026, los creadores de contenido generalistas, que no son periodistas ni especialistas, se han consolidado como fuente para casi la mitad de los jóvenes de 18 a 24 años. Y aunque solo el 3 % de los menores de 25 señala a los chatbots de inteligencia artificial como su fuente principal, el 19 % reconoce haberlos usado para informarse la semana anterior a la encuesta.
Ese modelo tiene una consecuencia directa sobre el ánimo. Cuando las noticias llegan sin buscarlas, no eliges el momento. Te puede aparecer una guerra justo antes de dormir o un vídeo de una agresión en mitad de una tarde tranquila. No hay portada que se cierra ni telediario que acaba: hay un flujo continuo. Por eso a mucha gente joven le cuesta tanto separar la actualidad del resto de su vida, y por eso evitarla se parece cada vez más a evitar el móvil entero.
Hay otra consecuencia, más silenciosa. En formato de vídeo corto, lo que más circula es lo que más emociona, no lo que mejor explica. Un minuto de indignación compite con ventaja frente a diez minutos de contexto. Quien solo se informa así recibe una versión más intensa y más fragmentada del mundo, y es lógico que acabe agotado. La solución no pasa por demonizar las redes, sino por añadir de vez en cuando una fuente que explique con calma lo que el vídeo solo grita.
Bulos: la preocupación que más ha crecido
Si hay una cifra del informe de 2026 que lo dice todo es esta: al 74 % de los encuestados le preocupa distinguir qué es verdadero y qué es falso en las noticias de internet. Es el dato más alto de toda la serie española. Y no es una preocupación abstracta. En 2025, el 57 % de los españoles señalaba a los políticos nacionales como una fuente importante de desinformación, la cifra más alta de los 48 países estudiados.

Las herramientas nuevas no lo arreglan solas. En 2026, el 8 % de los encuestados ya usaba chatbots de inteligencia artificial para informarse, y el 46 % desconfiaba de ellos. Lo curioso es que esa desconfianza no se traduce en más clics para comprobar la fuente original. El informe lo dice así: la desconfianza, por sí sola, no crea hábitos de verificación.
Algunas costumbres sencillas ayudan mucho:
- Antes de compartir algo que te indigna, mira quién lo publica y cuándo. La rabia es el combustible favorito de los bulos.
- Desconfía de las capturas de pantalla sin enlace y de los audios sin autor.
- Busca el mismo dato en dos medios distintos. Si solo lo cuenta una cuenta anónima, espera.
- Los verificadores profesionales existen y publican sus desmentidos: úsalos.
- Y si el contenido habla de un colectivo con odio, no lo difundas ni para criticarlo. Compartirlo amplía su alcance.
«Rutina / Todo se repite»: la tentación de irse a otro planeta
Hay otra canción del mismo disco que explica bien de qué huye mucha gente. «Elon Musk ha anunciado» describe una vida gris en la que no pasa nada y todo pesa:
Rutina Todo se repite
Y enseguida, la sensación de vivir rodeado de desconocidos:
Calle sin nombre
Frente a eso, la canción ofrece una salida de ciencia ficción: una misión tripulada a un planeta recién descubierto llamado Gayfolk. Es una fantasía de evasión con mucho humor, y se cuenta con más detalle en el diario de la canción. Pero dice algo cierto sobre cómo funcionamos: cuando el mundo real se vuelve monótono o amenazante, buscamos un refugio. Para unos es un videojuego, para otros una serie, para otros un planeta inventado lleno de purpurina.
Refugiarse no es malo. Todo el mundo necesita salas de descanso. El riesgo es convertir el refugio en la única casa y no volver nunca a la calle. La música, la ficción o el humor ayudan a recargar fuerzas para mirar la realidad, no a sustituirla.
Una dieta informativa que no te hunda
Igual que con la comida, no se trata de prohibir, sino de elegir mejor. Estas ideas recogen consejos repetidos por psicólogos y periodistas, y cada persona tendrá que adaptarlas a su vida:
- Fija uno o dos momentos al día para informarte, por ejemplo por la mañana y a media tarde. Fuera de ese horario, la actualidad puede esperar.
- Quita las notificaciones de última hora del móvil. Casi nada de lo que llega con un pitido requiere tu reacción inmediata.
- Elige pocas fuentes y que sean fiables. El informe de 2026 recuerda que uno de cada tres españoles usa una sola fuente; tampoco hace falta leer veinte, pero sí contrastar.
- Prefiere formatos que expliquen: un resumen diario, un reportaje largo, un pódcast de análisis. El directo minuto a minuto alimenta la ansiedad.
- Mira lo cercano. En la edición de 2025, el 51 % de los encuestados decía fiarse habitualmente de los diarios locales y regionales, más que de cualquier otro tipo de medio.
- Deja el móvil fuera del dormitorio o, al menos, lejos de la cama en la última hora antes de dormir. Si te cuesta conciliar el sueño, en el diario hay una guía sobre insomnio y salud mental.
- Después de una noticia dura, haz algo con el cuerpo: sal a caminar, llama a alguien, cocina. La angustia se gestiona mejor moviéndose que releyendo.
- Si puedes, convierte la impotencia en acción pequeña: donar, firmar, participar en una asociación, acompañar a alguien. Saber que haces algo reduce la sensación de estar a merced de todo.
«Tu risa es el antídoto contra mi soledad»
La canción termina lejos del telediario. Después de las confesiones y de las preguntas, el narrador suelta la frase más tierna de la letra:

tu risa es el antídoto contra mi soledad
No es un consejo de salud pública, pero apunta a algo que los estudios repiten: el apoyo social protege. Las noticias golpean más cuando las lees solo, de madrugada y sin nadie con quien comentarlas. Compartir una preocupación con alguien de confianza la hace más manejable. Reírse con alguien, también.
Por eso hablar de evitación informativa obliga a hablar de soledad. Quien vive aislado tiene más difícil poner la actualidad en perspectiva, y quien está muy enganchado a la actualidad puede acabar aislándose. En el diario del planeta hay una reflexión sobre la diferencia entre la soledad elegida y la impuesta que encaja aquí: apagar el telediario para estar con tu gente es una cosa; apagarlo todo y quedarte a oscuras, otra.
El narrador de «Como a mi chihuahua» tiene clara su medicina: la risa de alguien. Es una buena pista. Si las noticias te dejan sin fuerzas, quizá lo urgente no sea leer más ni leer menos, sino buscar a alguien con quien reírte un rato. El diario de la canción, «un corazón a mil por hora», cuenta el resto de la historia.
Cuándo la actualidad se convierte en un problema
Informarse es un derecho y una necesidad. Pero hay señales de que la relación con las noticias ha dejado de ser sana:
- Lo primero que haces al despertar y lo último antes de dormir es mirar noticias, y te sientes peor después.
- Pasas horas leyendo sobre un mismo suceso sin que eso cambie nada en tu vida ni en la de nadie.
- Te cuesta concentrarte en el trabajo o en los estudios porque vuelves una y otra vez al móvil.
- Duermes mal muchas noches por lo que has leído.
- Has dejado de ver a gente o de hacer cosas que te gustaban porque todo te parece inútil ante lo que pasa en el mundo.
- Sientes una angustia constante, irritabilidad o falta de ganas que dura semanas.
Si te reconoces en varias, merece la pena hablarlo con un profesional. La ansiedad tiene tratamiento, y en el diario hay una explicación sencilla de la ansiedad sin estigma. Tu médico de familia puede orientarte y derivarte.
Dónde pedir ayuda
Nadie tiene que cargar solo con el peso del mundo. Si la actualidad te ha dejado tocado, estos recursos están para eso:
- Marca el 024 a cualquier hora. Es el número del Ministerio de Sanidad para quien piensa en quitarse la vida o se preocupa por alguien que lo piensa; no cuesta nada, nadie sabrá que has llamado y también funciona por chat.
- Ante una urgencia que no puede esperar, el número es el 112.
- El Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, atiende a quien necesita desahogarse y ser escuchado.
- La Línea Arcoíris de la federación FELGTBI+, 913 604 605, orienta y acompaña a personas LGTBI y a sus familias.
- Si eres menor de edad, o te preocupa un chaval, la Fundación ANAR escucha en el 900 20 20 10, gratis y a cualquier hora.
¿Estás leyendo esto desde otro país? Llama a los servicios de emergencia locales o entra en findahelpline.com, que reúne líneas gratuitas de apoyo emocional de todo el mundo.
Ficha
La canción que abre este texto forma parte de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», segunda entrega de la trilogía GAYFOLK, y está disponible en Spotify; «Elon Musk ha anunciado» sale de ese mismo disco. Letra, música y producción son obra de Mike Sain't Louis, y las partes vocales están creadas con inteligencia artificial. Puedes recorrer su catálogo completo en canciones. Fuentes de las cifras: Digital News Report España 2025 y 2026 (Universidad de Navarra e Instituto Reuters, con encuestas de YouGov), Holman, Garfin y Silver en PNAS (2014), McLaughlin, Gotlieb y Mills en Health Communication (2022), la encuesta LGBTIQ de la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE (2024) y el calendario electoral publicado por la Junta Electoral Central. Lo que aquí se cuenta es divulgación: ante un problema de salud, consulta a quien sepa de medicina o psicología. Periodistas: prensa.
Preguntas frecuentes
¿Cuánta gente evita las noticias en España?
Según el Digital News Report España 2026, de la Universidad de Navarra y el Instituto Reuters, el 37 % de los encuestados dice haber evitado las noticias de forma activa en el último año. En la edición de 2025, las razones más citadas fueron la desconfianza, la saturación de información y el efecto negativo en el ánimo.
¿Qué es el doomscrolling?
Es la costumbre de seguir deslizando el dedo por noticias y publicaciones negativas en el móvil aunque te hagan sentir peor. Se popularizó en 2020, durante la pandemia, y se relaciona con más ansiedad y peor sueño cuando se vuelve compulsivo.
¿Es malo dejar de ver las noticias?
Tomarse un descanso puede ser sano si la actualidad te desborda. El problema llega cuando la desconexión es total y te pierdes información práctica que te afecta, como plazos, cambios de leyes o avisos de salud. La alternativa es informarse menos veces y mejor, no dejarlo del todo.
¿Cómo puedo informarme sin agobiarme?
Fija uno o dos momentos al día para informarte, quita las notificaciones de última hora, elige pocas fuentes fiables, prefiere formatos que expliquen en lugar de alarmar y evita el móvil justo antes de dormir. Antes de compartir algo que te indigna, comprueba quién lo publica.
¿Cuándo debo pedir ayuda si las noticias me afectan mucho?
Si la actualidad te quita el sueño muchas noches, no puedes dejar de pensar en ella, te aísla o te deja sin ganas de nada durante semanas, pide cita con tu médico de familia. Y si sientes que tu vida corre peligro, el 024 y el 112 responden siempre.