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Salud mental

Por qué volvemos con quien nos hace daño

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Mike Sain't Louis con traje morado caminando por la pista de un salón de baile con piano de cola y telón verde

Hay una pregunta que casi todo el mundo se ha hecho alguna vez, sobre sí mismo o sobre alguien cercano: ¿por qué vuelve? ¿Por qué, después de todo lo que ha pasado, después de las mentiras, los desprecios y las noches sin dormir, esa persona vuelve con quien le hizo daño? Desde fuera parece incomprensible. Desde dentro, casi inevitable.

Esta nota intenta responder a esa pregunta sin juicio. No es un texto clínico ni sustituye a una terapia. Es una explicación divulgativa de algunos mecanismos que la psicología lleva tiempo describiendo, y de cómo aparecen en las canciones del planeta. Porque si algo tienen las letras de Mike Sain't Louis es que no fingen que salir de una relación dañina sea fácil.

Mike lo sabe por experiencia. Durante veinte años vivió atrapado en dos relaciones con parejas narcisistas, y sus canciones fueron la forma de contar su versión. No nombra a nadie ni da detalles, y esta nota tampoco lo hará. Lo que importa aquí no es quién, sino por qué.

Antes de seguir, lo más importante: si estás en una relación que te hace daño o te sientes sin salida, no tienes que cargarlo solo ni sola. En España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita y disponible a cualquier hora. Si hay peligro inmediato, llama al 112.

Volver no es ser tonto

La primera idea que conviene desmontar es la de que quien vuelve es débil, ingenuo o poco inteligente. Eso no es así. Personas brillantes, independientes, con trabajo, amigos y criterio, vuelven una y otra vez con alguien que les hace daño. No porque no vean lo que pasa, sino porque hay fuerzas muy potentes que empujan en esa dirección.

La culpa añadida es, de hecho, uno de los mayores obstáculos. Quien vuelve suele sentirse avergonzado, y esa vergüenza le aísla todavía más: deja de contárselo a sus amigos porque teme que le digan «otra vez», y ese silencio deja más espacio a la persona que le hace daño. Entender los mecanismos sirve, sobre todo, para quitarse esa vergüenza de encima.

El premio que llega a veces

Uno de los mecanismos más estudiados se llama refuerzo intermitente. Funciona así: cuando una recompensa llega de forma impredecible, unas veces sí y otras no, el enganche es mucho más fuerte que cuando llega siempre. Es el mismo principio que hace que una máquina tragaperras resulte tan adictiva.

En una relación dañina, el cariño funciona como ese premio. Hay días de desprecio, de silencio, de frialdad, y de repente un día de ternura absoluta, de mensajes bonitos, de planes de futuro. Ese día bueno vale por diez días normales, precisamente porque no se sabe cuándo volverá. Y uno se queda esperando el siguiente.

En el planeta hay una canción que retrata ese temblor permanente: «Me rindo», con su estribillo que se repite como un bucle: «y me rindo, y sigo temblando siempre». Es la sensación exacta de quien vive pendiente del siguiente gesto, sin saber si será una caricia o un portazo. El diario la leyó como la parrilla de televisión de una ruptura.

El vínculo que se forma en el miedo

Relacionado con lo anterior está lo que en divulgación se suele llamar vínculo traumático. Cuando la misma persona que causa el dolor es la que luego ofrece consuelo, el cerebro puede acabar asociando a esa persona con el alivio. Se crea un lazo muy intenso, que no tiene que ver con lo sana que sea la relación, sino con la montaña rusa emocional que la sostiene.

Por eso muchas personas describen la ruptura con alguien así como algo parecido a un síndrome de abstinencia. No echan de menos solo a la persona: echan de menos el alivio que llegaba después del daño. Y como ese alivio solo lo daba ella, la tentación de volver es enorme.

Reconocer ese mecanismo no lo hace desaparecer, pero ayuda a ponerle nombre. Cuando la añoranza aprieta, puede servir decirse: esto que siento no demuestra que fuera amor verdadero; demuestra que estuve mucho tiempo en una montaña rusa.

El recuerdo del principio

Casi todas las relaciones dañinas empiezan muy bien. A veces demasiado bien. Atención constante, sensación de haber encontrado por fin a alguien que te entiende, planes enormes en muy poco tiempo. Ese principio deslumbrante deja una huella profunda, y cuando las cosas se tuercen, uno sigue aferrado a la idea de que esa persona del principio sigue ahí dentro.

Volver, muchas veces, es volver a buscar a esa persona del principio. No a la de ahora. Y cada pequeña señal de cariño se interpreta como la prueba de que «el de antes» está regresando.

«Another Narcissist» lo cuenta desde el otro lado, cuando por fin cae la máscara: «Your mask is falling, I can see / The truth you tried to hide from me». La canción empieza con un verso demoledor sobre el tiempo perdido: «You told me lies I believed for 20 years». Veinte años creyendo en alguien que quizá nunca existió del todo.

Fotograma del videoclip «Another Narcissist»: un hombre con máscara sonriente y frac maneja con hilos a una figura sentada en el centro de un anfiteatro iluminado

El videoclip de esa canción usa la imagen de las marionetas, y el diario ya la explicó en un taller para cortar hilos. Aquí basta con quedarse con la idea: los hilos no se ven, pero tiran.

Dudar de uno mismo

Otro motivo por el que se vuelve es que, después de mucho tiempo, uno deja de fiarse de su propio criterio. Si alguien te ha repetido durante meses o años que exageras, que te lo inventas, que eres demasiado sensible, acabas preguntándote si no tendrá razón. Y si quizá el problema eras tú.

Ese proceso tiene nombre popular, gaslighting, y el planeta le dedicó una canción entera. «Gaslighting» empieza justo con esa frase que tantas personas han oído: «Me dices baby no pasó / Que lo soñé, que todo fui yo». Y luego responde: «Pero sorry, yo sé bien / Lo que vi, lo que sentí también».

Una herramienta sencilla que recomiendan muchos profesionales es escribir. Apuntar lo que pasó, con fecha, en el momento. No para usarlo contra nadie, sino para uno mismo: para que, cuando llegue la duda, haya un registro que diga «esto ocurrió, no me lo inventé». La memoria se puede manipular. Un papel con fecha, mucho menos.

El miedo a la soledad, y el miedo LGTBI a no encontrar a nadie más

Mucha gente vuelve porque teme quedarse sola. Es humano. Pero en las personas LGTBI ese miedo puede tener una capa más. Quien creció escondiéndose, quien tardó años en poder tener pareja a la vista de todos, quien vive en un pueblo o en un entorno donde hay pocas opciones, puede sentir que esa relación, aunque haga daño, es la única posible. Que no habrá otra.

A eso se suma, a veces, el aislamiento. Muchas relaciones dañinas van separando poco a poco a la persona de sus amigos y de su familia, y en el caso de quien ya tenía una red frágil, por rechazo familiar o por haber tenido que empezar de cero en otra ciudad, el efecto es todavía más fuerte. Cuando la pareja es casi el único vínculo, dejarla parece quedarse en el vacío.

La respuesta a ese miedo no es una frase motivacional. Es reconstruir red, poco a poco: un amigo, un colectivo, un grupo, una terapeuta. La familia elegida, que tanto aparece en la cultura queer, no es un tópico: es una herramienta de supervivencia. El planeta lo dice a su manera en «El descarte del narcisista», una canción que se dirige directamente a quien está pasando por eso: «Pero yo estoy contigo / ¡No estás sola!».

La llamada que vuelve

Hay un último elemento que no depende de quien sufre: muchas veces es la otra persona la que vuelve a buscar. Justo cuando uno empieza a estar mejor, llega un mensaje, una llamada, una disculpa, una promesa de cambio. En divulgación se le suele llamar con un nombre que viene de las aspiradoras, porque la idea es esa: volver a absorber a quien se estaba alejando.

Por eso muchas personas que salen de relaciones así hablan del contacto cero como una herramienta. No es una venganza ni un castigo. Es una forma de protegerse de esa llamada mientras uno recupera fuerzas. «No Contact» lo convierte en himno de pista: «Tu llamada ya no suena», y más adelante: «Aunque tiemble, I won't fall / Aunque supliques, not at all». La canción tiene también un verso muy importante, que conviene subrayar: «Mi therapist me ha ayudado». Nadie sale de esto solo a base de fuerza de voluntad.

Si has vuelto, no has fracasado

Hay algo que casi nunca se dice: es muy habitual intentar irse varias veces antes de conseguirlo del todo. Volver una vez, o dos, o cinco, no significa que nunca vayas a salir. Cada intento enseña algo. Cada vez se ve un poco más claro. Y cada vez, si hay una red alrededor, la siguiente salida puede ser la definitiva.

Por eso, si conoces a alguien que ha vuelto con quien le hace daño, lo peor que puedes hacer es retirarle la palabra o decirle «ya te lo dije». Lo mejor es seguir ahí. Que sepa que, cuando quiera irse otra vez, habrá una puerta abierta. Muchas personas salen precisamente porque alguien no se cansó de esperarlas.

Y si eres tú quien ha vuelto, trátate con la misma paciencia que tendrías con un amigo. No eres tonto. Estás atrapado en mecanismos muy potentes. Y se puede salir.

Cuándo pedir ayuda profesional

Siempre que se pueda. Una terapia con un profesional de la psicología, a ser posible con experiencia en relaciones de abuso y en diversidad sexual, puede marcar la diferencia. Mike lo ha contado abiertamente: una buena psicóloga le está ayudando. No hay nada de vergonzoso en ello, y sí mucho de valiente.

Si la situación incluye violencia, amenazas o miedo por tu seguridad, o si en algún momento piensas en hacerte daño, no esperes. El 024 atiende de forma gratuita y confidencial a cualquier hora, y el 112 está para cualquier emergencia.

Las canciones como mapa

En el planeta hay muchas canciones sobre este tema, y no por casualidad. Las letras las escribe Mike; la música y la interpretación vocal se hacen con IA. Pero lo que cuentan nace de una experiencia muy real, y su propósito declarado es dar visibilidad al abuso narcisista y psicológico. Quien quiera leerlas con calma tiene todas en la sección de letras, las canciones en la página de singles y las preguntas más habituales sobre el proyecto en las preguntas frecuentes.

El diario ha dedicado además una serie entera a la salud mental, con la idea de hablar para que otros no callen. Y en su blog personal, Mike escribe en primera persona sobre su música y sobre cómo las canciones le han acompañado.

Volver con quien nos hace daño no es el final de la historia. A veces es solo un capítulo más largo de lo que nos gustaría. Lo importante es que haya otro capítulo después, y que no haya que escribirlo a solas.

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