Planeta Gayfolk

Camp español

Las divas españolas que nos enseñaron a sobrevivir

Por ·

Mike Sain't Louis con abrigo camel y jersey de cuello alto en una calle mojada de París con la torre Eiffel al fondo

Hay una escena que se repite en muchas casas españolas de los ochenta y los noventa. Un niño en el salón, la tele encendida, una gala de sábado noche o un especial de Nochevieja, y de pronto aparece ella. Una mujer con un vestido imposible, una melena que desafía la física y una voz que llena la habitación entera. El niño no sabe todavía por qué, pero se queda quieto. No mira el vestido: mira cómo se planta en el escenario. Mira cómo levanta la barbilla. Años después entenderá que esa noche estaba recibiendo una clase.

Esta nota va de esa clase. De las divas españolas que, sin proponérselo, enseñaron a varias generaciones de chicos y chicas queer a sobrevivir. No es un repaso biográfico ni un ranking. Es un intento de poner en palabras lo que el planeta de Mike Sain't Louis ha heredado de ellas, porque esa herencia está en todas partes: en el tono de las letras, en el vestuario de los videoclips y en la forma de convertir el dolor en espectáculo que recorre el universo GAYFOLK.

Algunas de estas mujeres ya tienen su propia pieza en el diario, como Lola Flores, Malena Gracia, Carmina Barrios o Yurena. Aquí no se repite lo que allí se cuenta. Aquí se habla de las lecciones.

Lección uno: la voz se rompe, pero no se calla

Rocío Jurado cantaba como si cada canción fuera la última. «Se nos rompió el amor», escrita por Manuel Alejandro, es una canción sobre un final, pero la manera de cantarla no tiene nada de derrota. La voz sube, se quiebra, vuelve a subir. Es una lección que muchos aprendieron antes de saber nombrarla: puedes contar que algo se ha roto sin romperte tú del todo en el intento.

«Como una ola» funcionaba igual. Una fuerza que llega, arrasa y se va, y la cantante en medio, de pie, con los brazos abiertos. Para un adolescente que vivía su deseo en secreto, ver a alguien sentir así, en voz alta y delante de toda España, era casi un permiso.

En el planeta esa lección aparece cada vez que una letra exagera el drama hasta el límite. Las canciones de Mike no susurran la tristeza: la proclaman. Y lo hacen con una mezcla muy española de lágrima y carcajada que tiene mucho que ver con aquellas noches de televisión. Basta escuchar los singles más desgarrados del catálogo para notar que el melodrama no es un error de tono, sino una tradición.

Lección dos: «dientes, dientes»

Pocas frases de la cultura popular española han tenido una vida tan larga como el «dientes, dientes, que es lo que les jode» atribuido a Isabel Pantoja. Es, en el fondo, un manual de supervivencia en cuatro palabras: cuando te miran esperando verte caer, sonríe. Que la sonrisa sea tu armadura.

El planeta tiene una canción entera construida sobre esa idea. «Dientes, dientes» convierte la frase en estribillo y la carga de un orgullo que no pide perdón: «Yo soy el oro y tú no llegas ni a plata / Yo soy un ave fénix y tú eres una rata». El diario ya le dedicó un odontograma completo, así que aquí basta con señalar de dónde viene el gesto.

Fotograma del videoclip «Dientes, dientes»: un chico sin camiseta se lanza entre humo rosa y violeta

Y no es la única vez que la Pantoja asoma. En «Si Don Aussiebum hablase», la canción del bañador robado por un falso amor, la letra suelta en mitad del despecho: «siempre Ave Fénix y como diría La Pantoja / ¡Tú tira palante!». Es un guiño, pero también una cita de autoridad. Cuando el narrador necesita fuerzas, no recurre a un filósofo: recurre a una tonadillera. La historia completa de esa prenda está en la biografía no autorizada del bañador.

Hay otra lección en Isabel Pantoja que conviene no olvidar: «Marinero de luces», la canción que José Luis Perales escribió para ella tras la muerte de su marido, el torero Paquirri. Una mujer cantando su duelo en público, convertida en imagen nacional de la pérdida. Lo que enseñaba esa imagen era incómodo y valioso a la vez: que el dolor también se puede vestir, peinar y subir a un escenario, y que hacerlo no lo vuelve falso.

Lección tres: ser «aquel» aunque no te entiendan

No todas las divas fueron mujeres. Raphael lleva décadas siendo uno de los grandes iconos del público gay español, y no es casualidad. «Yo soy aquel», la canción con la que representó a España en Eurovisión en 1966, es un título que hoy se lee casi como un manifiesto. Yo soy aquel. Yo soy ese. El que gesticula, el que dramatiza con las manos, el que canta «Escándalo» como si el escándalo fuera un premio.

Raphael enseñó que la teatralidad no es un adorno, sino una manera de existir. En una época en la que a muchos niños se les corregía el gesto, la forma de caminar o la manera de mover las manos, ver a un hombre en la tele haciéndolo todo a lo grande, sin disculparse, tenía algo de liberador. Lo que pensara él de todo aquello es asunto suyo. Lo que hizo su público con su imagen es historia del camp español.

Esa herencia se ve en los videoclips del planeta, donde los chicos que aparecen posan, giran, miran a cámara y se exhiben con una seguridad que no tiene nada de discreta. La sección de estética del universo explica bien cómo se construye ese lenguaje visual: lentejuelas, colores saturados, escenarios que parecen decorados de gala antigua. Mucho de eso viene de aquellas actuaciones.

Lección cuatro: el cuplé como trinchera

Sara Montiel convirtió «El último cuplé», en 1957, en uno de los mayores éxitos del cine español. Y después siguió siendo Sara Montiel durante décadas: el puro, la mirada lánguida, «Fumando espero». Su figura tiene algo que el camp adora: la diva que se interpreta a sí misma, que sabe que es un personaje y lo lleva con orgullo.

La lección aquí es sutil. Sara Montiel enseñó que la exageración consciente puede ser una forma de control. Si tú decides cómo te miran, si tú eres la primera en hacer el gesto excesivo, nadie puede reírse de ti sin que tú ya te estés riendo con ellos. Es exactamente lo que define el camp: tomarse en serio lo frívolo y frívolamente lo serio.

En el universo GAYFOLK esa idea es estructural. Muchas canciones de Mike tratan asuntos muy duros, desde rupturas hasta engaños, pasando por el abandono, con una puesta en escena deliberadamente excesiva. No es para quitarles peso. Es para que se puedan contar.

Lección cinco: sobreviviré

Hay canciones que llevan la lección en el título. «Sobreviviré», la versión que Mónica Naranjo publicó en el año 2000, fue un himno inmediato en las pistas de baile. La voz enorme, la orquesta, el dramatismo de ópera llevado a la discoteca. Era una canción para cantar a gritos a las cuatro de la mañana, rodeado de gente que también había sobrevivido a algo.

Lo interesante de «Sobreviviré» es que no habla de una victoria limpia. Habla de resistir. Y esa distinción es importante en la cultura queer, donde la supervivencia muchas veces no se celebra cuando todo ha salido bien, sino cuando todavía no ha salido del todo y aun así se baila.

Esa energía de pista está en muchas producciones del planeta, que mezclan electropop, rumba y copla sin pedir permiso. La pista de baile como lugar seguro, como iglesia laica, como sitio donde una canción puede salvarte la noche. Se nota en temas como «Malena», que convierte a otra diva española en reina de la discoteca, o en el homenaje a Camela sin ironía.

Lección seis: saber decir «se acabó»

María Jiménez cantó «Se acabó» en 1978, y con los años esa canción se ha escuchado como un himno de quien decide marcharse de una relación que le hace daño. La fuerza de la interpretación, la rabia contenida, la decisión final. No es una canción triste: es una canción de puerta cerrada.

Esta lección conecta directamente con una de las líneas más serias del planeta. Mike ha hablado en sus canciones de amores que hieren, de engaños y de relaciones de las que cuesta salir. El diario las trata con humor muchas veces, pero detrás del humor hay algo real: aprender a decir basta. Para muchas personas LGTBI que crecieron sin referentes de pareja sana, una canción como «Se acabó» fue, durante años, lo más parecido a un consejo.

Si ahora mismo estás en una relación que te hace daño, o sientes que no puedes más, no tienes que resolverlo sola ni solo. En España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita y disponible las 24 horas. En caso de emergencia, llama al 112.

Lección siete: llorar a alguien con elegancia

Rocío Dúrcal hizo de «Amor eterno», la canción de Juan Gabriel, uno de los grandes himnos del duelo en español. Es una canción para despedir a alguien que ya no está, y su interpretación tiene una contención que impresiona: no hay grito, hay una tristeza que se sostiene de pie.

Es la otra cara de la diva. Junto al exceso, la elegancia. Junto a la carcajada, el silencio. El planeta también tiene canciones así, más quietas, más de madrugada, donde el humor desaparece y queda solo la voz. Son menos, pero importan, porque recuerdan que el camp no es solo brillo: también es una manera de mirar el dolor de frente sin perder la compostura.

Las divas del propio planeta

Todo esto desemboca en algo muy concreto: el universo de Mike Sain't Louis tiene su propio panteón de divas, y no son las mismas que las de las galas de antes. Son las que la cultura popular más reciente ha convertido en mito, muchas veces desde la televisión, el escándalo o el meme.

Malena Gracia aparece dos veces en el álbum, como reina de la noche y como candidata. Carmina Barrios es la suegra que muchos habrían querido tener. Yurena reclama su nombre propio con un descaro glorioso. Y Lola Flores, la madre de todas, tiene su propia pieza con espalda, pendiente y peseta incluidos.

Lo que une a todas, las de entonces y las de ahora, es la misma lección de fondo: no hay que pedir permiso para ser demasiado. Demasiado ruidosa, demasiado emocional, demasiado brillante, demasiado folclórica. El «demasiado» es justamente el lugar donde mucha gente queer encontró refugio.

Por qué las divas y no los héroes

Cabe preguntarse por qué tantos chicos gais de varias generaciones buscaron modelos en cantantes femeninas y no en futbolistas, actores de acción o héroes de cómic. La respuesta corta es que las divas ofrecían algo que esos héroes no daban: permiso para sentir en público.

El héroe clásico no llora, no exagera, no se maquilla, no se cambia de vestido tres veces en la misma actuación. La diva sí. Y además lo hace mientras todo el mundo la mira, con la seguridad de quien sabe que el escenario es suyo. Para alguien que estaba aprendiendo a esconderse, ver a otra persona ocupar todo el espacio era un antídoto.

Hay además algo en la biografía pública de muchas de estas mujeres que resonaba con fuerza: separaciones, viudedades, escándalos, críticas feroces de la prensa del corazón. Ellas seguían. Volvían a la tele. Sacaban otro disco. Se reían de lo que se decía de ellas o lo convertían en una frase célebre. Lola Flores lo resumió en su famoso «Si me queréis, irse», una frase gramaticalmente imposible que todo el mundo entendió a la primera. Esa capacidad de volver una y otra vez es exactamente lo que muchas personas LGTBI necesitaban aprender.

Cómo se nota todo esto en las canciones

Si se escucha el catálogo del planeta con esta idea en la cabeza, las huellas aparecen solas. La copla está en las rimas y en el gusto por el drama, como explica la pieza sobre cómo riman las letras del planeta. La folclórica engañada tiene su propia canción y su propia víspera. El desamor tiene incluso un diccionario de copla.

Las letras las escribe Mike; la música y la interpretación vocal se hacen con IA. Pero la sensibilidad que hay detrás, ese gusto por la gran entrada, el gesto teatral y la frase que se queda para siempre, es profundamente humana y profundamente española. Viene de aquellos sábados por la noche frente a la tele.

Una gala que no se acaba

Al final, las divas enseñaron una cosa sencilla que cuesta toda una vida aprender: que sobrevivir no es lo mismo que pasar desapercibido. Se puede sobrevivir con lentejuelas. Se puede sobrevivir cantando a gritos. Se puede sobrevivir riéndose de quien esperaba verte llorar.

El planeta GAYFOLK es, en cierto modo, una gala que no se acaba nunca, con un escenario de telón rojo, una orquesta al fondo y un micrófono de los de antes esperando a que alguien suba a contar su historia. Quien quiera seguir el recorrido completo puede empezar por todos los singles, seguir por el diario y, si le interesa cómo vive Mike todo esto desde dentro, leer en primera persona su blog personal.

Y si alguna noche cuesta levantarse, ya se sabe lo que dirían ellas. Dientes, dientes. Y tira palante.

Más notas

Apoyar en Ko-fi