Planeta Gayfolk

Cultura LGTBI

Chica, chico, trans o neutral: Argentina LGTBI, de las máscaras de la primera marcha (1992) al matrimonio igualitario y la ley de identidad de género, leída con las letras del Planeta Gayfolk

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Portada de «La Dieta del Cucurrucho», canción de Mike Sain't Louis

En medio de una canción de celos, entre bromas sobre actores guapos y un cucurucho de helado, «La dieta del cucurucho», del primer álbum del Planeta Gayfolk, se pone a imaginar el hijo que tendría con un famoso. Lo llamaría Francisco Miguel, con dos apellidos repetidos, y añade sin pestañear:

me da igual, si es chica chico trans o neutral

Es un verso de pasada, casi un chiste dentro del chiste. Pero dice algo que hace treinta años sonaba a ciencia ficción en casi cualquier país: que una pareja de dos hombres puede soñar con criar a alguien, y que a ese alguien no se le va a imponer una casilla al nacer. Hay un país que convirtió esas dos ideas en ley antes que casi nadie en su región. Es Argentina.

Este texto cuenta cómo lo hizo, desde los grupos clandestinos de los años setenta hasta el DNI con una equis, pasando por una marcha de trescientas personas con la cara tapada. Y lo lee con las letras del planeta, que se escriben desde Madrid pero comparten idioma, insultos y deseos con Buenos Aires.

Antes de la democracia

La historia organizada empieza a principios de los setenta. En 1971 nació en Buenos Aires el Frente de Liberación Homosexual, un grupo que mezclaba militancia sexual y política de izquierdas y que publicó la revista «Somos». En él estuvo el poeta Néstor Perlongher, del que este diario ya habló en el texto sobre poesía queer latinoamericana. El Frente se disolvió en 1976, con el golpe militar.

Durante la dictadura, entre 1976 y 1983, la persecución fue constante. A la represión política general se sumaban las razias policiales en bares y lugares de encuentro, y unos «edictos policiales» que permitían detener a personas por su aspecto o por estar en la calle de cierta manera. Mucha gente vivió esos años en silencio, o se fue del país.

1984: la Comunidad Homosexual Argentina

Con la vuelta de la democracia llegó la primera gran organización estable. En 1984, Carlos Jáuregui y César Cigliutti fundaron la Comunidad Homosexual Argentina, la CHA, y Jáuregui fue su primer presidente hasta 1987. La CHA trabajó en dos frentes: la lucha contra los edictos y las detenciones arbitrarias, y la visibilidad de una comunidad que hasta entonces apenas tenía nombre público.

No fue fácil ni rápido. La organización pidió durante años la personería jurídica, el reconocimiento legal como asociación, y se la negaron. La consiguió en 1992. Mientras tanto, la epidemia del VIH golpeaba a la comunidad, y las organizaciones tuvieron que convertirse también en red de cuidados, de información y de duelo.

Tan cateto como el que señala

Hay una canción del planeta que podría haberse escrito para aquellas razias. «Tan cateto», del segundo álbum, es la respuesta de una pareja a alguien que les reprocha ir de la mano por la calle:

Que te molesta que vayamos de la mano Y me señalas con el dedo de juez acusador

El dedo de juez acusador es exactamente lo que hacían los edictos policiales: convertir a cualquier agente en juez de la ropa, la pluma o los gestos de otras personas. Y la letra va más lejos, porque pone en boca del protagonista una acusación que en la Argentina de los ochenta no era una metáfora:

Que te molesta mi cara y me quieres preso

La canción se escribe en otro tiempo y en otro país, y su espectador es un vecino cualquiera, no un comisario. Pero el mecanismo es el mismo: alguien decide que tu cara le molesta y se siente con derecho a castigarte por ella. La nota del diario la mente no tiene código postal cuenta más de esta canción.

Julio de 1992: trescientas máscaras

A principios de julio de 1992 se celebró en Buenos Aires la primera Marcha del Orgullo. Las fuentes no se ponen de acuerdo en si fue el día 2 o el 3, pero sí en lo esencial: fueron unas trescientas personas, caminaron desde la Plaza de Mayo hasta el Congreso, y muchas llevaron máscaras de cartón para que nadie las reconociera. Carlos Jáuregui estaba entre los organizadores, junto a otras agrupaciones.

Fotogramas del videoclip oficial de «La Dieta del Cucurrucho», de Mike Sain't Louis

La imagen de las máscaras es de las más potentes de la historia LGTBI latinoamericana. Salir a la calle a reclamar orgullo con la cara tapada parece una contradicción, y lo era. Pero también era la manera honesta de contar la situación: se podía marchar, pero no se podía perder el trabajo, la familia o la casa por hacerlo. A Jáuregui se le atribuye una frase que se repite cada año en esa marcha: en una sociedad que nos educa para la vergüenza, el orgullo es una respuesta política.

Treinta años después, la marcha de Buenos Aires reúne a multitudes. Las máscaras de cartón se quedaron en los archivos y en las fotos de aquel día.

Del cartón al himno

El planeta tiene un himno del Orgullo, «Madrid to Benidorm», del tercer álbum, escrito en inglés y pensado para la carretera entre las dos ciudades españolas. Uno de sus versos podría servir de pie de foto para la marcha de 1992:

Hand in hand, we pave the way, For brighter nights and braver days,

De la mano, abriendo camino hacia noches más luminosas y días más valientes. Los días valientes, en 1992, eran los de quienes se ponían la máscara y salían igual. Las noches luminosas llegaron después. La canción habla de Madrid y de Benidorm, no de la avenida de Mayo, pero el gesto que describe es el de todas las primeras marchas: andar juntos cuando todavía da miedo. La nota del diario sobre el himno del Orgullo en carretera cuenta el resto.

Jáuregui y el artículo 11

Carlos Jáuregui murió el 20 de agosto de 1996, a causa de una enfermedad relacionada con el sida. Poco después, ese mismo año, se aprobó la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, cuyo artículo 11 prohíbe la discriminación por orientación sexual. Jáuregui había trabajado para que esa mención estuviera en el texto, y no llegó a verlo aprobado.

Su figura es hoy la de un pionero. Pero en vida tuvo desacuerdos con otras organizaciones sobre cómo se debía hacer la lucha, y a principios de los noventa impulsó un grupo propio, Gays por los Derechos Civiles. Las historias de los movimientos sociales suelen limarse con los años. Conviene recordar que también estuvieron hechas de discusiones.

2002: la unión civil porteña

El primer reconocimiento legal de parejas del mismo sexo en América Latina llegó también desde Buenos Aires. El 13 de diciembre de 2002, la Legislatura de la ciudad aprobó la Ley 1004 de Unión Civil, que permitía a las parejas, del mismo o de distinto sexo, registrar su convivencia y acceder a ciertos derechos en el ámbito local. No era un matrimonio: no tenía efectos sobre la herencia o la adopción, que dependen de la ley nacional. Pero fue la primera vez que una administración de la región ponía por escrito que esas parejas existían.

El paso tenía algo de prueba. Si la ciudad podía registrar a esas parejas sin que pasara nada malo, el argumento de quienes anunciaban el fin de la familia perdía fuerza. Al año siguiente, la provincia de Río Negro aprobó una unión parecida, y el debate nacional de 2010 se dio ya con esa experiencia local detrás: parejas inscritas con sus nombres y sus fechas, y ninguna de las catástrofes anunciadas.

Veinte años de novio

En el planeta hay otra boda frustrada que conviene leer junto a esa historia. Es de «Tengo argumento», del primer álbum, una canción juguetona sobre galletas, coplas y una tal María que se cruza en una relación:

Mike Sain't Louis en un escenario con foco rosa y un planeta con anillos, con el verso «me da igual, si es chica chico trans o neutral» de «La Dieta del Cucurrucho»

Me íba a casar con mi novio de hace veinte años

La frase pasa rápido, porque enseguida viene el chiste del trío que no se quería y del novio mandado a freír espárragos. Pero contiene un dato que da para mucho: veinte años de pareja. Muchas parejas argentinas y españolas que se casaron en cuanto pudieron, en 2005 o en 2010, llevaban justo eso, o más, viviendo juntas sin ningún papel. El matrimonio llegó para ellas tarde, como un trámite para algo que ya existía.

La canción, además, se toma la boda con humor. No hay sacralización: el casamiento se cancela por un motivo absurdo y la vida sigue. Esa ligereza también es una conquista. Solo puede tomarse a broma una boda quien tiene la posibilidad legal de celebrarla. En el diario hay una nota sobre María, galletas y copla que se detiene en la letra completa.

15 de julio de 2010

La gran ley llegó de madrugada. El 15 de julio de 2010, el Senado argentino aprobó la reforma del Código Civil que abrió el matrimonio a las parejas del mismo sexo, la Ley 26.618. Desde ese día, el matrimonio tiene los mismos requisitos y efectos con independencia de que los contrayentes sean del mismo o de distinto sexo, incluida la adopción. Argentina se convirtió en el primer país de América Latina en aprobarlo a escala nacional, y el décimo del mundo.

El debate fue durísimo. Hubo manifestaciones en contra, encabezadas por sectores religiosos, y manifestaciones a favor frente al Congreso. España, que había aprobado su ley en 2005, se usó a menudo como ejemplo en uno y otro sentido. Los que estaban en contra auguraban catástrofes. Quince años después, las bodas entre personas del mismo sexo son parte de la vida corriente del país.

Vuelve aquí el hijo de «La dieta del cucurucho». Ese Francisco Miguel imaginado con dos padres y dos apellidos repetidos era, en 2010, una posibilidad legal en Argentina. La canción no lo plantea como reivindicación, sino como ocurrencia de alguien encaprichado de un famoso. Pero el hecho de que la ocurrencia pueda escribirse sin explicaciones es consecuencia de leyes como esa.

9 de mayo de 2012: la identidad sin diagnóstico

Dos años más tarde llegó la ley que hoy se estudia en medio mundo. El 9 de mayo de 2012, el Congreso sancionó la Ley 26.743 de identidad de género. Permite a cualquier persona mayor de 18 años cambiar el sexo, el nombre y la imagen en su documento, sin necesidad de cirugía, hormonas ni tratamiento médico o psicológico. El trámite es gratuito y no requiere autorización de ningún juez. Basta con la propia declaración.

La diferencia con lo que había antes, en Argentina y en casi todo el mundo, era enorme. Hasta entonces, las personas trans tenían que demostrar ante un tribunal o un médico que eran quienes decían ser. La ley argentina dio la vuelta a esa lógica: la identidad la define la propia persona, no un diagnóstico. España tardó once años más en adoptar un modelo parecido, con la Ley 4/2023.

En 2021, un decreto, el 476/2021, permitió además que en el DNI y el pasaporte figure una «X» en la casilla de sexo, para personas cuya identidad no es ni masculina ni femenina. El «neutral» de la canción del planeta, dicho en broma en un verso del primer álbum, tiene en Argentina una letra propia en el documento.

Travesti, una palabra con historia

Antes de seguir conviene detenerse en una palabra. En España, «travesti» se usa sobre todo para hablar de un espectáculo o de alguien que se viste con ropa asociada al otro género. En Argentina, una parte importante del movimiento la ha reivindicado como identidad política propia, distinta de «transexual» o de «transgénero». Para muchas activistas, decir «soy travesti» era una forma de no pedir permiso a la medicina ni a la academia para nombrarse, y de recoger un insulto de la calle para devolverlo convertido en bandera.

Por eso la ley de cupo laboral nombra a las tres: personas travestis, transexuales y transgénero. No es una redundancia, sino el reconocimiento de que cada palabra tiene detrás una historia y una comunidad. Algo parecido pasa en el planeta con «marica», que en sus letras aparece una y otra vez como palabra propia y no como insulto ajeno. La operación es la misma en las dos orillas: quitarle el veneno a una palabra a fuerza de usarla con orgullo.

Las palabras cambian según el país, y lo que en Madrid suena a cabaret en Buenos Aires puede sonar a manifestación. Leer historia LGTBI en otro país de habla hispana obliga a escuchar con atención esas diferencias, en lugar de suponer que todo se dice igual.

Lohana, Diana y el cupo

Ninguna de esas leyes cayó del cielo. Detrás de la de identidad de género estuvo, entre muchas otras personas, Lohana Berkins, activista travesti que pasó buena parte de su vida peleando por algo tan básico como que las personas travestis y trans pudieran estudiar y trabajar en lugar de verse empujadas a la prostitución o a la calle. Fundó una cooperativa textil para dar empleo a compañeras y murió en Buenos Aires el 5 de febrero de 2016.

Collage con un detalle de la carátula de «La Dieta del Cucurrucho» y las carátulas de «Tengo argumento», «Tan cateto», «Madrid to Benidorm»

Diana Sacayán, otra referente del movimiento travesti, fue asesinada en su casa el 11 de octubre de 2015. En junio de 2018, un tribunal de Buenos Aires condenó a prisión perpetua a uno de los autores por homicidio agravado por odio a la identidad de género y violencia de género. Fue la primera vez que la justicia argentina calificó un crimen así como travesticidio, un término que el propio movimiento había defendido para nombrar estos asesinatos.

En 2021, el Congreso aprobó la Ley 27.636, que lleva los nombres de las dos: «Diana Sacayán – Lohana Berkins». Reserva al menos el 1 % de los puestos del Estado nacional para personas travestis, transexuales y transgénero. Es una ley de empleo, no de símbolos, y nace de una realidad muy concreta: la expectativa de vida y las oportunidades laborales de las personas trans han sido históricamente mucho peores que las del resto.

Cuando los derechos se discuten otra vez

Las leyes no son definitivas por haberse aprobado. En febrero de 2025, el Gobierno de Javier Milei firmó el decreto de necesidad y urgencia 62/2025, que modificó la ley de identidad de género para prohibir que las personas menores de 18 años accedieran a tratamientos hormonales y cirugías de adecuación. Varias familias y organizaciones lo llevaron a los tribunales, y distintos juzgados lo declararon inconstitucional en casos concretos.

A finales de julio de 2026, la Sala V de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal suspendió cautelarmente los efectos del decreto en todo el país, a raíz de una demanda de la Federación Argentina LGBT. Los jueces consideraron que no había circunstancias excepcionales que justificaran cambiar una ley del Congreso por decreto, y volvió a regir provisionalmente el texto de 2012 mientras se resuelve el fondo del caso. La historia, por tanto, sigue abierta.

Esa fragilidad no es exclusiva de Argentina. En España, la ley de 2023 sigue siendo objeto de debate, y en otros países se han dado pasos atrás después de años de avances. Lo que enseña el caso argentino es que los derechos ganados necesitan, además de leyes, gente que los defienda cada vez que alguien los pone en duda.

El cajón donde se guardan las cosas

«La dieta del cucurucho» tiene un estribillo que se repite como una confesión. Al final de la canción vuelve con signos de exclamación:

Ficha de la canción «La Dieta del Cucurrucho» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

¡Tenía esta canción! Guardada en un cajón

Alguien tenía esta canción guardada en un cajón, y por fin la saca. Es una imagen muy precisa de cómo funcionan muchas vidas LGTBI antes de las leyes. El deseo, la pareja, el nombre propio, la identidad: todo guardado en un cajón, a la espera de que fuera seguro sacarlo.

La historia argentina de estos cuarenta años es, en buena medida, la de ir abriendo cajones. Primero con máscaras, luego con nombres, luego con leyes. La canción del planeta, que habla de celos y de un actor guapo, no pretende contar esa historia. Pero su verso sobre el hijo, «chica chico trans o neutral», dicho sin solemnidad, solo puede escribirse cuando alguien ha abierto antes el cajón.

Hay además un matiz que la letra deja caer casi sin querer. Inmediatamente antes de sacar la canción del cajón, el protagonista dice que tampoco es una confesión. Esa negación es muy reconocible: sacar algo a la luz y, al mismo tiempo, quitarle importancia para que no duela. Muchas salidas del armario se han hecho así, con una broma por delante. Las máscaras de 1992 eran, a su manera, otra forma de decir algo enorme sin exponerse del todo. La broma de la canción y el cartón de la marcha cumplen una función parecida: protegen a quien habla mientras habla. El diario tiene una nota sobre celos, cajones y amores platónicos que se detiene en esa imagen.

Madrid y Buenos Aires

Hay una conversación larga entre las dos orillas. España aprobó el matrimonio en 2005 y Argentina en 2010; Argentina aprobó la identidad de género sin diagnóstico en 2012 y España en 2023. Las organizaciones de los dos países se miraron, se copiaron argumentos y se apoyaron. Y comparten idioma, lo que significa que comparten también los insultos que se quieren desactivar y las palabras nuevas que se quieren poner en circulación.

El Planeta Gayfolk, escrito desde Madrid, habla ese español común. Sus letras usan «marica», «loca», «pluma» o «armario» con un sentido que en Buenos Aires se entiende sin traducción. Y sus personajes, con sus bodas frustradas y sus hijos imaginarios, viven en el mismo mundo legal que han ido construyendo las dos orillas.

También comparten algo menos visible: la costumbre de reírse de lo que duele. Las letras del planeta convierten los celos, las rupturas o el vecino que señala en canciones de humor, y esa forma de contar tiene una larga tradición en la cultura queer de los dos países, desde el cabaret porteño hasta el transformismo madrileño. Reírse no es quitarle importancia a la violencia. Es una manera de sobrevivir a ella sin dejar que lo ocupe todo. Quien escucha «Tan cateto» o «La dieta del cucurucho» desde Buenos Aires reconoce el tono enseguida, porque es el mismo que usan sus amigas cuando cuentan, entre carcajadas, la última vez que alguien les gritó algo por la calle.

Cuando la violencia toca cerca

Hablar de travesticidios, de razias y de leyes que se cuestionan puede remover cosas. Si te pasa, no tienes que gestionarlo a solas. En España, el 024 es la línea de atención a la conducta suicida: gratuita, confidencial, disponible las 24 horas y también para quien está preocupado por alguien. Ante un peligro inmediato, llama al 112. El Teléfono de la Esperanza responde en el 717 003 717, y FELGTBI+ informa y acompaña a personas LGTBI en el 913 604 605. Si estás fuera de España, en Argentina o en cualquier otro país, la web findahelpline.com reúne líneas de ayuda gratuitas por país.

Datos de las canciones

«La dieta del cucurucho» y «Tengo argumento» forman parte de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer álbum de la trilogía GAYFOLK; «La dieta del cucurucho» está en Spotify. «Tan cateto» es del segundo y «Madrid to Benidorm» del tercero. Mike Sain't Louis es el autor de las letras, compositor y productor musical; las partes vocales y los arreglos se generan con inteligencia artificial a partir de su trabajo, y por eso se le presenta como «el primer cantautor IA». Los personajes de las canciones son ficticios, y sobre Carlos Jáuregui, Lohana Berkins, Diana Sacayán y las leyes argentinas solo se recogen hechos públicos verificables. El catálogo reúne todas las canciones, la sala de prensa tiene más información del proyecto, y la nota del diario sobre el orgullo de cada día sigue este hilo.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo aprobó Argentina el matrimonio igualitario?

La Ley 26.618 se sancionó el 15 de julio de 2010. Reconoce el matrimonio entre personas del mismo sexo con los mismos requisitos y efectos que el de parejas de distinto sexo, y convirtió a Argentina en el primer país de América Latina en aprobarlo a escala nacional.

¿Qué tiene de especial la ley de identidad de género argentina?

La Ley 26.743, sancionada el 9 de mayo de 2012, permite a las personas mayores de 18 años cambiar el sexo, el nombre y la imagen en sus documentos sin exigir cirugía, hormonas ni tratamiento médico o psicológico. El trámite es gratuito y no necesita autorización judicial.

¿Cómo fue la primera Marcha del Orgullo en Argentina?

Se celebró en Buenos Aires a principios de julio de 1992. Unas trescientas personas caminaron desde la Plaza de Mayo hasta el Congreso, y muchas llevaron máscaras de cartón para que no las reconocieran. Carlos Jáuregui fue uno de sus impulsores.

¿Qué es la ley Diana Sacayán – Lohana Berkins?

Es la Ley 27.636, sancionada el 24 de junio de 2021, que reserva un mínimo del 1 % de los puestos del Estado nacional para personas travestis, transexuales y transgénero. Lleva el nombre de dos activistas: Diana Sacayán, asesinada en 2015, y Lohana Berkins, fallecida en 2016.

¿Qué relación tiene «La dieta del cucurucho» con todo esto?

Ninguna directa: es una canción de celos y humor del primer álbum del Planeta Gayfolk. Pero contiene un verso, «me da igual, si es chica chico trans o neutral», sobre el hijo imaginario de una pareja, que sirve para leer las leyes argentinas de matrimonio e identidad desde una letra pop.

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