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Ventanilla de reclamaciones del universo: «Karma» y el arte de esperar sentado

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Portada de «Karma», canción de Mike Sain't Louis

Hay oficinas en las que nadie atiende. No hay máquina de números, no hay pantalla que avise de tu turno, no hay funcionaria con gafas en la punta de la nariz que te diga que falta una fotocopia. Solo un mostrador vacío y un cartel escrito a mano: «Todo llega».

Esa oficina es la del karma. Y si alguna vez has salido de una relación con el cuerpo lleno de moratones invisibles, has hecho cola en ella.

«Karma» es una canción de Mike Sain't Louis construida alrededor de una sola palabra. Una palabra estirada hasta el límite, con tantas aes que cuesta contarlas: KAAAAAARMAAAAAA. Mike lo explica en su ficha de «Canción a canción» con una imagen muy suya: la idea es tan vieja como el mundo, lo que haces vuelve, pero la letra la formula con una frase «muy de barrio, muy de abuela que lo ha visto todo». No hace falta venganza, ni planes, ni pelea. Basta con esperar sentado.

El diario ya habló del karma como esperanza de justicia emocional, desde la salud mental. Hoy el planeta hace otra cosa, más de gestoría. Abre la ventanilla de reclamaciones del universo, revisa los formularios, consulta los plazos y repasa el reglamento. Con la canción sonando de fondo, como la radio de una oficina un lunes por la mañana.

Formulario 1: descripción del daño

Toda reclamación empieza igual. Hay que explicar qué ha pasado. Y ahí la letra no se anda con rodeos:

«Y no me acordaba cuánto dolía / que te den un puñetazo al día.»

La frase se repite tres veces seguidas al principio, como quien rellena el mismo campo del formulario una y otra vez porque no termina de creérselo. Fíjate en el detalle: no dice que doliera mucho. Dice que no se acordaba de cuánto dolía. Es decir, durante un tiempo el dolor se había vuelto costumbre, ruido de fondo, parte del mobiliario.

Mike lo describe así en su texto: no un golpe enorme y único, sino uno pequeño y constante, cada día, hasta que dejas de recordar cómo era vivir sin él. Y cuando por fin te alejas y algo te lo recuerda, te das cuenta de cuánto dolía.

Cualquiera que haya salido de una relación dañina conoce esa sensación. Mientras estás dentro, lo raro es no recibir el golpe. Lo normal es el portazo, el silencio de castigo, el comentario que te hace pequeño delante de los amigos. Por eso el formulario cuesta tanto de rellenar: el daño no tiene fecha concreta. Es una suma.

La segunda casilla del formulario es todavía más dura:

«Esto es peor que día tras día / te den un puñetazo, / y duele / taaaaaaaaanto, / taaaaaaaaanto.»

Aquí la canción hace con el «tanto» lo mismo que con el «karma». Lo estira. Las aes se alargan como se alarga el dolor cuando no tiene palabras más precisas. Es un recurso muy de canción popular, de copla y de pop, pero en esta letra tiene una función clara: la palabra se queda corta, así que se le añaden letras hasta que pesa lo que tiene que pesar.

Formulario 2: el expediente anterior

En toda gestoría que se precie, lo primero que te preguntan es si ya hay un expediente abierto. Y en este caso lo hay.

Fotogramas del videoclip oficial de «Karma», de Mike Sain't Louis

Quien conozca «Un puñetazo al día» reconocerá enseguida esta parte. Lo dice Mike: «Karma» recoge el tramo final de aquella historia y la convierte en canción propia, más corta y más concentrada. «Es como quedarse solo con la moraleja del cuento», escribe.

Es una manera curiosa de construir un catálogo. En vez de escribir una secuela, con nuevos personajes y nuevos giros, coge la última página de un relato y la convierte en otro relato. Como esas series que, de un secundario que funcionaba, sacan una serie propia. El golpe diario era el problema en una canción. En la otra es solo el punto de partida para llegar a la conclusión.

Y hay más papeles en el archivo. El catálogo tiene también «Karma (Versión alternativa)», otra toma de la misma idea. Que una misma emoción necesite dos versiones dice algo de cómo funciona el rencor: nunca se cuenta una sola vez. Se cuenta a la amiga, se vuelve a contar en la cena, se cuenta de otra forma meses después, cuando ya hace gracia.

La letra lo admite con una frase que es casi una confesión de ventanilla:

«Pensaba que eso era parte del pasado / y ya estaba superado.»

Esa es la casilla que todo el mundo marca con demasiada prisa. «Superado.» Y luego llega una canción, un olor, una foto en el móvil de alguien, y el expediente se reabre solo. No pasa nada. Las oficinas del universo también funcionan así: los asuntos no se cierran cuando tú quieres, sino cuando toca.

Formulario 3: datos de la parte contraria

Aquí la reclamación se pone geográfica. Y la canción se pone bruta.

«Y sabes qué te digo, / marrano de El Médano, / que te cuides ese pito, / por mí como si lo metes en mojo / o mejor gofio, lo que prefieras.»

Conviene aclarar algo antes de seguir. Los nombres y los personajes de las letras de Mike son inventados, y este «marrano de El Médano» también. No es un retrato de nadie concreto. Es un personaje con domicilio, eso sí, y el domicilio está muy bien elegido.

El Médano es un pueblo costero del municipio de Granadilla de Abona, en el sur de Tenerife. Si lo conoces, lo asocias con el viento: es uno de los sitios de Europa donde más se practica el windsurf y el kitesurf, con la Montaña Roja vigilando la playa. Un lugar donde todo se mueve, donde nada se queda quieto mucho tiempo. Hay algo muy apropiado en que el destinatario del karma viva donde sopla tanto: tarde o temprano, el viento te devuelve lo que soltaste.

El planeta tiene, además, una relación larga con las islas. Hay una página entera dedicada a Canarias y varias canciones del catálogo que pasan por allí, desde sirenas que no existen hasta canarios que mienten. En «Karma», las islas entran por la cocina.

El mojo, para quien no lo haya probado, es la salsa canaria por excelencia. Hay rojo y hay verde, y el rojo, el mojo picón, pica. El gofio es harina de cereal tostado, el alimento básico de las islas durante siglos, que se mezcla con caldo, con leche o con lo que haga falta. La letra le ofrece al ex las dos opciones con una cortesía envenenada: «lo que prefieras». Como el camarero que te deja elegir la guarnición del castigo.

Mike lo cuenta así en su ficha: hay un recado con acento canario sobre dónde puede meter el otro sus partes, con mojo o con gofio. Y añade que lo cuenta con naturalidad porque la canción lo dice con naturalidad. Es el humor de quien ya ha llorado bastante y ahora toca reírse un poco del que le hizo llorar.

Formulario 4: observaciones

En la casilla de observaciones, la letra deja una nota que no se anda con eufemismos:

Mike Sain't Louis junto a una fuente que refleja un planeta magenta, con el verso «que te den un puñetazo al día. Pensaba que eso era parte del pasado» de «Karma»

«Él no pone impedimentos, / siempre y cuando sea sin protección / y acaben dentro.»

Es el retrato del personaje, no un consejo. La canción describe a alguien que va por la vida sin cuidarse ni cuidar a los demás, y lo hace con la misma sorna con la que le ofrece el mojo. No juzga el sexo. Señala la falta de cuidado como un rasgo más del expediente, junto al puñetazo diario.

Ya que la ventanilla está abierta, el planeta aprovecha para dejar un folleto en el mostrador. Cuidarse en el sexo tiene hoy muchas herramientas, del preservativo a la PrEP, y hacerse pruebas con regularidad es gratis y confidencial en muchos centros. El diario tiene una nota dedicada a la salud sexual sin tabúes para quien quiera leer más. Lo que la canción convierte en chiste, fuera de la canción conviene tomárselo en serio.

Plazos de resolución

Llegamos al punto que más preguntas genera en cualquier ventanilla: ¿cuánto tarda esto?

La respuesta de la letra es la de toda la vida: «Que todo llega». Sin fecha. Sin plazo máximo. Sin silencio administrativo positivo.

El refranero español lleva siglos rellenando ese hueco. «A cada cerdo le llega su San Martín», dice uno, y se refiere al 11 de noviembre, el día de San Martín, la fecha tradicional de la matanza del cerdo en buena parte de España. El cerdo pasa el año comiendo tranquilo, sin saber que hay una fecha en el calendario con su nombre. El refrán viene a decir lo mismo que el estribillo: tú sigue a lo tuyo, que el calendario ya trabaja.

Hay más. «Quien siembra vientos recoge tempestades», que viene de la Biblia, del libro de Oseas. «El que la hace la paga.» «Dios castiga sin palo y sin piedra.» Y esa frase que circula como proverbio, de atribución dudosa, que unos cuelgan a Confucio y otros a vete a saber quién: «Siéntate a la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo».

Fíjate en que todos comparten algo con la canción. Ninguno te pide que hagas nada. Al contrario: el refrán, como el estribillo, te quita la tarea de encima. No hace falta que pongas la denuncia, ni que escribas el mensaje largo a las tres de la mañana, ni que le cuentes a su nueva pareja lo que te hizo. El trámite es automático.

Mike lo resume en su texto con una frase que debería estar enmarcada en todas las salas de espera: hay algo muy liberador en soltar la idea de tener que hacer justicia por tu cuenta.

Tasas

Toda gestión tiene su tasa. Y la del karma, según la ficha de la canción, es pequeña pero existe.

Mike propone un momento concreto para escucharla: cuando te enteres por terceros de que a quien te hizo daño le va regular. Y añade la letra pequeña: «Sin alegrarte demasiado, que eso también cuenta para el karma. Solo un poquito.»

Es una de las ideas más finas de toda la ficha. El karma no es un cheque en blanco. Si te pasas celebrando la desgracia ajena, la ventanilla también toma nota. Así que la tasa es esa: puedes sonreír, puedes poner la canción a todo volumen, puedes mandarle un audio a tu mejor amiga. Pero con medida.

Hay una sabiduría muy de abuela en esa contención. La misma abuela del refrán, la que lo ha visto todo, también sabe que alegrarse demasiado trae mala suerte. No por superstición, o no solo. Porque quien se alegra en exceso del mal ajeno sigue atado a esa persona, sigue mirando su vida, sigue esperando noticias. Y eso, en el fondo, es seguir en la relación por otros medios.

Reglamento interno: qué dice la palabra

Antes de cerrar la oficina conviene leer el reglamento, que en este caso es la propia palabra.

Collage con un detalle de la carátula de «Karma» y las carátulas de «Karma (Versión alternativa)», «Un puñetazo al dia», «Doña Rogelia»

«Karma» viene del sánscrito karman, que significa acción, obra, hecho. En las tradiciones de la India, como el hinduismo, el budismo o el jainismo, la idea es mucho más compleja que la que usamos en la calle: tiene que ver con la acción y sus consecuencias a lo largo de muchas vidas, con el ciclo de nacimientos y con la intención que hay detrás de cada acto. En el español de todos los días, la palabra ha adelgazado mucho. Ha quedado en algo muy sencillo: lo que haces vuelve.

La canción usa ese significado de calle, sin pretensiones filosóficas, y lo dice con todas sus letras. Muchas letras, de hecho. El estribillo no se complica: «Que todo llega, / y se llama / KAAAAAARMAAAAAA». Tres versos. El primero promete, el segundo hace una pausa dramática, el tercero se queda sin aire de tanto estirarse.

El pop lleva décadas jugando con esta palabra. Culture Club, con Boy George al frente, convirtió «Karma Chameleon» en un número uno a ambos lados del Atlántico en los ochenta. John Lennon publicó «Instant Karma!» en 1970, con la idea de que el karma ya no esperaba a la próxima vida y te pillaba al momento. Radiohead tituló «Karma Police» una de las canciones de OK Computer, en 1997. Taylor Swift incluyó una «Karma» en Midnights, en 2022. Cada una lo entiende a su manera: como amenaza, como broma, como consuelo o como venganza con purpurina.

La de Mike se coloca en una esquina muy concreta de esa lista. Es la versión de barrio. La que no habla de reencarnaciones ni de policías del alma, sino de un ex de El Médano, de mojo y de gofio, y de una vecina imaginaria que asiente desde el balcón.

Sala de espera: cómo suena la cola

Mientras esperas, en esta oficina suena música. Y es la misma todo el rato.

La estructura de «Karma» es casi un bucle. El verso del puñetazo vuelve una y otra vez, el estribillo vuelve una y otra vez, el recado al ex vuelve una y otra vez. Hay hasta un tramo instrumental en mitad de la canción, marcado así en la letra, como cuando la música de espera del teléfono se queda sin voz y solo deja la melodía. Después todo arranca de nuevo.

Esa repetición tiene sentido. El dolor que describe la letra es repetitivo, un golpe al día, todos los días. Y el karma, en la canción, también es repetitivo: no es un rayo que cae una vez, es una certeza que vuelve cada vez que llega el estribillo. La forma imita al contenido. Te lo dice tantas veces que acabas por creértelo.

El single pertenece a «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el disco que abre la trilogía, y su ficha lo coloca en el terreno del indie pop, el pop alternativo, el queer pop y el camp. Mike pone la letra, la composición y la producción; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial. Tiene videoclip oficial, de algo más de tres minutos y medio, y se puede escuchar en Spotify.

Quejas frecuentes en el mostrador

Toda oficina tiene sus quejas habituales. Estas son las que más se oyen en la del karma.

«Es que tarda mucho.» Sí. La letra no promete rapidez. Promete que llega. Y Mike, en su ficha, lo dice con humor: si alguna vez dudas, recuerda las aes del estribillo. Son muchas, como el tiempo que a veces tarda en llegar.

«Es que a esa persona le va bien.» Puede ser. El karma de la canción no garantiza que vayas a verlo. Quizá nunca te enteres. Por eso la escucha recomendada es «cuando te enteres por terceros»: si no te enteras, no pasa nada. La ventanilla no tiene obligación de notificarte.

«Es que yo quiero que pague.» Normal. Querer que quien te hizo daño lo pague es humano. La nota del diario sobre el karma lo decía desde la salud mental: el deseo es comprensible, pero conviene no depender de él para estar bien. La canción, a su manera, dice algo parecido. Su gesto no es buscar la revancha. Es soltarla.

«Es que tiene insultos.» También. Mike lo reconoce: no es una canción de odio, aunque tenga insultos. Es una canción de confianza en que las cosas se colocan solas. El insulto aquí funciona como el desahogo en la cola del paro: lo sueltas, te ríes, y sigues esperando con otra cara.

Ventanilla de al lado

En el mismo edificio hay otras ventanillas que atienden asuntos parecidos. El catálogo del planeta tiene unas cuantas canciones que hablan del daño y de su vuelta.

Ficha de la canción «Karma» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

«Doña Rogelia», por ejemplo, también ha pasado por el diario como reflexión sobre el arte y el karma. Y el propio «Un puñetazo al día» es la oficina principal de la que «Karma» es una sucursal. Leídas juntas, se ve una idea que atraviesa buena parte del catálogo: la historia no termina cuando te vas, termina cuando dejas de esperar la respuesta.

Y si la cola se hace demasiado larga, hay otra oficina que sí atiende al momento. El diario tiene una nota sobre salud mental LGTBI, y en España el 024 es la línea gratuita de atención a la conducta suicida, abierta las veinticuatro horas. Pedir ayuda no es saltarse la cola. Es pedir la cita que te corresponde.

Copia sellada para el interesado

Toda gestión termina con una copia sellada que te llevas a casa. Esta es la de la canción, por si la necesitas en el bolso.

Primero, el sello del dolor. Reconocer cuánto dolía no es debilidad ni exageración. Es el primer paso para dejar de aceptar el golpe como algo normal. Si algo te lo ha recordado de repente, una canción, una calle, un nombre en una notificación, no has vuelto atrás. Simplemente estás mirando el expediente con la luz encendida.

Segundo, el sello de la risa. El recado con mojo y gofio no está ahí por casualidad. Reírse del que te hizo daño es una forma de recuperar el mando de la historia. Mientras duele, el otro es enorme. Cuando te ríes, vuelve a su tamaño real: un señor de El Médano con una salsa en la mano.

Tercero, el sello de la espera. No hace falta que hagas nada. El estribillo lo repite tantas veces que se convierte en una especie de mantra de cocina: todo llega. Tú sigue con tu vida, con tus amigas, con tus planes, con tu ropa nueva.

Y cuarto, el sello de la medida. Si te enteras de algo, sonríe, pero poco. Que la tasa existe.

Si eres periodista y quieres escribir sobre el planeta, la sala de prensa tiene el material del proyecto, las fotos y las notas oficiales. Sin cola ni número.

Cierre de ventanilla

A las tres de la tarde, en las oficinas de verdad, bajan la persiana. En la del karma no. Sigue abierta, sin nadie detrás del mostrador, con el cartel escrito a mano.

Lo que hace «Karma» es recordarte que no tienes que quedarte allí plantado. Puedes rellenar el formulario, entregar la reclamación y marcharte a casa. Lo que tenga que llegar, llegará. Y si llega, te enterarás por terceros, sonreirás un poquito, sin pasarte, y volverás a lo tuyo.

Puede que al final ni te enteres. Y eso, como decía la nota del diario, quizá sea el mejor karma de todos: que un día ya no te importe.

Mientras tanto, la canción sigue sonando en la sala de espera. Una y otra vez. Con todas sus aes.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Karma» de Mike Sain't Louis?

De la confianza en que el daño vuelve a quien lo hace sin que tengas que mover un dedo. La letra parte del dolor de recibir «un puñetazo al día», se ríe del ex con un recado muy canario y remata con un estribillo de una sola palabra: «que todo llega, y se llama karma».

¿Qué relación tiene con «Un puñetazo al día»?

Según el propio Mike, «Karma» recoge el tramo final de aquella historia y lo convierte en canción propia, más corta y más concentrada. Comparten la imagen del golpe pequeño y constante.

¿Qué es El Médano?

Un pueblo costero del municipio de Granadilla de Abona, en el sur de Tenerife, famoso por el viento y los deportes de vela. En la letra aparece como el lugar de origen del ex al que se dirige el recado.

¿Hay más de una versión?

Sí. Existe también «Karma (Versión alternativa)», otra toma de la misma idea, con su propia ficha en la web.

¿Quién hace la canción?

Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La letra es suya; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial.

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