Cultura LGTBI
Les tapas los ojos como un buen dictador: Portugal LGTBI, de la «literatura de Sodoma» (1923) y el Estado Novo a los claveles de 1974, Gisberta y el matrimonio (2010), leído con las letras del Planeta Gayfolk
Por Mike Sain't Louis ·

«Tan paleto», del tercer álbum del Planeta Gayfolk, es una respuesta. Un personaje mira con asco a dos hombres que van de la mano, se escandaliza si sus hijos ven un beso y decide que algo hay que hacer. La canción le contesta con desparpajo, y en medio de la réplica deja un verso que describe un gesto muy antiguo:
Y les tapas los ojos como un buen dictador
Tapar los ojos para que no se vea. Es lo que hace el padre de la canción con sus hijos, y es lo que hicieron durante décadas muchos Estados con todo lo que tuviera que ver con el deseo entre personas del mismo sexo. En Portugal, ese gesto tuvo un nombre propio durante casi medio siglo: Estado Novo, la dictadura de António de Oliveira Salazar y de su sucesor, Marcelo Caetano.
Este texto cuenta la historia LGTBI portuguesa desde los años veinte hasta hoy, pasando por los claveles de 1974, una ley que permitía mandar a alguien a una colonia agrícola por sus «vicios», una muerte que avergonzó a un país y una boda en Lisboa que llegó después de cuatro años de juicios. Lo hace de la mano de varias canciones del planeta, escritas en Madrid, a pocas horas de tren de la frontera.
1923: los libros requisados
Antes de la dictadura hubo un escándalo literario. En 1921 el poeta António Botto publicó «Canções», un libro de poemas en el que el deseo entre hombres aparecía sin disimulo, y al año siguiente salió una nueva edición. Fernando Pessoa escribió un artículo defendiendo el valor estético de aquellos poemas.
La reacción no tardó. Un grupo de estudiantes universitarios organizó una campaña contra lo que llamaron literatura inmoral, y en la prensa se empezó a hablar de «literatura de Sodoma». En el saco cayeron, además de Botto, el ensayo «Sodoma divinizada» de Raul Leal y la poesía de Judith Teixeira, una de las primeras autoras portuguesas en escribir sobre el deseo entre mujeres. En marzo de 1923, la policía requisó ejemplares de esos libros en las librerías de Lisboa.
La primera drag del planeta, la de «La primera drag de Benidorm», del segundo álbum, también sabe lo que es que te requisen la imagen. Entre las cosas que la canción enumera aparece esta:
mis fotos censuradas,
Cien años separan aquellos libros de las fotos que hoy borran las redes sociales por enseñar demasiado, pero el mecanismo se parece. Alguien decide qué cuerpos y qué deseos pueden mostrarse y cuáles no, y casi nunca es quien los muestra.
Judith Teixeira y el deseo entre mujeres
De los tres autores de la «literatura de Sodoma», Judith Teixeira es la que más tiempo tardó en recuperarse. Publicó en 1923 un libro de poemas, «Decadência», en el que el deseo entre mujeres aparecía con una franqueza muy rara en la época, y sus ejemplares también fueron requisados. Después de aquel escándalo se retiró poco a poco de la vida literaria, y durante décadas su nombre casi desapareció de las historias de la literatura portuguesa.
Su caso muestra algo que se repite en muchas historias LGTBI: la doble invisibilidad de las mujeres. Botto siguió siendo un nombre conocido, aunque fuera por escándalo; Teixeira quedó en el olvido. Solo en las últimas décadas, gracias a investigadoras y editoriales que han vuelto a publicar su obra, se ha empezado a leerla como lo que fue, una de las primeras poetas modernas en escribir sin esconder a quién deseaba.
Hay algo de esa misma tenacidad en el personaje de «La primera drag de Benidorm», que, con todo en contra, se niega a desaparecer del escenario. Un siglo después, la pregunta sigue siendo la misma: quién decide qué cuerpos y qué deseos tienen derecho a verse.
El artículo 71
En 1933 se aprobó la Constitución del Estado Novo, y Salazar gobernó Portugal hasta 1968. Fue una dictadura conservadora, católica y corporativa, con policía política, censura previa de la prensa y un ideal de país rural, discreto y obediente resumido en la famosa trilogía «Dios, patria, familia».

Para la homosexualidad, el instrumento principal fue el Código Penal de 1886, que la dictadura mantuvo y aplicó. Su artículo 71 preveía medidas de seguridad contra quien se entregara habitualmente a lo que llamaba «vicios contra la naturaleza». Esas medidas incluían el internamiento en un manicomio criminal, en una casa de trabajo o en una colonia agrícola, la libertad vigilada y la prohibición de ejercer una profesión. No hacía falta haber cometido un delito concreto: bastaba con ser considerado peligroso.
Ese es el sentido exacto del verso de «Tan paleto». El buen dictador no necesita prohibirlo todo; le basta con que no se vea. La censura del Estado Novo trabajaba así, cortando de los periódicos, los libros y las películas lo que no convenía. La nota del diario sobre ir de la mano sin dar explicaciones cuenta la canción desde dentro.
Vivir con los ojos tapados
La consecuencia de aquella política fue una vida doble muy extendida. Muchos homosexuales portugueses se casaron, tuvieron hijos y llevaron su otra vida en lugares discretos: algunos cafés de Lisboa, ciertos jardines, los baños, las casas de amigos. Otros emigraron, a París o a Londres, como hicieron también tantos portugueses por motivos económicos o políticos.
No hay estadísticas fiables sobre cuántas personas sufrieron las medidas del artículo 71, porque los archivos de la policía y de los tribunales de la época todavía se están estudiando. Lo que sí está documentado es el miedo: el que aparece en las memorias, en las cartas y en los testimonios recogidos después de 1974 por historiadores y periodistas. Un miedo que no era solo a la policía, sino también a la familia, a la parroquia y al vecino.
El Estado Novo, además, cultivó una imagen de Portugal como país sencillo, humilde y feliz en su pobreza, donde cada cual sabía cuál era su sitio. En ese retrato no había lugar para nada que se saliera de la norma, y la discreción no era solo una estrategia personal: era casi un deber patriótico. Quien hablaba de lo que no se debía rompía la armonía del conjunto. Por eso, durante mucho tiempo, la manera más habitual de sobrevivir fue la misma que describe el verso de la canción, pero aplicada a uno mismo: taparse los ojos, no preguntar, no decir. Muchos de los que vivieron aquellos años lo han contado después con una frase repetida: todo el mundo lo sabía y nadie lo nombraba.
25 de abril de 1974
La madrugada del 25 de abril de 1974, un grupo de oficiales del ejército, el Movimiento de las Fuerzas Armadas, derribó la dictadura casi sin disparar un tiro. La gente salió a la calle y llenó de claveles rojos los cañones de los fusiles de los soldados. La Revolución de los Claveles se convirtió en una de las imágenes más felices del siglo XX europeo.
En el planeta hay una canción que usa la palabra revolución para algo muy distinto. «Me he enamorado de un policía que es dueño de una lavandería», del segundo álbum, cuenta el flechazo del protagonista con un agente casado, y en un momento lo resume así:
Pero este poli es un cañón, toda una revolución
Es una broma, claro: el uniforme que debería dar miedo da otra cosa. Pero la broma tiene un fondo interesante en un país donde, durante casi cincuenta años, los uniformes habían sido sinónimo de vigilancia, y en el que de pronto unos soldados con claveles en los fusiles se convirtieron en los héroes de la libertad. La nota del diario sobre el deseo en la lavandería explica el juego de la canción.
Un manifiesto y un general
Las semanas que siguieron al 25 de abril fueron de una libertad desbordante. Se fundaron partidos, sindicatos, periódicos y asociaciones de todo tipo. En mayo de 1974 apareció también un manifiesto firmado por un Movimiento de Acción de los Homosexuales Revolucionarios que reclamaba que la revolución incluyera la libertad sexual.

La respuesta llegó desde lo más alto. El general Carlos Galvão de Melo, miembro de la Junta de Salvación Nacional que gobernaba el país tras el golpe, condenó públicamente la iniciativa. El episodio dejó claro que la revolución de los claveles no pensaba, al menos de momento, en las personas homosexuales. El movimiento desapareció casi enseguida y no hubo una organización LGTBI estable en Portugal hasta los años noventa.
Es una historia que se repite en muchos países: el momento de la liberación política no siempre coincide con el de la liberación sexual. En España pasó algo parecido, porque la ley de peligrosidad social siguió castigando a los homosexuales varios años después de la muerte de Franco.
1982: fuera del Código Penal
La despenalización llegó con el nuevo Código Penal, aprobado en 1982 y en vigor desde comienzos de 1983. Desde entonces, los actos sexuales libres y privados entre adultos dejaron de ser punibles en Portugal. Fue un cambio silencioso, incluido dentro de una reforma general que despenalizó también el adulterio y la prostitución, sin manifestaciones ni celebraciones.
En aquellos mismos años, Lisboa tenía un icono pop que no encajaba en ningún molde. António Variações, que había sido barbero antes que artista, mezclaba el folclore del norte de Portugal con la música electrónica y el glam, vestía con una extravagancia que nadie había visto en la televisión portuguesa y se convirtió en una figura de culto. Murió en Lisboa el 13 de junio de 1984, con apenas dos discos publicados. Su vida se llevó al cine en 2019, en la película «Variações».
Los años noventa: de la discreción al Orgullo
La organización llegó tarde, pero llegó. En los años noventa nacieron las primeras asociaciones LGTBI portuguesas estables, y en 1997 se celebró en Lisboa el primer Arraial Pride, una fiesta al aire libre que con los años se convirtió en uno de los encuentros más multitudinarios del país. A partir del año 2000, Lisboa tuvo también su marcha del Orgullo, con un carácter más reivindicativo.
La nota del diario sobre el Orgullo de Madrid, de 1978 al WorldPride recorre la historia de la marcha madrileña. Comparar las dos fechas, 1978 en Madrid y 2000 en Lisboa, dice mucho de los ritmos distintos de dos países vecinos que salieron de sus dictaduras casi a la vez.
En 2001, una ley de uniones de hecho reconoció por primera vez algunos derechos a las parejas que convivían, también a las del mismo sexo. Era poco, pero era el primer papel.
2004: la Constitución
En 2004, una revisión de la Constitución portuguesa añadió la orientación sexual a la lista de motivos por los que nadie puede ser privilegiado, perjudicado ni discriminado, en el artículo 13, el del principio de igualdad. Portugal se convirtió así en uno de los primeros países del mundo en proteger expresamente la orientación sexual en su texto constitucional.
El cambio tuvo un efecto práctico inmediato: cualquier ley que discriminara por orientación sexual podía ser impugnada por inconstitucional. Y abrió la puerta a la siguiente pregunta, la del matrimonio, que llegaría a los tribunales solo dos años después.
Oporto, febrero de 2006
Antes de esa pregunta, Portugal tuvo que mirarse en un espejo terrible. En febrero de 2006, en Oporto, Gisberta Salce Júnior, una mujer trans brasileña que vivía en la calle, fue agredida durante días por un grupo de adolescentes en un edificio en obras donde se refugiaba. Murió el 22 de febrero, y su cuerpo fue arrojado a un pozo inundado de la misma obra. Varios de los agresores estaban acogidos en una institución de menores.
El juicio terminó con internamientos en centros educativos de entre once y trece meses, lo que muchos consideraron una respuesta desproporcionadamente leve. El caso conmocionó al país y se convirtió en símbolo de la violencia contra las personas trans, migrantes y pobres. Ese mismo verano, en julio de 2006, Oporto celebró su primera marcha del Orgullo, impulsada en buena parte por la indignación. Al año siguiente, el compositor Pedro Abrunhosa publicó la «Balada de Gisberta», que después grabó también Maria Bethânia.
Gisberta era trans, era pobre y era extranjera. En «Tan paleto», el personaje al que contesta la canción tiene una lista de cosas que le molestan, y una de ellas es esta:
Que te molesta que mi novio sea africano
La canción habla de racismo y homofobia juntos, en una escena cotidiana y sin violencia física. La historia de Gisberta muestra hasta dónde puede llegar esa misma mezcla de prejuicios cuando se encuentra con alguien sin protección.
Si algo de esto te toca
La historia de Gisberta, y otras de este texto, pueden ser difíciles de leer. En España, quien necesite hablar puede marcar el 024, una línea sin coste y confidencial que funciona a cualquier hora para personas que atraviesan un momento muy difícil y para su entorno. Ante un riesgo inmediato, el número es el 112. El Teléfono de la Esperanza responde en el 717 003 717, y FELGTBI+ orienta a personas LGTBI en el 913 604 605. Desde Portugal o desde cualquier otro país, findahelpline.com ayuda a encontrar una línea gratuita en tu país.

Cuatro años de juicios
En febrero de 2006, el mismo mes en que murió Gisberta, dos mujeres, Teresa Pires y Helena Paixão, se presentaron en un registro civil de Lisboa para casarse. Se lo negaron. Decidieron llevar el caso a los tribunales, con el argumento de que la Constitución reformada en 2004 prohibía discriminar por orientación sexual. Perdieron en las distintas instancias, pero el caso puso el tema en el centro del debate.
La canción del planeta que mejor se ríe de las bodas es «Tengo argumento», del primer álbum, un juego de palabras sobre galletas, coplas y una tal María. En medio de los chistes, el protagonista suelta este verso:
Me íba a casar con mi novio de hace veinte años
Lo dice como quien cuenta un plan que se torció, y la canción sigue con su humor. Pero la frase tiene algo que cualquier pareja como la de Teresa y Helena reconoce: el novio de hace veinte años con el que uno se iba a casar cuando se pudiera. La nota del diario sobre María, galletas y copla cuenta el resto del chiste.
2010: el sí
La Ley 9/2010, que permitió el matrimonio civil entre personas del mismo sexo, se publicó el 31 de mayo de 2010 y entró en vigor el 5 de junio. Dos días después, el 7 de junio, Teresa Pires y Helena Paixão se casaron en Lisboa. Fueron las primeras. Habían pasado cuatro años desde que les cerraron la puerta del registro.
La ley de 2010 tenía una limitación importante: no permitía la adopción a las parejas casadas del mismo sexo. Esa barrera cayó en 2016, con la Ley 2/2016, en vigor desde el 1 de marzo de ese año. El presidente de la República, Aníbal Cavaco Silva, la había vetado, pero el Parlamento volvió a aprobarla y el veto quedó superado. Portugal se convirtió así en uno de los países con una legislación más completa sobre familias LGTBI.
2018: decidir quién eres
El último gran paso fue la identidad de género. La Ley 38/2018 reconoció el derecho a la autodeterminación de la identidad y la expresión de género, de modo que las personas trans mayores de edad pueden cambiar su nombre y su sexo en el registro sin necesidad de un informe médico. El presidente Marcelo Rebelo de Sousa vetó una primera versión y pidió que, en el caso de los menores de 16 y 17 años, se exigiera un informe; el Parlamento introdujo ese cambio y la ley salió adelante.
Para un país en el que, cincuenta años antes, la ley permitía mandar a alguien a una colonia agrícola por sus «vicios contra la naturaleza», el recorrido es enorme. Y se hizo, en buena parte, en las dos primeras décadas del siglo XXI.
2024: el fin de las terapias de conversión
Hay un paso más reciente que conviene mencionar. La Ley 15/2024, de 29 de enero, prohibió y tipificó como delito en Portugal las llamadas prácticas de conversión, es decir, cualquier intento de modificar o reprimir la orientación sexual, la identidad o la expresión de género de una persona. La ley castiga esas prácticas con penas de prisión de hasta tres años o multa, que pueden llegar a cinco años si causan modificaciones irreversibles en el cuerpo, y castiga también la tentativa.

La norma no ha estado exenta de discusión: el Tribunal Constitucional recibió una petición para revisar dos de sus artículos, y según la prensa portuguesa todavía no se había pronunciado en 2026. Aun así, la ley está en vigor y marca una diferencia enorme con el país del artículo 71, donde era el propio Estado el que pretendía corregir a las personas homosexuales mandándolas a una colonia agrícola.
Lisboa, hoy
Quien visita hoy Lisboa encuentra una ciudad que se ha convertido en uno de los destinos LGTBI más conocidos del sur de Europa. El barrio de Príncipe Real, con sus jardines y sus cafés, y las calles empinadas del Bairro Alto concentran buena parte de la vida nocturna, y el Arraial de junio reúne cada año a miles de personas junto al río.
Esa imagen festiva es real, pero no lo cuenta todo. Las asociaciones portuguesas siguen documentando agresiones y discriminación, sobre todo contra las personas trans y migrantes, y la memoria de Gisberta sigue presente en cada marcha de Oporto. La Lisboa del Arraial y la Oporto de 2006 forman parte del mismo país, y conviene no quedarse solo con la postal.
Lo que el dictador no tapó
Volvamos al verso de «Tan paleto»: «Y les tapas los ojos como un buen dictador». La canción tiene razón en algo: tapar los ojos funciona durante un tiempo, pero no para siempre. Los niños crecen, los libros requisados se reeditan y las parejas que se escondían acaban casándose en el registro civil de Lisboa.
La historia portuguesa lo demuestra. Los poemas de Botto, que la policía retiró de las librerías en 1923, son hoy parte del canon de la literatura portuguesa. Variações, que no encajaba en ninguna categoría, tiene película. El nombre de Gisberta da título a una canción y es recordado cada año. Y el país del «Dios, patria, familia» ha ampliado tanto la palabra familia que hoy incluye a casi todas las que existen.
El planeta, desde el otro lado de la frontera, no pretende explicar Portugal a los portugueses. Lo que hace este diario es poner en fila unas fechas que en España se conocen poco y leerlas con unas canciones que hablan del mismo gesto. En «Tan paleto», el protagonista termina diciendo que no le va a dar más explicaciones a nadie. Es, en el fondo, lo que han hecho las personas LGTBI portuguesas durante el último medio siglo: dejar de pedir permiso.
Créditos
«Tan paleto» pertenece a «El día de la liberación», tercer disco de la trilogía GAYFOLK; se puede oír en Spotify. «Tengo argumento» está en el primer disco, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», y «Me he enamorado de un policía que es dueño de una lavandería» y «La primera drag de Benidorm» pertenecen al segundo. Mike Sain't Louis firma las letras, la música y la producción; las partes vocales y los arreglos salen de herramientas de inteligencia artificial que trabajan sobre ese material, y por eso se habla de él como «el primer cantautor IA». Ni una sola de las canciones trata de Portugal, y sus personajes son de ficción. Sobre Botto, el Estado Novo, la revolución de 1974, Gisberta y las leyes portuguesas solo se recogen hechos publicados. La trilogía completa está en el catálogo de canciones, y la sala de prensa reúne el material para medios.
Preguntas frecuentes
¿Qué fue la «literatura de Sodoma»?
El nombre que se dio en Lisboa, en 1923, a la polémica contra varios libros considerados inmorales, entre ellos «Canções» del poeta António Botto, «Sodoma divinizada» de Raul Leal y la poesía de Judith Teixeira. Tras una campaña de un grupo de estudiantes, la policía requisó ejemplares en marzo de aquel año.
¿Cómo trataba el Estado Novo a las personas homosexuales?
El Código Penal de 1886, vigente durante la dictadura, preveía en su artículo 71 medidas de seguridad contra quien se entregara habitualmente a «vicios contra la naturaleza», como el internamiento en un manicomio criminal, en una casa de trabajo o en una colonia agrícola, la libertad vigilada o la prohibición de ejercer una profesión.
¿Cuándo dejó de ser delito la homosexualidad en Portugal?
Con el nuevo Código Penal de 1982, que entró en vigor a comienzos de 1983 y dejó de castigar los actos sexuales libres y privados entre adultos.
¿Quién fue Gisberta Salce Júnior?
Una mujer trans brasileña que vivía en la calle en Oporto y que murió en febrero de 2006 tras ser agredida durante días por un grupo de adolescentes. Su caso conmocionó a Portugal e impulsó la primera marcha del Orgullo de Oporto, ese mismo verano.
¿Desde cuándo pueden casarse en Portugal dos personas del mismo sexo?
Desde el 5 de junio de 2010, fecha en que entró en vigor la Ley 9/2010. La primera boda fue la de Teresa Pires y Helena Paixão, el 7 de junio de 2010 en Lisboa. La adopción por parejas del mismo sexo llegó en 2016.