Salud
Soledad no deseada en jóvenes LGTBI: lo que dicen los datos, el papel de las redes y dónde pedir ayuda, leído con «Entre cuatro paredes» y otras letras del Planeta Gayfolk
Por Mike Sain't Louis ·

Cuando se habla de soledad no deseada, la imagen que aparece casi siempre es la de una persona mayor sentada junto a una ventana. Es una imagen real y merece toda la atención que recibe; el diario le dedicó un texto entero a envejecer sin volver al armario. Pero los datos cuentan otra cosa que se dice menos: en España, el grupo de edad que más soledad no deseada declara es la juventud. Y dentro de la juventud, quienes más la sufren son los chicos y las chicas LGTBI.
Aquí se reúnen las cifras disponibles sobre esa soledad, se revisan un par de explicaciones demasiado cómodas y se apuntan los teléfonos y lugares a los que acudir. El hilo lo ponen canciones de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid que recurre a herramientas de IA, entre otras cosas, para generar las voces. Sus narradores son personajes: cuando una canción dice «yo», quien habla es alguien de ficción, no una confesión. Los versos se reproducen sin tocar una coma, igual que aparecen publicados en la web.
Cuatro paredes y una puerta
El disco que abre la trilogía GAYFOLK, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», guarda una pieza levantada casi por completo a base de negaciones. Se llama «Entre cuatro paredes» y empieza dentro de una habitación de la que el narrador no consigue salir:
No me apetece salir de la habitación No encuentro la fuerza, la motivación
El diario ya la analizó como una gramática del no, por la forma en que cada verso arranca con una negación. Aquí interesa un verso concreto, porque resume mejor que cualquier informe lo que es la soledad no deseada:
Siempre apartado entre tanta gente
No dice «solo en casa». Dice apartado entre gente. Esa es la clave que los estudios repiten una y otra vez: la soledad no se mide por la cantidad de personas que tienes alrededor, sino por la distancia entre lo que tienes y lo que necesitas.
Lo que dicen los números
En 2024, el Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada, conocido como SoledadES e impulsado por la Fundación ONCE, publicó su barómetro sobre la soledad en España junto a la Fundación AXA. Se basa en una encuesta telefónica a 2.900 personas de 18 años o más, representativa de la población. Sus conclusiones principales:
- Una de cada cinco personas, el 20 %, sufre soledad no deseada.
- Entre los 18 y los 24 años, la cifra sube al 34,6 %, la más alta de todas las franjas de edad.
- Las personas LGTBI la sufren en un 34,4 %, frente al 19,3 % de las heterosexuales.
- Dos de cada tres personas que se sienten solas llevan más de dos años así.
El mismo observatorio publicó antes un estudio específico sobre juventud, fechado en 2023 y promovido por la Fundación ONCE con Ayuda en Acción, que es el primero de ese tipo en España. Encuestó a 1.800 personas de entre 16 y 29 años. El 25,5 % dijo sentirse sola en ese momento. Entre los jóvenes LGTBI, la cifra llegaba al 39,7 %, frente al 22,7 % de los heterosexuales: casi el doble.
El análisis estadístico del estudio va un paso más allá. Teniendo en cuenta el resto de factores, ser LGTBI aumenta en un 48,7 % la probabilidad de sufrir soledad no deseada en la juventud. Los autores lo explican así: la sexualidad pesa mucho en la forma de relacionarse durante la adolescencia y la juventud.
Leer el dato con calma
Antes de seguir, conviene poner dos advertencias. La primera: son encuestas de autopercepción. Miden cuánta gente dice sentirse sola, no un diagnóstico. Eso no les quita valor, pero obliga a leerlas como lo que son.

La segunda: que ser LGTBI se asocie a más soledad no significa que la orientación o la identidad la causen. Lo que la causa, según la propia literatura que cita el estudio, son las condiciones en las que muchas personas LGTBI crecen: el armario, el rechazo, el acoso, la falta de referentes cerca. Cambiar esas condiciones cambia el dato.
Y una tercera, más personal: si te reconoces en estas cifras, no eres un caso raro. Eres parte de un problema que afecta a muchísima gente de tu edad, y del que se puede salir.
El armario también aísla
Una entrada del diario sobre salud mental LGTBI explica algo fácil de entender cuando se nombra: guardar un secreto importante durante años obliga a vigilar cada conversación. Qué cuentas, qué callas, a quién le dices con quién has quedado. Esa vigilancia crea distancia incluso con la gente que te quiere.
Muchos jóvenes LGTBI tienen amigos, familia, compañeros de clase. Pero sienten que nadie los conoce de verdad, porque la parte que esconden es justo la que más les importa. Es exactamente lo que dice el verso de «Entre cuatro paredes»: apartado entre tanta gente.
El estudio de juventud lo refleja con un dato llamativo. El 90,1 % de los jóvenes que se sienten solos tiene a alguien a quien recurrir si tiene un problema. Casi lo mismo que quienes no se sienten solos. Es decir, no se trata de no tener a nadie. Se trata de no poder ser del todo uno mismo con quien tienes.
Ellas, y los veintipocos
El estudio de juventud rompe otro tópico: la soledad joven no es sobre todo masculina. Algo más de tres de cada diez mujeres de 16 a 29 años dicen sentirse solas, el 31,1 %, frente al 20,2 % de los hombres. Y la edad en la que más se nota no es la adolescencia, sino la franja central, entre los 21 y los 26 años.
Tiene sentido si se piensa en lo que pasa a esa edad. Se acaba el instituto, a veces también la universidad. Los grupos de amigos se dispersan por trabajo o por estudios. Mucha gente se muda de ciudad. Las estructuras que daban compañía casi sin buscarla desaparecen, y hay que construir otras desde cero.
Para una chica lesbiana o bisexual, o para una persona trans o no binaria, esa etapa puede coincidir además con la salida del armario, con conflictos familiares o con la búsqueda de un entorno donde encajar. Todo a la vez. No es raro que la sensación de estar sola se dispare justo cuando, desde fuera, parece que la vida está empezando.
Otro dato que conviene no olvidar: cerca de la mitad de los jóvenes que se sienten solos, el 45,7 %, llevan así más de tres años. No es un bache de un mes. Por eso merece la pena no esperar a que se pase sola.
El acoso deja huella
Uno de los datos más duros del estudio tiene que ver con el acoso. Entre los jóvenes que sufren soledad no deseada, el 58,1 % ha sufrido acoso escolar o laboral alguna vez. Entre quienes no se sienten solos, el 32,1 %. Casi el doble.
El acoso enseña algo terrible: que relacionarte puede ser peligroso. Que mostrarte tiene un precio. Quien ha pasado años esquivando a quienes se burlaban de él en el patio aprende a protegerse cerrando puertas. Y a veces sigue cerrándolas mucho después de que el peligro haya desaparecido.
Para las personas LGTBI, el acoso tiene muchas veces el mismo motivo: la pluma, la forma de vestir, el rumor. El diario lo ha tratado en otros textos con datos y protocolos. Aquí basta con decir que la soledad de muchos adultos jóvenes empezó en un patio.
«¿Por qué la gente sale con amigos?»
Ese mismo disco inicial incluye otra pieza que pone la comparación con los demás en primer plano. «Como Macaulay Culkin en El buen hijo» tiene un narrador que se pregunta por qué a los demás les resulta tan fácil lo que a él le cuesta tanto:

¿Por qué la gente sale con amigos, tiene citas
Y la respuesta llega alargada, como un lamento:
Y a mí me cuesta taaaaaantooooooo
Es una de las experiencias más comunes de la soledad joven: mirar alrededor y tener la sensación de que todo el mundo tiene una vida social plena menos tú. La comparación duele porque casi siempre es injusta. Se compara tu interior, con todas sus dudas, con el exterior de los demás, que solo enseña lo que quiere.
La canción lo cuenta desde un personaje con su propia historia, que no es la de nadie en concreto. Pero esa pregunta, «por qué los demás sí», la reconocen muchísimas personas que se la han hecho por dentro, sin atreverse a decirla.
La pantalla no es la culpable
Sería cómodo echar toda la culpa al móvil. Es una explicación que se repite en tertulias y titulares. Pero el estudio del observatorio no la confirma del todo.
Un tercio de los jóvenes encuestados usa las redes más de tres horas al día, y la mayoría cree que estar demasiado pendiente de ellas influye en la soledad. Sin embargo, al cruzar los datos, los jóvenes que se sienten solos usan las redes con una frecuencia muy parecida a los que no. En el análisis estadístico, la frecuencia de uso no resulta un factor significativo. Lo que sí pesa más es la intensidad del uso y, sobre todo, si las relaciones son presenciales o no.
Eso no significa que las redes sean inocentes. El diario ya escribió sobre redes sociales y autoestima y sobre apps de ligar y autoestima: el escaparate permanente, el rechazo con un deslizamiento, la cuenta de «me gusta». Para muchos jóvenes LGTBI, internet fue además el primer lugar donde encontrar a alguien como ellos, y eso es valioso. El problema llega cuando la pantalla sustituye a todo lo demás en lugar de servir de puente.
Una ciudad grande no lo arregla todo
Existe una idea muy extendida en el colectivo: la soledad se cura yéndose del pueblo a la ciudad. Y es verdad que para muchas personas mudarse a Madrid, Barcelona o Valencia ha sido una liberación.
Pero el estudio de juventud aporta un matiz curioso. Los jóvenes que más soledad declaran no son los de los pueblos pequeños ni los de las grandes capitales, sino los de los municipios de tamaño medio, de 50.000 a 500.000 habitantes. En los municipios más pequeños la cifra es más baja. Los autores reconocen que va en contra de la percepción habitual.
No quiere decir que en los pueblos sea fácil ser LGTBI. Quiere decir que la soledad no depende solo del tamaño del lugar, sino de los vínculos que se tienen en él. Mudarse puede abrir puertas, pero también puede dejarte sin la red que tenías, en una ciudad donde nadie sabe tu nombre.
La noche como refugio y como trampa
Para muchos chicos y chicas LGTBI, el ambiente nocturno es el primer espacio donde sentirse parte de algo. Bares, discotecas, fiestas. Es un espacio con una historia de refugio que merece respeto. Pero también puede convertirse en el único lugar de encuentro, y entonces la soledad del resto de la semana pesa todavía más.

«La noche no es para mí», que también sale del disco inicial, retrata a alguien que espera la noche para escapar de algo que el día no resuelve:
Para saciar de golpe Aburrimiento y soledad
Y que acaba la canción buscando con prisa:
Con quién pasar la noche
Una nota anterior la interpretó como el momento en que salir se convierte en ritual. El personaje no busca fiesta: busca no estar solo. Y la noche, que promete compañía, a veces solo la alquila por unas horas.
Elegir estar solo no es lo mismo
Hay que distinguir con cuidado. Pasar tiempo a solas no es un problema en sí. Hay personas que lo necesitan, que se recargan así y que viven perfectamente con pocos vínculos. Hay en el diario una entrada sobre la diferencia entre soledad elegida y soledad impuesta.
En el tercer álbum, «El día de la liberación», «Antisocial» tiene un narrador que reivindica precisamente eso:
es solo que elijo mi propia soledad.
La palabra importante es «elijo». La soledad no deseada es la otra: la que no se ha elegido, la que duele, la que hace que te preguntes qué tienes de malo. Nadie debería sentirse obligado a tener una agenda llena. Pero nadie debería tampoco quedarse atrapado en un aislamiento que no quiere.
Lo que ayuda de verdad
El estudio de juventud señala que el factor que más aumenta la probabilidad de sentirse solo es tener menos amistades de las que se desean: multiplica el riesgo por 4,7. La calidad de la familia y de la amistad también cuenta, y las relaciones cara a cara son más frecuentes entre quienes no se sienten solos. A partir de ahí, hay algunas ideas que pueden ayudar, sin recetas mágicas:
- Buscar espacios con gente afín. Muchas asociaciones LGTBI tienen grupos de jóvenes, actividades culturales, deporte o simplemente quedadas para tomar algo. No hace falta militar en nada para ir.
- Probar con una actividad, no con una persona. Un club de lectura, un taller de barrio, un equipo, un voluntariado. Es más fácil hablar con alguien cuando hay algo que hacer juntos.
- Cuidar uno o dos vínculos en vez de intentar tener muchos. Un mensaje, una llamada, una invitación. La calidad pesa más que la cantidad.
- Contarle a alguien de confianza cómo te sientes. Ponerlo en palabras, aunque sea por escrito, ya cambia algo.
- Pedir ayuda profesional si la tristeza no se va. La soledad prolongada se relaciona con la depresión y la ansiedad, y eso tiene tratamiento.
Lo que les toca a los demás
La soledad no se resuelve solo con fuerza de voluntad individual. El estudio del observatorio termina con una lista de recomendaciones para las instituciones, y muchas apuntan a la escuela, porque es el único lugar por el que pasa toda la infancia y la adolescencia.
Entre ellas: favorecer las relaciones entre el alumnado con actividades pensadas para quien se queda al margen, formar al profesorado para detectar la soledad, el acoso y la discriminación, establecer protocolos contra el acoso presencial y el ciberacoso con seguimiento real, y fomentar una actitud positiva hacia la diversidad, mencionando de forma expresa a las personas LGTBI.
También hay tareas para los ayuntamientos, las asociaciones y las empresas: espacios de encuentro que no giren en torno al alcohol, actividades culturales y deportivas inclusivas, programas de acogida para quien llega nuevo a una ciudad. Y para cualquiera: dejar de tratar la soledad joven como una exageración o una moda. Los datos dicen que es uno de los problemas más extendidos de la juventud en España.
Si conoces a alguien que se aísla
El estudio recoge que el 77,1 % de los jóvenes dice conocer a alguien que podría sentirse solo sin desearlo. Es decir, casi todo el mundo tiene cerca a alguien así. A veces es ese amigo que dejó de venir, la compañera que siempre dice que está ocupada, el primo que ya no contesta.

No hace falta tener las palabras perfectas. Basta con insistir un poco, sin presionar. Una invitación concreta funciona mejor que un «ya quedaremos». Escuchar sin dar consejos que nadie ha pedido. Y si notas que la persona habla de no tener ganas de nada, de no ver salida o de desaparecer, tomártelo en serio y ayudarle a buscar apoyo profesional. Hablar del suicidio no lo provoca. Preguntar con claridad puede abrir la puerta a pedir ayuda.
«Algo en mí pide respirar»
«Entre cuatro paredes» es una canción muy oscura. La mayor parte del tiempo, el narrador repite lo que no tiene, lo que no siente y lo que no puede hacer. Pero hacia el final aparece un verso distinto:
No quiero perderme en esta soledad No, pero algo en mí pide respirar
Es un verso pequeño y es el más importante. No promete un final feliz. Solo dice que dentro de la habitación hay algo que quiere salir. En otra nota, el diario habló de cuatro paredes y una rendija; esa rendija es justo esto.
Para quien está dentro, esa rendija puede ser una llamada, un mensaje a un amigo, una asociación que tiene un grupo los jueves. No tiene que ser todo a la vez. Basta con abrirla un poco.
Una compañía pequeña
Hay una canción del segundo álbum, «Como a mi chihuahua», que recuerda que el remedio contra la soledad a veces llega en formatos pequeños:
tu risa es el antídoto contra mi soledad
Es un verso de amor, y el personaje de la canción se lo dice a alguien que le acelera el corazón. Pero la idea vale más allá del enamoramiento: una risa compartida, una tarde con alguien que te entiende, una mascota que te espera en casa. La soledad no se resuelve con grandes gestos. Se va desgastando con muchos pequeños.
Dónde pedir ayuda
Si la soledad viene acompañada de tristeza, angustia o ideas de hacerte daño, no hace falta aguantar hasta que pase. Estos son los recursos en España:
-
- Es el número que el Ministerio de Sanidad dedica a la prevención del suicidio. No cuesta nada, no queda registrado quién llama y contesta a cualquier hora del día o de la noche. Lo pueden usar también amigos o familiares que estén preocupados.
-
- Para urgencias, cuando el riesgo es ahora mismo.
- Teléfono ANAR: 900 20 20 10. Pensado para niños, niñas y adolescentes; al otro lado responde un equipo de psicología, sin coste y sin dar tu nombre.
- Teléfono de la Esperanza: 717 003 717, para momentos de crisis.
- FELGTBI+: 913 604 605. Orienta y ayuda a localizar asociaciones LGTBI de tu zona.
Si vives en otro país, marca allí el teléfono de urgencias o consulta cuál es la línea de crisis que funciona donde estás.
Ficha
«Entre cuatro paredes» forma parte de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el disco con el que arranca la trilogía, y está disponible en Spotify. Aparecen además «Como Macaulay Culkin en El buen hijo» y «La noche no es para mí», del primer álbum; «Como a mi chihuahua», del segundo; y «Antisocial», del tercero. Los datos proceden del «Barómetro de la soledad no deseada en España 2024» (SoledadES, Fundación ONCE y Fundación AXA) y del «Estudio sobre juventud y soledad no deseada en España» (Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada, 2023). Los teléfonos de ayuda se han comprobado en las webs del Ministerio de Sanidad, la Fundación ANAR, el Teléfono de la Esperanza y FELGTBI+. Medios y contacto profesional: prensa.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos jóvenes LGTBI sufren soledad no deseada en España?
Según el estudio sobre juventud y soledad no deseada del Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada (SoledadES), basado en una encuesta a 1.800 personas de 16 a 29 años, la sienten el 39,7 % de los jóvenes LGTBI frente al 22,7 % de los heterosexuales. En el conjunto de la juventud de esa edad, la cifra es del 25,5 %.
¿La culpa la tienen las redes sociales?
No exactamente. Ese mismo estudio no encontró diferencias claras entre la frecuencia de uso de las redes y la soledad: los jóvenes que se sienten solos las usan con una frecuencia muy parecida a los que no. Lo que más pesa es tener menos amistades de las deseadas y la calidad de las relaciones, incluidas las presenciales.
¿Es lo mismo estar solo que sentirse solo?
No. Hay personas que eligen pasar mucho tiempo a solas y están bien, y personas rodeadas de gente que se sienten profundamente solas. La soledad no deseada es la diferencia entre las relaciones que tienes y las que te gustaría tener.
¿De qué trata «Entre cuatro paredes»?
Es una canción del primer álbum de la trilogía GAYFOLK, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», con un narrador encerrado en su habitación que no encuentra fuerzas para salir y que termina con un resquicio: algo en él pide respirar. El narrador es un personaje.
¿Dónde puedo pedir ayuda si me siento solo y mal?
Si estás en España, marca el 024 a cualquier hora, sin coste y sin que quede tu nombre; para una urgencia, el 112. Los menores de edad tienen el Teléfono ANAR, 900 20 20 10. También están el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, y FELGTBI+, 913 604 605. Si vives en otro país, usa su teléfono de urgencias.