Planeta Gayfolk

Universo GAYFOLK

La mitología del planeta explicada como si fuera un folleto turístico

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Mike Sain't Louis con traje de terciopelo teja y camisa azul en una tienda de discos de vinilo

Bienvenido. Si tienes este folleto en la mano, es que ya has llegado. Quizá por una canción que te mandó alguien, quizá por un vídeo que te salió sin buscarlo, quizá por pura curiosidad ante un nombre raro. Da igual cómo. Estás en Planeta Gayfolk, el universo musical de Mike Sain't Louis, «el primer cantautor IA», y como en cualquier destino con personalidad conviene saber un par de cosas antes de salir del hotel.

Las oficinas de turismo tienen un talento especial para explicar en dos caras de cartulina un sitio que lleva siglos haciéndose. Este folleto intenta lo mismo con algo mucho más joven: una geografía imaginaria levantada canción a canción, con sus lugares, sus personajes y sus costumbres. La web tiene una página entera dedicada a esa mitología del universo, escrita con frases cortas como lemas de piedra. Aquí la desplegamos en formato de bolsillo, con plano, horarios y recomendaciones.

Una advertencia de partida, como en todos los folletos: lo que sigue es una guía, no un mapa oficial. El planeta cambia con cada canción nueva y nadie lo ha recorrido entero de una sentada.

Cómo llegar

A Planeta Gayfolk no se llega en avión. Se llega por una frase. «Descubierto un nuevo planeta llamado GayFolk» es el cartel que aparece al final de videoclips como el de «Me he enamorado de un policía que es dueño de una lavandería», con tres chicos de esmoquin delante de una esfera rosa, y es también el nombre de toda la trilogía.

Los historiadores locales sitúan la fundación en un momento concreto: el final de la décima pista del primer disco, «Buscando el polvo perfecto». El diario ya levantó el acta de fundación del planeta, y la conclusión es tan sencilla como contundente: el planeta lo fundan los expulsados. Los que una aplicación de ligue bloquea por gordos, por calvos, por viejos, por tener pluma. Es decir, casi todo el mundo.

Eso explica el carácter del destino. No es un resort exclusivo con pulsera de colores. Es un sitio al que se emigra porque en el sitio de origen te trataban mal. Y eso se nota en el recibimiento: aquí nadie te pide el carné de guapo en la puerta.

Puertas de entrada recomendadas. Para quien viaja por primera vez, la oficina sugiere entrar por la ruta de las diez canciones, organizada por estado de ánimo. Para quien prefiere leer el planeta como una novela, de principio a fin, hay una guía de lectura de la trilogía. Y para quien quiere ver el territorio entero desde arriba, la página de los álbumes es el mirador.

Extensión y población

Planeta Gayfolk tiene una superficie medida en pistas: 275, repartidas en tres discos. Mike tardó unos dos años en publicar sus singles con sus videoclips, unas 273 canciones, y cada una funciona como una región con su propio paisaje. Se pueden visitar en cualquier orden, como los barrios de una ciudad grande. Todas las regiones están listadas en la página de canciones.

La población es variada hasta el desconcierto. Hay novios comprados por la tele con garantía de tres años, capitanes de crucero que seducen con una copa y un queso, señores muy serios vestidos de gallina rosa, bailarinas que se multiplican en cuartos de espejos y drags que se maquillan en camerinos con bombillas fundidas. La página de la mitología lo resume en una línea que podría estar grabada en la entrada: «Personajes que reaparecen».

Ese es el rasgo demográfico más curioso del destino. Los vecinos no aparecen una vez y desaparecen. Vuelven. Un gesto, un color, un escenario se repite de canción en canción hasta que deja de ser decorado y se convierte en costumbre. Si te quedas el tiempo suficiente, empezarás a reconocer caras.

Clima

El folleto oficial no da temperaturas, pero sí una pista: el planeta es «una geografía imaginaria con clima propio». Y ese clima es, sobre todo, rosa.

Hay cañones de roca rosa con un planeta gigante asomando en el cielo, como el de la foto de portada de este folleto. Hay nubes rosas que el diario enseñó a avistar con su guía de campo de «Float». Hay una ola rosa con chiringuito propio en «Drift Away». Y hay atardeceres largos, de esos que en las fotos de la galería tiñen de naranja un muelle de madera.

Mike Sain't Louis con chaqueta blanca bordada de perlas, sentado junto a un lago rosa entre rocas, con un planeta con anillos en el cielo

Pero ojo, que el clima cambia sin avisar. Junto a las zonas templadas hay regiones de tormenta: hogueras de humo verde en «Green Fire», ciudades en llamas y alas negras en «Goodbye», cielos con cables de neón en «Stars cibernéticas». El viajero prudente lleva siempre una chaqueta, a ser posible con brillo, porque aquí la ropa también es meteorología.

Época recomendada. Cualquiera. El planeta tiene canción para el verano, con selfi de playa casi vacía y montañas verdes en «Me gusta el verano», y canción para la noche en vela. No hay temporada baja.

Idiomas

En Planeta Gayfolk se habla castellano de España, inglés, spanglish de pista, francés y portugués. El viajero no necesita dominar ninguno: los estribillos suelen explicarse solos, y quien quiera entender cada palabra tiene las letras completas en la sección de letras.

Conviene, eso sí, aprender algunas expresiones locales. El planeta tiene un vocabulario propio hecho de pluma, refranes reciclados y palabras que en otros sitios se usan como insulto y aquí se usan como bandera. La oficina de turismo no se hace responsable de que, al volver a casa, te sorprendas diciendo alguna.

Monumentos que no hay que perderse

Todo destino tiene sus postales. Estas son las que la oficina recomienda visitar al menos una vez.

El cuarto de los espejos amarillos. En el videoclip de «Gaslighting» hay una habitación de paredes de espejo, con humo amarillo y una bailarina que se multiplica en sus reflejos. Es el monumento a la idea de que, cuando alguien te dice que te lo imaginaste todo, un espejo puede llevarle la contraria.

El joyero de purpurina. En el vídeo de «Lai», una nana casi sin palabras, un joyero de cobre se abre solo y suelta una nube de purpurina turquesa. Es una visita breve, de pocos segundos, pero de las que se quedan.

La barandilla de la pluma. «Green Fire» empieza con maletas al atardecer y termina con una pluma sobre una barandilla de hierro. Los guías locales recomiendan llegar con tiempo para ver la puesta de sol.

El cielo con cables. En «Stars cibernéticas», el firmamento está cableado y enchufado. El diario lo catalogó objeto por objeto, como haría un astrónomo.

El punto limpio. No todo es glamur. En la portada de «En el basurero» hay una chaqueta rosa deshilachada, una tele de tubo, un coche abandonado y un hombre que no piensa moverse de allí. Es el monumento a la dignidad de lo que otros tiran.

Gastronomía

La cocina del planeta es sencilla y algo absurda. El plato estrella es probablemente el huevo: hay una canción entera titulada «Esta es la composición nutricional de un huevo», con un señor muy serio vestido de gallina rosa en la portada. El diario la leyó como la etiqueta de un envase del súper.

Le siguen de cerca las croquetas de crucero, servidas en alta mar y con capitán incluido, y la carta de chiringuito de «Drift Away», donde lo que se sirve es más promesa que comida: sal, sombra y algo frío. Para el postre, la oficina recomienda cualquier canción para llorar a gusto. Sientan muy bien después de comer.

Moneda y precios

Una de las grandes ventajas del destino: la entrada es gratis. Todas las canciones del planeta se pueden descargar gratis, y también se escuchan en las plataformas habituales. No hace falta cambiar divisa ni dejar propina, aunque a ningún artista le viene mal que compartas su música con quien creas que la va a disfrutar.

Normas de convivencia

Como en cualquier sitio con carácter, hay unas cuantas normas que conviene conocer antes de entrar.

Aquí se habla claro. Algunas letras son sexualmente explícitas y casi todas tienen pluma. Si vas a ponerlas en una comida familiar, mejor escúchalas antes tú solo.

El humor y la pena viven puerta con puerta. Puedes salir de una canción muerto de risa y entrar en la siguiente con un nudo en la garganta. No es un error del plano. Es el carácter del lugar.

Hay casas con aforo reducido. Algunas canciones hablan de la ansiedad social y de las visitas que se hacen cuesta arriba, como el diario contó en las normas de la casa de «Contact Overwhelms Me». Si alguien prefiere no recibir, se respeta.

Nadie es expulsado por su cuerpo. Es la ley fundacional, la que viene del acta. Aquí no hay categorías bloqueadas.

Zonas en obras

Todo destino honesto tiene zonas en obras, y este folleto no las esconde. En la sección de letras del planeta hay una palabra que se repite: «próximamente». Unas ochenta canciones esperan todavía su letra publicada, y el diario les dedicó una guía de la sala de espera para escucharlas mientras tanto.

La mitología lo explica a su manera, con otro de sus lemas: «La obra no se entrega cerrada». El planeta se construye por fragmentos, y cada canción añade una perspectiva. Visitarlo es aceptar que nunca lo verás terminado, y que eso forma parte del encanto.

Seguridad a bordo

Los aviones del planeta, que los hay, despegan a veces de ciudades en llamas. Para esos casos existe la tarjeta de seguridad de «Goodbye», que casi nadie lee pero que conviene tener a mano.

Y una nota que ningún folleto turístico debería olvidar. El planeta tiene canciones que hablan de relaciones que hacen daño, de ansiedad y de días muy oscuros. Si alguna te toca más de la cuenta y estás pasando un mal momento, no lo atravieses solo: en España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita y disponible a todas horas, y en caso de emergencia, al 112.

Excursiones recomendadas

Desde Planeta Gayfolk salen excursiones a otros puntos del mismo sistema. La más directa lleva al blog personal de Mike, en mikesaintlouis.com, donde el propio artista cuenta su trabajo en primera persona: el blog de Mike Sain't Louis. Es otra forma de visitar el mismo territorio, desde dentro.

Dentro del planeta, la oficina sugiere tres rutas para quien tenga tiempo: el manifiesto del universo, que explica de dónde salen las ideas; la galería, para ver el paisaje en fotos; y el diario, donde casi cada día se abre una puerta nueva.

Antes de irte

La mitología del planeta termina con un lema que sirve también como despedida: «El oyente completa la historia». Es decir, que este folleto está incompleto a propósito. Los monumentos, el clima y la gastronomía los pone el artista. Pero el recuerdo que te lleves, la canción que se te quede pegada y la región a la que quieras volver los pones tú.

Gracias por visitar Planeta Gayfolk. Vuelve cuando quieras. La puerta sigue abierta, y nadie te va a pedir que adelgaces para entrar.

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