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Redes sociales y salud mental de jóvenes LGTBI: algoritmo, comparación, madrugadas y comunidad, leído con «I Want to Be a TikTok Star» y otras letras del Planeta Gayfolk

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Portada de «I Want to Be a Tiktok Star», canción de Mike Sain't Louis

Brillar desde lejos

En «I Want to Be a TikTok Star», del tercer álbum de la trilogía GAYFOLK, «El día de la liberación», el estribillo repite un deseo que hoy comparten millones de adolescentes y no tan adolescentes:

I want to be a TikTok star, but I keep shining from afar.

Quiere ser estrella de TikTok, pero sigue brillando desde lejos. La canción, casi toda en inglés, deja colar al final unos versos en español que funcionan como dedicatoria:

Desde España Con amor bye bye dolor

No hay en la letra ninguna condena de las redes. Hay ganas, hay ternura y hay una distancia: la de quien manda su brillo desde una habitación sin saber muy bien quién lo recibe. El diario ya leyó la canción en una nota sobre brillar desde lejos, y tiene otra breve sobre redes sociales y autoestima. Este artículo va un paso más allá: qué dicen los datos sobre redes y salud mental de la gente joven, por qué esas plataformas pesan de forma especial en la vida de muchas personas LGTBI, qué protege hoy la ley en España y qué se puede hacer para usarlas sin que te usen.

No es un texto contra el móvil. Para muchos chicos y chicas que crecieron en el armario, las redes fueron el primer sitio donde no estaban solos. Pero también son el sitio donde uno se compara a las tres de la mañana. Las dos cosas son verdad a la vez.

Lo que dicen los datos en España

El estudio más grande hecho en España sobre el tema lo presentó UNICEF España el 16 de noviembre de 2021: «Impacto de la tecnología en la adolescencia. Relaciones, riesgos y oportunidades». Se basó en las respuestas de más de 50.000 estudiantes de ESO de 265 centros de las diecisiete comunidades autónomas, recogidas entre noviembre de 2020 y marzo de 2021, y lo dirigió el profesor de Psicología de la Universidad de Santiago de Compostela Antonio Rial.

Algunas cifras:

  • El 90,8 % se conectaba a internet todos o casi todos los días.
  • Uno de cada tres podría hacer un uso problemático de internet y las redes sociales, entendido como una conexión muy frecuente e intensa que interfiere en el día a día. Era más alto en chicas (36,1 %) que en chicos (29,8 %).
  • El 42 % había recibido alguna vez mensajes de contenido erótico o sexual, y uno de cada diez había recibido una proposición sexual de un adulto.
  • Uno de cada cinco podría estar sufriendo ciberacoso.
  • Solo al 29,1 % sus padres les ponían límites o normas sobre el uso de internet o las pantallas, aunque un 25 % discutía con ellos por la tecnología al menos una vez por semana.

Y un dato que se suele olvidar: los propios adolescentes decían que la red les hacía sentir alegría (96,9 %), relajación (81,6 %) o diversión (78,9 %). La conclusión del informe no era «prohibir», sino acompañar: más herramientas para las familias, más educación digital en los institutos y más responsabilidad para la industria.

Lo que se sabe y lo que se discute

En mayo de 2023 el Cirujano General de Estados Unidos (Surgeon General), la máxima autoridad de salud pública del país, publicó un aviso sobre redes sociales y salud mental de la juventud. Recogía que hasta el 95 % de los chicos de 13 a 17 años usaba alguna red y que los adolescentes que pasaban más de tres horas al día en ellas tenían el doble de riesgo de síntomas de depresión y ansiedad. Pero el mismo documento reconocía que las redes también podían apoyar la salud mental de jóvenes de colectivos marginados, citando expresamente a los jóvenes LGTBI, al permitirles conectar con iguales, construir su identidad y encontrar apoyo.

Fotogramas del videoclip oficial de «I want to be a TikTok star», de Mike Sain't Louis

Desde entonces el debate se ha encendido. Hay investigadores que sostienen que la llegada del móvil con redes a principios de la década de 2010 explica buena parte del empeoramiento de la salud mental adolescente, y otros que responden que los estudios muestran asociaciones pequeñas, que es difícil separar causa y efecto (¿las redes deprimen, o quien está mal pasa más tiempo en ellas?) y que el contexto pesa más que el número de horas: con quién hablas, qué ves, a qué hora y qué dejas de hacer.

Para una persona concreta, esa discusión importa menos que una pregunta sencilla: ¿cómo te sientes después de usar el móvil? Si sales de una hora de scroll más tranquila, conectada o reída, probablemente es un uso que te suma. Si sales más triste, más fea, más sola o más enfadada, merece la pena mirar qué está pasando.

Por qué las redes pesan tanto en la vida LGTBI

Para entender el lugar que ocupan las redes en la vida de mucha gente LGTBI hay que pensar en cómo era crecer sin ellas. Si en tu pueblo, tu familia o tu instituto nadie hablaba de chicos a los que les gustaban los chicos, de chicas trans o de personas no binarias, la única forma de saber que existían era la televisión, con suerte, o la intuición. Las redes cambiaron eso: hoy una adolescente lesbiana de un pueblo pequeño puede ver en su móvil a otras chicas como ella, encontrar cuentas que explican qué es la disforia o escuchar a alguien contar su salida del armario.

Ese valor es real y no hay que despreciarlo. Pero tiene otra cara. Las redes son también el lugar donde llegan los insultos, donde circulan los bulos sobre personas trans y donde el miedo a ser descubierto se mezcla con el deseo de ser visto. En el diario se habla de ello en la nota sobre el móvil en la mesilla, y la sección sobre delitos de odio explica cómo denunciar cuando el acoso cruza la línea.

Y hay un tercer elemento: la soledad. Quien tiene pocas personas con las que hablar en persona tiende a apoyarse más en lo digital. Eso puede ser un salvavidas o un sustituto que impide buscar otras redes de apoyo. La nota sobre soledad elegida y soledad impuesta ayuda a distinguir una de otra.

«Apareces en mi “para ti”»: el algoritmo y el deseo

En «Me mola Zeus», del tercer álbum, el narrador se enamora de alguien que no le hace caso y lo cuenta en el idioma de las plataformas:

me estás jodiendo el algoritmo. Y me mola. Apareces en mi “para ti”

La gracia del verso está en que retrata algo que pocas canciones de amor habían contado: que el flechazo ya no depende solo del azar, sino de un sistema de recomendación que aprende lo que miras y te devuelve más de lo mismo. Si te quedas tres segundos más en el vídeo de alguien, el algoritmo te lo pondrá otra vez. Y otra. El diario lo leyó como deseo con wifi y algoritmo.

Ese mecanismo funciona igual con el deseo que con el malestar. Si una noche ves vídeos sobre cuerpos perfectos, rupturas o tristeza, la plataforma no sabe si te hacen bien o mal: sabe que los miras. Por eso un mal día puede convertirse en una espiral de contenidos que lo empeoran. No es una conspiración: es un diseño pensado para que sigas mirando.

Saberlo da cierto margen. Los «no me interesa», dejar de seguir, silenciar palabras, reiniciar las recomendaciones o crear una segunda cuenta solo para lo que te hace bien son formas de enseñarle al algoritmo otra cosa.

La comparación: cuerpos, vidas y filtros

Uno de los riesgos más estudiados de las redes es la comparación social. Las personas siempre se han comparado, pero nunca con tanta gente, tan a menudo y con imágenes tan editadas. Ver cada día los mejores momentos de vidas ajenas hace que la propia parezca pequeña.

En el ambiente gay ese efecto tiene un acento particular: el culto a un tipo de cuerpo, la presión por la juventud, la exposición constante en apps de citas. Para chicas lesbianas y bisexuales y para personas trans, la comparación se cruza con otros mandatos: parecer lo bastante femenina, lo bastante masculina, lo bastante «pasable». Los filtros, que cambian la cara en tiempo real, lo complican aún más: el espejo del móvil devuelve una versión que no existe.

Hay una forma de responder a eso que aparece en otra canción del planeta. En «Marica chill», del segundo álbum, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el narrador se planta frente a la mirada ajena:

Si soy ridículo, pues mejor I’d rather that than be un señor

No es una receta, pero sí una actitud: preferir el riesgo de hacer el ridículo a la vida gris de quien vive para la aprobación ajena.

El sueño de ser influencer

«I want to be a TikTok star» es también una frase muy de época. Ser creador de contenido aparece en muchas encuestas entre las profesiones soñadas por la gente joven, y no es de extrañar: desde fuera parece un trabajo hecho de viajes, regalos y aplausos.

Mike Sain't Louis junto a una fuente que refleja un planeta magenta, con el verso «I want to be a TikTok star, but I keep shining from afar.» de «I want to be a TikTok star»

Desde dentro, quien vive de las redes cuenta otra historia: ingresos irregulares, dependencia de algoritmos que cambian sin aviso, la presión de publicar a diario, la exposición de la vida privada y los comentarios crueles. Para creadores LGTBI se suman los ataques de odio, las denuncias masivas de cuentas y, en algunos países, la censura de contenidos.

Nada de eso significa que no haya que intentarlo. Hay personas que encuentran en las redes una forma legítima de crear, de contar su historia y de ganarse la vida. Pero conviene hacerlo con los ojos abiertos: separar la cuenta del valor personal, no medir la autoestima en visualizaciones y tener una vida fuera de la pantalla que no dependa de la última publicación. La canción lo apunta con un matiz precioso: el narrador no se ha hecho famoso, pero sigue brillando. Desde lejos, pero brillando.

Las madrugadas: pantallas y sueño

La canción arranca en un sitio que mucha gente conoce bien:

Soft little beats in a midnight room, a tiny rhythm trying to bloom.

Un cuarto a medianoche, ritmos suaves y algo que intenta florecer. Es una imagen bonita, pero también describe una costumbre que preocupa a los especialistas en sueño: el móvil en la cama. La luz, la activación emocional y, sobre todo, la dificultad para dejar de mirar retrasan la hora de dormir y empeoran el descanso. Y dormir mal, a su vez, empeora el ánimo y la ansiedad al día siguiente.

En «Forocoches», del mismo disco, esa madrugada aparece en su versión más amarga:

Las dos de la mañana y aún no me he dormido

Algunas ideas sencillas: cargar el móvil fuera de la habitación, usar un despertador de los de antes, activar el modo «no molestar» a una hora fija y dejar al menos media hora sin pantalla antes de dormir. Si el insomnio se repite durante semanas, es motivo de consulta.

Acoso, odio y contactos que no has pedido

El informe de UNICEF ponía cifras a algo que muchos adolescentes LGTBI viven en primera persona: el ciberacoso, los mensajes sexuales no deseados y los adultos que contactan con menores con identidades falsas. Para un chico o una chica que aún no ha salido del armario, el miedo añade una capa: denunciar puede significar explicar en casa algo que todavía no ha contado.

Collage con un detalle de la carátula de «I want to be a TikTok star» y las carátulas de «Me mola Zeus», «Forocoches», «Marica chill»

Algunas claves útiles:

  • Guarda pruebas. Capturas con fecha, nombre de usuario y enlace antes de bloquear.
  • Usa las herramientas de la plataforma. Bloquear, denunciar el perfil y limitar quién puede escribirte o comentar.
  • No respondas al acoso. La respuesta suele alimentar la escalada.
  • Pide ayuda a un adulto de confianza, que no tiene por qué ser tu madre o tu padre: una profesora, un orientador, alguien de una asociación.
  • Si hay imágenes sexuales tuyas circulando, la Agencia Española de Protección de Datos tiene un Canal prioritario para pedir su retirada urgente, y a partir de los 14 años puedes acudir por tu cuenta.

El acoso escolar ya no termina al salir del instituto: sigue en el grupo de clase y en los comentarios. Por eso los protocolos de los centros incluyen también el ciberacoso.

Qué protege hoy la ley en España

Durante 2025 y 2026 se habló mucho de prohibir las redes a menores de 16 años. Conviene aclarar en qué punto está eso, porque ha habido bastante confusión.

  • La edad de consentimiento sigue en 14 años. La Ley Orgánica 3/2018 de protección de datos permite que un menor consienta por sí mismo el uso de sus datos desde los 14; por debajo hace falta el consentimiento de sus padres o tutores. Además, la mayoría de redes exige al menos 13 años en sus propias normas.
  • El proyecto de ley de protección de menores en entornos digitales no llegó a aprobarse. El Gobierno lo presentó en el Congreso en marzo de 2025 y su texto original proponía, entre otras cosas, subir esa edad a 16 años y obligar a que los dispositivos trajeran control parental activado de serie. Seguía en tramitación cuando el Real Decreto 806/2026, publicado en el BOE el 6 de octubre de 2026, disolvió las Cortes y convocó elecciones generales para el 29 de noviembre. Con la disolución, el proyecto caducó: si se quiere recuperar, habrá que empezar de nuevo en la próxima legislatura.
  • Europa ya obliga a algunas cosas. Desde el 17 de febrero de 2024, el Reglamento de Servicios Digitales de la Unión Europea exige a las plataformas accesibles a menores un nivel elevado de privacidad, seguridad y protección, y les prohíbe mostrarles publicidad basada en su perfil. La Comisión Europea publicó el 14 de julio de 2025 unas directrices que piden, entre otras cosas, cuentas privadas por defecto para menores.
  • El porno exige verificación de edad. La Ley 13/2022, General de Comunicación Audiovisual, obliga a las plataformas de vídeo establecidas en España a impedir que los menores accedan a contenidos pornográficos o de violencia gratuita.

Lo que la ley no puede hacer es sustituir la conversación. Ninguna norma va a decidir por ti a qué hora soltar el móvil.

Señales de que las redes te quitan más de lo que te dan

No hay un número mágico de horas. Pero algunas señales indican que conviene parar a revisar:

  • Duermes menos o peor porque te quedas mirando el móvil.
  • Te sientes peor contigo después de usar ciertas aplicaciones.
  • Comparas tu cuerpo, tu ropa o tu vida con lo que ves y sales perdiendo siempre.
  • Te pones nervioso si no puedes mirar el móvil o si una publicación no tiene la respuesta que esperabas.
  • Has dejado de hacer cosas que te gustaban fuera de la pantalla.
  • Mantienes contacto con alguien que te hace daño, aunque sea solo mirando su perfil.

Esta última es muy frecuente después de una ruptura. Los narradores del planeta lo saben: mirar fotos de lo que ya no está es una forma de no soltar.

Ideas para usarlas sin que te usen

Nada de lo que sigue es una norma; son herramientas para elegir:

Ficha de la canción «I want to be a TikTok star» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis
  • Haz limpieza. Deja de seguir o silencia cuentas que te hacen sentir mal, aunque sean de gente conocida.
  • Busca lo que te suma. Sigue a creadores LGTBI que te informan, te hacen reír o te acompañan; asociaciones; arte; música.
  • Desactiva notificaciones que no sean de personas. La mayoría de avisos están pensados para que vuelvas.
  • Pon límites de tiempo con las herramientas del propio móvil, y ponlos sobre todo por la noche.
  • Separa espacios. Una cuenta privada para tus amigos de confianza y otra pública, si quieres crear.
  • Comprueba tu privacidad. Quién ve tus publicaciones, tu ubicación, tu lista de seguidores.
  • Mueve la comunidad fuera de la pantalla cuando puedas: un grupo joven de una asociación LGTBI, un taller, una quedada.

Para familias: acompañar sin vigilar de más

Las familias de adolescentes LGTBI tienen un papel complicado: proteger sin invadir. Controlar el móvil de un hijo puede parecer una forma de cuidado, pero si ese hijo aún no ha contado que es gay, lesbiana, bisexual o trans, revisar sus mensajes puede convertirse en una salida del armario forzada, en el peor momento y de la peor manera.

UNICEF lo planteó con su campaña #SuMayorInfluencer: los padres y madres siguen siendo la principal influencia, también en lo digital. Eso pasa más por la conversación que por la vigilancia: hablar de lo que ven, preguntar sin juzgar, poner normas razonables para todos (también para los adultos) y dejar claro que, pase lo que pase en internet, pueden contarlo en casa sin miedo a un castigo.

Y si un hijo o una hija se encierra, deja de dormir o cambia de forma brusca, antes que «¿qué estás viendo?» conviene preguntar «¿cómo estás?».

«Bye bye dolor»

La canción termina con un saludo que mezcla idiomas y géneros gramaticales:

Arriba muchachas y muchachos Garotas y garotos, todas y todes

Es una dedicatoria a una comunidad que se encuentra, en buena parte, a través de las pantallas: gente de distintos países y con distintas formas de nombrarse que comparte una canción sin conocerse. Esa es la mejor cara de las redes, y merece cuidarse.

Brillar desde lejos está bien. Lo importante es que, cuando se apaga la pantalla, quede alguien cerca.

Dónde pedir ayuda

Si las redes, el acoso o lo que te pasa se han vuelto demasiado, hay gente al otro lado:

  • 024: línea del Ministerio de Sanidad para la conducta suicida, gratuita, confidencial y abierta las veinticuatro horas; también puedes llamar si te preocupa alguien.
  • 112: si hay un peligro inmediato.
  • Teléfono ANAR: 900 20 20 10, para niños, niñas y adolescentes.
  • 017 de INCIBE: ayuda con problemas en internet, de 8:00 a 23:00.
  • Teléfono de la Esperanza: 717 003 717.
  • FELGTBI+: 913 604 605, para encontrar una asociación LGTBI y grupos jóvenes cerca de ti.

Fuera de España, marca el número de emergencias del país donde estés o busca la línea de crisis local en findahelpline.com.

Ficha

«I Want to Be a TikTok Star» forma parte de «El día de la liberación», tercer álbum de la trilogía GAYFOLK, y puede escucharse en Spotify. Mike Sain't Louis firma la letra, la composición y la producción; las voces se generan con inteligencia artificial. También se citan «Me mola Zeus», «Marica chill» y «Forocoches». Los datos proceden del informe de UNICEF España «Impacto de la tecnología en la adolescencia» (noviembre de 2021), del aviso del Cirujano General de Estados Unidos sobre redes sociales y salud mental juvenil (mayo de 2023), de la Ley Orgánica 3/2018, de la Ley 13/2022, del Reglamento (UE) 2022/2065 y del Real Decreto 806/2026 (BOE de 6 de octubre de 2026). Los teléfonos se han comprobado en las webs del Ministerio de Sanidad, la Fundación ANAR, INCIBE, el Teléfono de la Esperanza y FELGTBI+. Este texto es informativo. Contacto para medios: prensa.

Preguntas frecuentes

¿Las redes sociales causan problemas de salud mental en adolescentes?

La relación existe, pero la ciencia todavía discute cuánto es causa y cuánto es asociación. El aviso del Cirujano General de Estados Unidos de 2023 señaló que más de tres horas diarias se asocian al doble de riesgo de síntomas de depresión y ansiedad, y a la vez reconoció beneficios, sobre todo para jóvenes de colectivos marginados como el LGTBI.

¿Cuántos adolescentes españoles hacen un uso problemático de internet?

Según el informe de UNICEF España «Impacto de la tecnología en la adolescencia», presentado en noviembre de 2021 con más de 50.000 estudiantes de ESO, uno de cada tres podría hacer un uso problemático de internet y las redes sociales.

¿A qué edad puede un menor abrirse una red social en España?

La Ley Orgánica 3/2018 de protección de datos permite que un menor consienta por sí mismo el tratamiento de sus datos desde los 14 años; por debajo hace falta el consentimiento de sus padres o tutores. El proyecto de ley que pretendía subir esa edad caducó con la disolución de las Cortes en octubre de 2026.

¿Por qué las redes son tan importantes para jóvenes LGTBI?

Porque a menudo son el primer lugar donde encuentran a otras personas como ellas, referentes e información, sobre todo si en su casa, su pueblo o su instituto no pueden hablar abiertamente. Ese valor convive con riesgos como el acoso o la comparación constante.

¿Dónde pueden pedir ayuda un adolescente o su familia?

El Teléfono ANAR (900 20 20 10) atiende a niños, niñas y adolescentes; el 017 de INCIBE ayuda con problemas en internet; el 024 atiende la conducta suicida las veinticuatro horas; y el 112 es para emergencias. FELGTBI+ (913 604 605) orienta hacia asociaciones LGTBI cercanas.

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